viernes, 1 de mayo de 2026

Dos acercamientos a Una voz para el cenzontle impávido de Magdalena López Espinosa


confesión melódica

dos acercamientos a una voz para el cenzontle impávido de Magdalena López Espinosa

 

Edgar A. G. Encina

 

 

primero

En el número de marzo de Letras Libres, Gabriel Zaid recuerda que los humanos hemos construido, a lo largo de los siglos, múltiples tipologías que ayuden a comprender las distintas personalidades. Para ello, elabora un veloz recorrido a través de Hipócrates, Galeano, Avicena, Aquino, Versalio; Sócrates, Aristóteles, Teofrasto, Plutarco, Molière, Cesare Lombroso, Freud, Jung y media decena más de autores que pensaron en «La descripción del carácter» como modelo, espejo y raíz de la sociedad. Es una vuelta circunferenciada a una pregunta sin respuesta puntual que cierra el broche en «la tipología astrológica» que, concluye Zaid, «No fue una moda campesina sino urbana. Curiosamente, ahora que hay más escolaridad que nunca, la astrología está más vigente que nunca. Quizá porque la forma de ser no es fácilmente definible y las supuestas descripciones filosóficas o científicas del carácter no son mejores que las astrológicas».

Esto lleva a preguntarme si, entre las respuestas descocadas, López Velarde fue lo que es porque su signo zodiacal es Géminis, regido por Mercurio, caracterizado por ser «comunicativo, versátil y con una mente aguda», con «gran talento para la expresión, creatividad y una personalidad dual, pero encantadora». O, en el caso de Cabral del Hoyo que nacido en el fuego de Leo, este lo moldeó «innovador, con energía física y un ritmo de vida activo». Todo esto es plano. Las descripciones astrológicas los pintan a ellos, y a todo aquel que se tire el clavado en ella, como seres unipolares de rostro sin espalda, una cara de cartón, forma de pez aguja, que al voltear se convierte en línea y silencio.

Andando por este pasillo de pocas luces, prefiero a Teofrastro que en Caracteres elabora la tipología de treinta formas «criaturescas» en las que podemos cuestionarnos en cuántas habrían caído los señores que nos convocan esta tarde. Teofrastro propone las casillas del adulador, «fingidor, charlatán, rústico, oficioso, desvergonzado, locuaz, novelero, gorrón, sórdido, gamberro, inoportuno, entrometido, torpe, grosero, supersticioso, insatisfecho, desconfiado, desaseado, impertinente, vanidoso, tacaño, megalómano, altanero, cobarde, oligarca, extemporáneo, maledicente, malévolo, [y] codicioso». A la que, debemos añadir las contribuciones de Molière de «El misántropo, El avaro, Tartufo, [o] El enfermo imaginario».

Mejor aún, en vista de las fotografías que tenemos del López y Cabral, apliquemos la teoría de Herber Scheldon que relacionaba las formas de ser con la «estructura corporal. [En la que primero están] Los ectomorfos [que] son delgados y cerebrales, introvertidos, tímidos, sensibles a la crítica, nerviosos. [Le siguen] Los mesomorfos [que] son musculosos, extrovertidos, dominantes, activos. [Y cierra con] Los endomorfos [que] son gordos, sociables, relajados, tranquilos». Podemos seguir toda la tarde anudando lo que sabemos, creemos conocer y el deseable perfecto de seres admirables, «valiente[s], generoso[s], [y] tenaz[es]», sumando atributos a personajes de papel que, no está de más decirlo, se les observa más con romanticismo que con crítica. Para estar seguros convendrá decir, y cierro está sección, que lo más probable es que los poetas Ramón y Roberto hayan sido bien sabe cómo.

Sabrá Dios.

 

segundo

María Magdalena López Espinosa ha visto publicado su primer libro de ensayos: Una voz para el cenzontle impávido… La relación poética entre [Ramón] López Velarde y [Roberto] Cabral del Hoyo por la Editorial Antonio Paredes y la Universidad Autónoma de Zacatecas en 2025, según da cuenta la hoja legal, pero presentado en sociedad hasta este 2026. Se trata de un libro de transición que se verá atrapado entre la Canción de cuna para un suicida editado en Antequera por ExLibric en 2024, novela que se interna en la pisque de un joven determinado a morir, y la tesis doctoral, donde la autora elabora un mapa antropológico-sensualista de la ciudad de Zacatecas a través, ¿o es mejor decir de la mano?, de la literatura de Salvador Vidal.

Una voz para el cenzontle impávido… tiene una organización pensada desde la academia en seis capítulos, en el que el primero hace de introducción y nombra el impreso, sumando la presentación de Claudia Liliana González Núñez y la conclusión, en singular. La investigación, como dije perfilada a los intereses universitarios, encuentra libertades creativas y expositivas en las que calza, a veces de manera natural y otras rebuscadamente, las relaciones poéticas y espaciales, de la ciudad, lo tangible y lo imaginado, entre la literatura de López Velarde y Cabral del Hoyo. Vale confesar que la propuesta arriesga porque, aunque estos señores compartieron vida en el mundo de 1913 a 1921, era imposible que, siquiera, tuvieran noción de la existencia del otro en su momento. Con ese gancho temporal juega de inicio: las comparecencias que no unieron los cuerpos las reúne la literatura y la fijación de la pertenencia a los lugares atemporales.

Con este libro, López Espinosa se da de alta oficialmente en la lista de Lópezvelardeanos que no es corta, pero sí exclusiva. Bienvenida. La edición es en media carta, entintada la portada en azul celeste con las fotografías de, al frente, un joven López Velarde y, en cuarta de forros, un anciano Cabral del Hoyo. Son bustos donde vemos escribir al primero y leer al segundo. En estas plaquetas está la tesis y el enfoque de la tesis, porque la autora se ha quedado con las representaciones públicas de los autores y las diferentes construcciones imaginarias que la Republica de las Letras trazó de ambos. Morir joven tiene sus ventajas. Miremos que nadie replica las fotografías de Cabral del Hoyo joven porque, creo intuir, se le prefiere como «viejo sabio», además de que López Velarde llegó antes al nombramiento del «padre joven de la patria». Un fino detalle, que me parece encantador, es el ave posada sobre la segunda «e» mayúscula del «músico célibe», «el solista dócil y experto» que es el cenzontle, merecedor de «los cansancios seniles y la incauta ilusión con que sueñan las damitas». Allí se aloja el tercer y creo último remate: libre de temores, sin amilanarse «en el caos de las lóbregas vigilias», sereno ante el peligro, sin temor de «los monstruos de la noche», fuerte el cenzontle, Magdalena le da voz para que su pico continúe «recorriendo el cuerpo de la noche: las cejas, y la nuca, y el bozo» prolongue su «confesión melódica».

Es todo
Documento escrito para leerse en la presentación del 08 de mayo de 2026 en Godiva/Café.




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Dos acercamientos a Una voz para el cenzontle impávido de Magdalena López Espinosa

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