r-ANA CRUZ-ificada

Tres o cuatro semanas atrás se reavivó en Italia la eterna discusión sobre lo que es permisible y/o no en el arte. Luego de que el nuevo «Museo de Arte Moderno de Bolzano» volviera a exponer parte de la obra del alemán Martín Kippenberger se movieron las aguas. La obra que reactivó la crítica fue una rana crucificada de un metro de altura que en la mano derecha porta una un tarro de cerveza –dice la crítica europea- y en la izquierda un huevo, ambos pies clavados y un rostro de aspecto sarcástico-irónico más que funesto o tétrico.
El conflicto se dio luego de que el presidente de la Junta Provincial de Bolzano (provincia autónoma en la que se habla alemán e italiano y que forma parte de la región Trentino Alto Adige), Luis Durnwalder, exigiera que la obra fuese retirada del museo porque, evitando todo juicio artístico, la obra «puede ser considerada una provocación por parte de la población del Alto Adige (sub Tirol), en un 99 por ciento católica». Categórico, finaliza diciendo que «se trata de un acto blasfemo».
El final de la historia llegó cuando las autoridades del llamado «Museion» se negaron a retirar la obra. Basaron su argumento en un amplio material informativo sobre el significado de la escultura y la crónica del autor, que revelaba «un momento personal de profunda crisis».
Este hecho revela, en el análisis superficial, la ignorancia que hay alrededor del creador y la recaída temática.
Martin Kippenberger nació en Dortmund 1953 y murió en la Viena de 1997. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Hamburgo y tuvo de siempre compañeros y colegas importantes para la historia de las artes. Las semblanzas a sus producciones señalan que «su estrategia consiste en crear obras perturbadoras que en ocasiones se presentan como obras superficiales, pero que esconden serias preguntas acerca de la responsabilidad moral del artista con relación a los valores y creencias del mundo occidental. Se sirve para ello de montajes paródicos de objetos cotidianos».
La eterna discusión de lo permisible en el arte se reavivó en la discusión mediática. Sin embargo, la crítica de arte ha vuelto a cuestionar la validez de una obra que, en apariencia, utiliza una imagen sacra para desacralizarla. El viejo truco del éxito: trastoca lo intocable, con ello vendrán las miradas a tu obra y a ti, principalmente. Escarba, pica, coquetea, estimula; que la creación sea lúdica e impúdica. La diferencia de una obra que es intencional en su fin a otra que busca la trascendencia, parece para esta obra, es la sencillez del mensaje y la inocencia de la fabricación.
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