martes, 28 de septiembre de 2010

Re-Neo-Costumbrismos

Max Hartshorne photo

Amargedeces del celular

Es de pésimo gusto el sonar del timbre del celular. Aún cuando, puedo entender, las personas utilicen el tono porque se encuentran lejos de su móvil, sigue pareciéndome exótico. Aún cuando, trato de ponerme en el lugar, las mueres que lo llevan dentro de su bolso y sea la única forma de atenderlo, continúa dándome la impresión de estar frente a personas desconsideradas. Quizá deba utilizarse el motivo auditivo por [in]cultura, costumbre o ignorancia de cómo deshabilitarle, quizá, y este es el motivo que «más mejor» alcanzo a percibir, sea por una necesidad, imperiosa y descontrolada, de llamar la atención o hacerse presente a costa de los oídos, la tolerancia, de los presentes. Peor los que, además, lo portan en la cintura, para ellos ni siquiera tengo palabras…

sábado, 7 de agosto de 2010

Animal de papel [2]

∙ Los sin club ∙
[Ho, stop]
Para el año de 1999 se estrenó la cinta «Fight Club» y casi al instante sus ocho reglas se universalizaron; podían encontrarse pintas en barrios peligrosos, alguna de ellas era pronunciada en el café o en la cantina, fueron emuladas en reuniones, múltiples asociaciones las hicieron propias e incontables citas fueron leídas en baños, parques o respaldos de autobuses. Aún más, el soundtrack fue uno de los más vistos en su tiempo; junto con la selección de contundentes imágenes la banda sonora de Pixies con «Where is my mind?», se volvió leyenda. Al tiempo, Google da referencias aproximadas a 1,830,000 sitios que aluden, en lo menos, el título del filme –va en aumento-; Wikipedia semi-detalla la película proporcionando citas de estudio y recomienda links con regular atino; en la página oficial de la Fox 20 Century está a la venta el Dvd, con sinopsis, la tarjeta de equipo, características, trailer, descargas, promociones, newsletter, aunado al punch que otorga Tyler Durden acusando al lector: «¿Qué tanto conoces de tí [sic]mismo si nunca has estado en una pelea?»; todo ello es mínimo al lado de direcciones que emulan, citan y/o estimulan clanes prototipo.
. El principio de identidad y diferencia: el eje simplista de la otredad se hacía/es tan evidente. Sólo un miembro conoce otro cofrade; con la mirada, por las señas, quizá con alguna secretísima cortesía desconocida, porque «nadie», «NADIE» debe hablar del Club… Ergo el que no es o desea-ser o ignora lo que no es. Sin embargo, si desea-ser o lo hace público o lo niega, pero en lo privado no lo hace. Si ignora es peor, aunque no doloroso; sin sufrimiento desconoce esa vida «esotérica». El que es posee-discierne un color más en/a diferencia del que no: la identidad frente a la otredad. Ser del Club entinta, coloreando, a su vez, el entorno: un juego de adjetivos. El concepto masificado devino en un principio de identidad –me atrevo a afirmar, casi tan profundo como el que Steiner da al café para entender Europa-. En esa idea, Clément Rosset en su en su ensayo «Identidad social e identidad personal» cita las líneas de Michel Tournier:
Había una vez un hombre que había tenido una escaramuza con la policía. Una vez acabado el asunto, queda una carpeta que corre el riesgo de resurgir a la primera ocasión. Entonces, nuestro hombre decide destruirla y se introduce con este fin en los locales del Quai des Orfèvres. Naturalmente, no tiene ni el tiempo ni el medio de encontrar su carpeta. Entonces debe suprimir todo el «sumario», lo que hace en efecto incendiando los locales con la ayuda de un bidón de gasolina.
Esta primera aventura coronada por el éxito y su convicción de que los papeles son un mal absoluto del que conviene liberar a la humanidad lo animan a perseverar en esta vía. Habiendo convertido su fortuna metódica de las prefecturas, los ayuntamientos, las comisarías, etc., incendiando todas las carpetas, todos los registros, todos los archivos, y, como trabajaba solo, era inatrapable.
Ahora bien, he aquí que constata un fenómeno extraordinario: en los barrios en los que había llevado a cabo su obra, la gente caminaba curvada hacia el suelo, de su boca escapaban sonidos inarticulados, en resumen, estaban en vía de convertirse en animal.
Terminó por comprender que queriendo liberar a la humanidad, la rebajaba a un nivel bestial, porque el alma humana está hecha de papel.

