Prolegómeno lectural a Gabriela Suárez del Real (1de2)

[Actos de Fe en los conjuntos sensoriales]
I
Existen cosas en la vida que no pueden ser menos que actos de fe. La imposición a la pérdida o huir de lo sin nombre, el deseo indeclinable o la búsqueda en el olvido, el reflejo en la mirada ajena o la ambigüedad de todo pensamiento, por ejemplo. La experiencia se conforma, en muchas ocasiones, sólo por recuerdos; deslices fugitivos en la memoria descifrables únicamente por el sentir que se retroproyecta sinnúmero de veces sobre nuestro cuerpo: morfología tutelar de las musas. Esa lección, vuelta en pericia por el dolor y el llanto o por el placer y los orgasmos, es nuestra, a pesar de encontrarse limitada por el lenguaje que nos llama está ahí, innegable: eso es un acto de fe. GSR Los actos de fe tienen el valor de forjar aleaciones que se ligan al cuerpo. A Odiseo el anhelo de abrazar a Telémaco, su hijo, y hacerle el amor a Penélope, su esposa, lo llevaron al encuentro con reyes, dioses, seres mitológicos; a resistirse de Circe, la hechicera, o sobrevivir del viaje al mundo de Hades para consultar al ciego Tiresias. Su acto de fe no era razonable; era [es] sensible. En «Laguna de rocío» Gabriela Suárez del Real pinta al oleo una pequeña barcaza que se tambalea entre el azul profundo y el negro mar de la superficie. Barcaza roja que parece izar las velas caídas en la tormenta nocturna, anuncio del grisáceo día velado por el sol. La obra es la suma de la Odisea. En el detalle está la narración, la odiosa partida, la anhelada espera, el dolor de furtivo, la paz anhelada. En el espacio está quien la cuenta y cómo la cuenta, el verbo hablando, respirando. GSR La obra de Gabriela Suárez del Real tiene una categoría especial. Su discurso parece sintetizarse en sucinto lapso para dar tiempo al hábitat limítrofe. Su lectura parece sencilla porque, al estilo de la filosofía zen en la estética de los haikú o haikai, contiene una palabra clave que musicaliza la obra en su totalidad. Sin embargo, la complicación de su obra radica en la aceptación de su neutralidad hermética y el acometimiento provocado en sus colores centrados en su «verbo motivante», el centro impulsor de su trabajo. GSR «Pasión al alba» musicaliza el poema de Liria Miyakawa:
Líquida noche,
dulce tamborileo
sobre los sueños.
Tres elementos en cada verso que Suárez del Real traduce de la armonía para su elemento pictórico, con fijada esencia e individual finca. Es una infrecuente creación para Suárez del Real porque acumula y desprende: el centro es un epicentro, el ciclón fundador.
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