Literatura y automóvil; un retrato




 Aún con la crisis que le aqueja, España, o una parte de ella, tiene el espíritu para seguir viva. Haciendo frente a  las amenazas que están a la vuelta de toda esquina; despidos, recortes, ausencias en la aplicación presupuestal, rebajas salariales, anulación de derechos, el choque de mafias, reformas, mezquindad política e infinidad de males más, algunos siguen adelante. Sin embargo, no es igual a años atrás. Ahora, deben reunir fuerzas para proponer un armado u organizar algún evento relevante. Es el caso de la VII Conferencia Internacional «Literatura y Automóvil» al que invitaron las Fundaciones MAPFRE y Eduardo Barreiros, la semana que corrió del 5 al 8 de noviembre.
En el mismo lugar donde un par de días antes Alfredo Bryce Echenique [Lima, 1939] les pronunció a sus detractores del Premio  FIL «¡que se jodan!» y «son unos frustrados», además de acusar a su críticos de envidiosos y pertenecer a la extrema derecha mexicana, el miércoles 7 de noviembre se presentaron a charlar, con Manuel Rodríguez Rivero [Madrid], Eduardo Mendoza [Barcelona, 1943] y Enrique Vila-Matas [Barcelona, 1948]. La tercia, enfundados en gruesas gabardinas, llegaron frotándose las manos a causa de la fría y lluviosa Madrid.
Mendoza inició su plática profesando un gran amor por los coches, siempre con un toque de humor. El primero de ellos terminó hundido en una fosa africana y después vendido a un inocente comprador. El último es un descapotable que cuando se abre «parece el teatro de Sídney», que ya está lleno de abolladuras «todas hechas por mí, porque mi mujer suele ser más cuidadosa». A su vez, recordó, una narración de Joyce donde un personaje de principios de siglo XX sentía repulsión por el coche, «pues no sabría que ponerme. Aún no han diseñado la vestimenta para tal invento».
Vila-Matas, por su lado, confesó un cambio; antes manejaba, ahora se ve como un casi amaxofófico. Se dijo extrañado de que el auto, como personaje, tuviera tan poca presciencia en la literatura porque «claro que existen carros, pero no recuerdo una novela realmente importante donde éste sea fundamental. Claro que aparece, pero carece de peso. No es como el cine, su hermano casi gemelo, con el que ha crecido y suelen aparecer juntos. Por ejemplo, Cristine antes que novela es recordada como un filme de los 80's ». También, recordó que uno de los motivos de su fobia a los autos se lo debe a un enemigo de Alfredo Hitchcock que gozaba verlo salir, sufriendo, maltratado, con pesadez. Así se ve él, cada vez que alguien lo mira salir de uno.
La charla ente la tercia duró apenas cuarenta o cincuenta minutos. Al final del evento se dieron un breve tiempo para saludar y dar autógrafos. De ahí, Vila-Matas y Mendoza, rodeados por un séquito de ocho personas entre las cuales me conté, caminaron a un bar cercano al estadio «Santiago Bernabeu». Ahí, las manecillas del reloj corrieron distinto, pausándose y acalorándose según la charla, las tapas, los tintos y algunas noticias. Nos dieron las tres de la mañana cuando todos se despidieron. ¿De los detalles de la plática?, me/se pregunta. Esos, respondo, irán saliendo, como anécdotas, con el tiempo en mis lecturas y charlas. Por ahora son parte de mis joyas vividas en Madrid.


Madrid, 7 de noviembre.


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