http://www.youtube.com/watch?v=RCD14IrOcIs

lunes, 2 de agosto de 2010

animal.de.papel...

Remise
Luego del armagedón la última generación de seres humanos vivos luchó por preservar-perseverar lo que les era. Todo había sido destruido por las explosiones nucleares, además que se encontraban rodeados por abundantes mares venidos del descongelamiento de los polos. Con pocas herramientas y sin mucha imaginación para «hacércela», pensaron en volver a la tradición primigenia: re-hacer el fuego, anecdotar sobre las paredes de las cavernas, cobijar los sueños de los niños con cuentos, alegrar la existencia en cánticos. Nada más sólido –recrearon- que fundar la nueva civilización con los pretéritos instrumentos y reglas. Sin embargo, sucedió lo no contemplado; los niños que nacían ya no poseían las cualidades físicas e inteligibles necesarias: töricht. Calvos por entero, con la espalda curva, los brazos alargados, las piernas encogidas; prácticamente cuadrúpedos, deambulaban torpes entre pastizales olfateándose los rincones del cuerpo. Sin retener aprendizaje alguno, emitiendo sonidos chillantes desarticulados, se recostaban temerosos de la oscuridad nocturna igual que cualquier otra criatura; estultos hasta la ofensa, habían perdido toda cualidad pensante.
. Julio Verne, con el toque profético que caracterizó su prosa, recreo en una singular historia la idea del fin de la humanidad en un juego de/con el tiempo: el futuro vuelto al pasado. Un sarcasmo literario donde el último hombre era hermano siamés del primer hombre; donde el proceso evolutivo del lenguaje, del conocimiento, de las artes, de la cultura, de las sociedades, quedaba en el olvido y ese primer-último encarna la repulsa del homo omnimödus. En esencia, es el trazo que dejan las huellas al caminar sobre la arena del mar que terminan por encontrarse, al final del día, en el mismo punto donde esa caminata debió iniciar, al amanecer. Predispuesto en la ficción, el être humain deberá errar sobre el eterno círculo de sus propios trancos, la infancia recurrente sin tiempo por recordad, sin memoria que vigilar.
. Es imposible recordar quién declaró la guerra a quién, quién oprimió primero el botón rojo, quién olvidó el poder autodestructivo y, sucumbiendo a su ambición de/por el dominio, parió la destrucción total. Los pocos seres humanos que sobrevivieron a la masiva catástrofe optaron por reunirse formando pequeñas comunas, sociedades sin contacto ni comunicación de ningún tipo con otras por ahí regadas. El mundo se transformó en una estela de campos grisáceos, cielos negruzcos, aíres difíciles de respirar; con breves comunas de hombres y mujeres decrépitos dañados en lo físico y mental a causa de lo vivido, de lo visto. En su sano juicio optaron concisar los asuntos en no más de tres: tener un techo, llevar alimento a la boca, cubrirse del frío. Trataron la tierra con respeto asignándole propiedades mágicas; se vieron a sí mismos como reflejos en espejos hallando en los cielos pocas respuestas, muchas preguntas; concibieron en los cantos, en las breves historias, la más elemental de las formas de sentirse humanos, formas exotéricas, especiales, míticas.
. Y, a pesar de esa lucha, cada uno de los recién nacidos no contaba con herramienta inteligible alguna. La nueva raza había sido de-generada; la negación de su antecesora. Todo lo pasado no era lo mejor; una venganza sutil e irónica de la naturaleza. Fue la vuelta al inicio, el cierre del círculo trazado por la humanidad que llegaba a su final-principio. En ese lugar dieron cuenta de la fatalidad. Nada pasado fue posible. Sin papel no subsistía ni existiría manera de permanecer. Sin escritura no hubo forma de perpetuarse para los pasos evolutivos… El tiempo se reinicia, entonces.

