Del catálogo a la entrevista

Pintura recién cocinada y horneada en la muestra
«Una historia reciente»
  • Obra inédita del maestro Emilio Carrasco, interpretada por Edgar Adolfo García Encina
  • Soy el mismo creador, aunque invertí más años en un cuadro que en otro
  • La imaginación suelta mucho, pero me gusta más lo que transpira, señala

Bajo la idea de la mujer como concepto de fertilidad y, por ende, de vida, además de su implícito erotismo, el artista plástico Emilio Carrasco muestra en la Galería Irma Valerio de esta ciudad capital Una historia reciente, obra inédita en una de sus dos partes, en esta ocasión interpretada por el escritor Edgar Adolfo García Encina. [■] Compuesta por pintura “recién cocinada y horneada”, en palabras de Emilio, preparada exclusivamente para esta exposición, así como por piezas en grabado, esta muestra advierte, al igual que el resto de la obra de Carrasco, una semejanza a lo hecho por Adán respecto a Eva, según señaló en entrevista García Encina. [■] “Es seguir a la figura femenina. En toda su obra, Emilio persigue a su Eva o a su Lilith tratando de encontrar a la mujer perfecta, de ahí que en sus piezas plasme varios cuerpos femeninos”, consideró Edgar. [■] A eso último, este escritor lo comparó con la idea de la enseñanza del viejo maestro, pues “Carrasco no se complica y su discurso es fundamental; consiste en la figura, el amor por el cuerpo y el deseo por la mujer”. [■] Como apuntó Carrasco en la entrevista conjunta, el proceso en su trabajo sólo ha sido pintar constantemente mujeres desnudas; cuerpo-mujer: “deseo más que buscar”. [■] Dentro de ello, señaló imaginarse a la mujer real, y el resultado en la pieza de arte es una transfiguración de un objeto real, por lo que no pierde composición ni naturaleza reales o naturaleza esencia, aunque sí naturaleza visible.

Lucidez y dolor físico
Y agregó Edgar: “cuando se ve a la obra de Emilio se ve a un pintor en distintas etapas. Sigue trabajando con lucidez y muchas de sus obras reflejan el dolor físico o las preocupaciones por medio de los colores; distintos tonos revelan al espectador las circunstancias de este autor. Y sólo con la experiencia logra Emilio las curvas que pinta”. [■] Al respecto de la realidad en sus obras, opinó: “antes de ser visibles, sus obras son música y bailan, de modo que poco falta para que sus colores desprendan melodías. Los tonos hablan de lo que él cantaba cuando pintó; son cantos de noche, de día, enamorados o tristes”. [■] Añadió que al ver este tipo de trabajos no se requiere de intelectualizarlos; sólo se trata de ver cómo bailan y musicalizan. [■] En ese sentido, consideró que precisamente una de las diferencias entre esta obra reciente –de pintura- y las anteriores de Carrasco son los colores, los cuales “cantan distintas melodías”. Asimismo, en lo que respecta a sus grabados, logró en ellos perfecta nitidez, libre de errores. [■] En ese tenor, Emilio advirtió: “toda obra es hermana en un 98 por ciento de sus genes. La única diferencia son dos, que son los monos, como ocurre en el caso de los seres humanos. Sin embargo, somos personas”. En ese sentido, apuntó: “somos los mismos, soy el mismo creador, aunque invertí más años en una obra que en otra; en una fueron 32 años, los que tengo como pintor. Así, son 98 por ciento de los genes más 32 años de experiencia”. [■] Y prosiguió: “esencialmente son lo mismo; la única diferencia entre una y otra es que una se pinta con el cuero más arrugado”, y sonrió. [■] Siguiendo con esta comparación entre obra y ser humano, indicó, no obstante, que la obra no es un objeto vivo: “prefiero a la mujer de carne y hueso. La imaginación suelta mucho, pero me gusta más lo que transpira. Siempre he reconocido la diferencia entre un cuadro y algo que está vivo; jamás me jugaría la vida por el arte. Siempre he sabido diferenciar muy bien entre el arte y la vida. Nunca pondría en riesgo mis circunstancias. No soy mártir; estoy harto de Van Gogh o Frida Kahlo; los mártires son sólo un discurso”. [■] En ese contexto, planteó: “mi obra es un tributo a la vida. Son los frutos de la vida”.

Vida y muerte
Por su parte, Edgar indicó: “Francis Bacon –pintor anglo irlandés dedicado a la figuración expresionista- era un pésimo pintor, porque cuando terminaba una obra borraba todo lo que había alrededor de lo que había pintado. Su discurso está relacionado con lo que dice Emilio, acerca de que normalmente el artista expresa que el arte es la vida o que el arte es la muerte”. [■] La reflexión de Emilio es clara, es decir, el arte es algo que está entre la vida y la muerte, pero no lo es todo, sino sólo una forma de vida que le da plenitud, como sucede con una buena comida, añadió. [■] Así –dijo-, Emilio es un artista, pero no de 24 horas; es más humano. Es artista cuando se trata de su obra y en otro momento es padre de familia. Emilio es más humano que artista; es un gran hombre. [■] Al término de esa declaración, intervino Carrasco: “siempre he dicho que para ser un gran artista primero se debe de ser una gran persona. El gran sentido de la ciencia y de las humanidades se dirige al hecho de servir al ser humano”. [■] Así es como su creador y un escritor sintetizan y valoran a Una historia reciente, exposición que incluye óleos sobre tela de la serie titulada Estudios de Figura –más un número distinto en cada pieza-, así como grabados en técnica de xilografía denominados Tejedor de Recuerdos. [■] Dichas creaciones permanecerán en la galería citada hasta finales del mes en curso. [■] Cabe señalar que como parte de la exhibición, fue editado un catálogo, publicación que en este caso desnuda la historia de Carrasco y recomienda, mediante él, a sus colegas que den a conocer su obra con este tipo de impresión. [■] En este catálogo conviven dos formas de pensamiento, la de Carrasco y la de García. Se trata de un único texto y de dos creadores, de un artista plástico y un crítico; dos visiones que concilian pero, como señaló Carrasco, no son las mismas. La tercera parte está representada por la galería donde esta obra se exhibe. Así, todos tienen una responsabilidad, lo cual le complace a Emilio, quien afirmó finalmente: “no me gustan los textos anónimos porque denotan irresponsabilidad”

Fuente: http://www.lajornadazacatecas.com.mx/?_f_=getIndiv&id=22674

Texto de Araceli Rodarte.

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