domingo, 11 de julio de 2010

Del aneC[áncer]dotari[Le]o (2de3)

[par]anéC[áncer]dota

En una charla entre Octavio Paz (México, 1914-1998) y Joaquín Soler Serrano (Murcia, 1919) se sostenía la idea de que una de las grandes necesidades para los países hispanohablantes ha sido la ausencia de un siglo XVIII a la europea. El primero afirmaba que, seguramente pensando en México, existe un enorme vacío en el empleo y la práctica del pensamiento, la vida y la política, porque al existir ese vacío todo era consistente en formar una tradición del fracaso al tiempo de ingresar al mundo moderno. Así, el primero sostuvo que:
«La cultura hispánica […] es una civilización a la cual le falta –es la gran carencia nuestra- la dimensión crítica. Nosotros, tuvimos un siglo XVII espléndido y hemos tenido un siglo XX no tan malo; hemos tenido grandes novelistas y grandes poetas. Lo que no hemos tenido es un buen siglo XVIII, es decir no tuvimos una buena edad crítica. Ahora bien es muy importante, porque la crítica le enseñó a los europeos en el siglo XVIII la tolerancia. En la tradición española tenemos un Calderón, tenemos un Cervantes; pero nos falta un Hume, un Lock, un Kant, un Diderot, un Voltaire: es lo que no tenemos. Y, esto es la herencia que tenemos que recobrar y reinventar[…]»
Reinventar la tradición de la doxa y la paradoxa; recobrar el poder de la palabra arbitrando nuestro –propio- lenguaje. Sembrar en el campo de la crítica, del pluralismo, de la tolerancia. Encontrarnos en los caminos del escepticismo, de la confianza. Ser artistas en el acto de convivir sin querer cambiar al otro. Hallar un sitio para dialogar, crear, concebir; para sabernos, para conocernos, para intrigar, para -en un afán dieciochesco- leernos los pensamientos, los actuares, los placeres, para –íntimamente- ligarnos, ser afines al mundo moderno, pisar la luna…

Entrevista de Soler Serrano con Octavio Paz: http://www.youtube.com/watch?v=3eW6Xl4a_EE&feature=related

miércoles, 7 de julio de 2010

Del AneC[áncer]dorario (1de3)

Los autómatas republicanosm de George Grozz
anéC[áncer]dota
El martes 6 de julio apareció en el diario El Universal una de las colaboraciones editoriales que sigo religiosamente. Guillermo Sheridan escribió esa ocasión «Los académicos al poder» e, igual que hago en este momento, usaba de pretexto el diálogo entre algunos individuos sobre la postura que debía tener la academia frente a la coyuntura política vivida en ese momento, luego de vivir elecciones para gobernador en 11 estados mexicanos. Al final, aseveró los riesgos de «oficializar» el pensamiento en esa seducción de Siracusa. Las líneas me retrajeron a De los libros al poder de Gabriel Zaid. En más de trescientas páginas expone la historia, las necesidades; varios riesgos que se tienen cuando el universitario o académico se hacen del poder, lo acatan y lo justifican desde el deleitoso mundo del conocimiento. Doy cuenta que en México pocas son las reflexiones que se dan/ han dado sobre el tema. ¿Será que la mala lectura de la ideología cultural, que no es la misma que la política, trae falsas connotaciones o enjuiciamientos hipócritas? ¿Será que es preferido presenciar la lucha de los titanes desde la barra, con un trago en la mano, que entrenar, dirigir, arriesgarse? ¿Qué será?

sábado, 12 de junio de 2010

NacionesFundamentales (2de2)

MiMonstruoFaborito
Donde viven los idealistas
No creo en las naciones impuestas en la superficie. Dudo de las fronteras impuestas por marcos geográficos. Aborrezco las delimitaciones religiosas. Discrepo que existan confines entintados por los colores de la piel. Condeno los cotos incompatibles de las ideologías. Combato las líneas dispares de la sociedad y celebro cualquier inexistencia de todo lo anterior entre culturas. Acepto los contrastes. Iré más allá: las personas que amo son tan distintas a mí que es la misma incompatibilidad lo que fuerza los lazos. Veo en ello, como los Privilegios de la vista, la única forma de solventar lo que humanamente es posible; como un lugar Donde viven los idealistas.
. Prefiero creer en las naciones que el arte impone para revitalizarse a sí mismo; en las naciones creadas en los sueños de San que se brinda con esos enormes ojos pávidos y entusiastas. Prefiero creer en las risas brindadas y los abrazos sinceros; en los tiempos de lluvia, el sol de la tarde y la sal en la piel de toda mujer; en la música, la pintura, la poesía y todo lo que estremezca verdaderamente. Prefiero creer en el olor del sexo de las amantes, los sonidos del amor, los ojos cerrados que alivian el esfuerzo y los olores que se guardan en las manos; en la esperanza, el rojo, las lágrimas que serán y en Fenix




http://www.youtube.com/watch?v=rAfcBwYuNDU&playnext_from=TL&videos=slUqXvdzyTY

viernes, 11 de junio de 2010

Nacionesfundamentales (1de2)

Donde vienen los idealistas
Grow some big feet, holes in history
Is where youll find me, is where youll find
All is love, is love, is love, si love
Karen O & The Kids en «Where the wild things are»

En 1963 apareció por vez primera Donde viven los monstruos (Where the Wild Things Are). La novela, escrita por Maurice Sendak (NY, 1928) e ilustrada por Harper & Row, fue al instante un ícono para la literatura infantil. La recepción que hizo la sociedad euro apabulló todo texto anterior; ahora es un libro fundamental para la educación. Según las encuestas del 2009, el 75% de los niños alemanes no sólo lo conocían y lo habían escuchado por la lectura de sus padres, sino, además, tenían el ejemplar en su recámara. El porcentaje de los niños ingleses, holandeses, franceses y norteamericanos va por rangos del 60 al 40%. Fascinante. Tomando como base esta obra, el año pasado Spike Jonze (Maryland, 1969) dirigió un filme (http://wherethewildthingsare.warnerbros.com) con la hipnótica banda sonora de Carter Burwell, Karen O., and The Kids reunida en el disco Las Horas perdidas. . La historia se desarrolla en un universo imaginado, habitado por seres completamente extraños a nuestra percepción física. Dice la contraportada, impresa en español por Alfaguara, que «Las travesuras llevan a Max a su habitación castigado y sin cenar. Encerrado entre esas cuatro paredes, imagina un viaje fantástico al país de los monstruos, donde se convertirá en el rey. [es] Un libro para aprender a domar monstruos…». Su lectura es el retorno al mundo travieso que nos ataca en los recuerdos. Seguir a Max es acompañarnos a nosotros mismos a/por hermosos viajes simbólicos que nunca nos sacaron de la habitación para llevarnos a tiempos pasados, a tiempos futuros a tiempos míticos; a revolvernos con los dolores que aprendemos de las leyes gravitacionales; a enfrentar miedos para volver a despegar infinitamente… Es el lugar del eterno ciclo imaginativo de nuestra infancia que, como la de Max, podía esperar a cenar con la familia. ¿Recuerdan?

http://www.youtube.com/watch?v=rAfcBwYuNDU&playnext_from=TL&videos=SHo3NpAA3SM

martes, 18 de mayo de 2010

Del anécdotari[es]o [3de3]

Le gran amour, movie
Anécdot[res]a
Fue hasta el mes de abril que pude hacerme de La idea de Europa. Y, ese mes, se torna simbólico: San cumple años, está el día del niño, hay dos quincenas, hay un par de semanas de vacaciones, se abren algunas convocatorias, una amiga que quiero mucho ajusta sus más de 23, fue el tiempo que conocía a mi mujer, el clima es agradable, se estrenó en México «De donde vienen los monstruos», los nacidos en esos días llevan los signos zodiacales de Picis y de Aries, e infinidad de cosas más que no seguiré enumerando por flojera, privacidad y ya!

Apunte: dejé por más de 10 días el texto. Le perdí la huella porque se dieron los «proceso» de Christian, padawan de Chava, y Edgar Ochoa [sin acotación, por aquello de que el primo sea diputable]. En mayo lo retomo, no quiero quedarme en hojas por llevar como Agustin Yen [acotación, tampoco haré referencias, porque no tiene más su apellido y es chef] y todos los demás que han prometido y luego no los deja la gripe de los tiempos malos o la cuerda rota de la guitarra del ropavejero o el face-in-the-ofice o el Consejo sin acuerdo.

Volviendo a la idea de los cafés, Steiner asevera:
El café es un lugar para la cita y la conspiración, para el debate intelectual y para el cotilleo, para el fláneur y para el poeta o el metafísico con su cuaderno. Está abierto a todos; sin embargo, es también un club, una masonería de reconocimiento político o artístico-literario y de presencia programática. Una taza de café, una copa de vino, un té con ron proporcionan un local en el que trabajar, soñar, jugar ajedrez o simplemente mantenerse caliente todo el día. Es un club del espíritu y la poste-restante [apartado de correos] de los homeless.
Quizá, el café, sea alguno de los últimos reductos de libertad que quedan para el freelance. El espacio donde las discusiones llevan a grandes teorías, enormes textos, significativas ideas, que transforman la ciudad y el mundo o sólo hacen que el par de horas lleve un ritmo y luego, como por arte de magia, pagar la cuenta, hacer planes «para luego» e irse cada quien por su camino. Es, tal vez junto con la cantina, el bar con buena música o el taller, dónde los individuos son su nombre, no el apellido académico ni el título burocrático; arriesgados, en los sorbos de la bebida atreven algunas oraciones declaratorias ya de su ánimo político, ya de su enfoque personal ante el evento dado, ya de su desasosiego económico, vanal o cultural de lo que es o no acontece… Apuesto fuerte. Entiendo al café legado tangible de lo que Gabriel Zaid habla en «La institución invisible». Porque:
La cultura libre no tiene campus o edificios que manifiesten visiblemente su importancia, como la Iglesia o el Estado, la universidad o las trasnacionales. No puede ofrecer altos empleos, ni emprender por su cuenta proyectos que requieran grandes presupuestos. No tiene representantes autorizados, ni los avala con envestiduras oficiales. Opera […] en el espacio dialogante de la sociedad civil.
Iguales: pensador-artista; político-burócrata; comerciante-vagabundo, el que ahí va es un individuo, cobijado por su hermandad de mesa; respaldado sólo por el tono. No es que el café sea, ergo, el Olimpo; se le asemeja por la última oportunidad que ofrece a la paradoxa a los «post-post».

sábado, 15 de mayo de 2010

Del anécdotari[es]o [2de3]

Mark Rothko: blue&pink
Anécdo[s]ta
Para el mismo tiempo, tengo la confusión, vi que Salvador, «Chava» o «el güero», Lira le acercó un breve montón de libros a Carlos Ochoa. Digo breve montón porque no eran más de tres y podía aprisionarlos con una sola mano. El intercambio fue rápido, como en doble sentido: uno, para que todos vieran que ellos son lectores de temas afines, y dos, resguardando el temor de una transacción no del todo legal allá sus negocios-. De ese cuerpo bibliográfico el que iba al último o de primero fue-es del que traigo a la memoria: La idea de Europa de George Steiner. [Acotación: Confieso que hice una mueca de no sorpresa. Confieso, además, que entonces no le había leído, que lo conocía porque apenas dos semanas atrás lo encontré en alguna ola de ciber-navegación y en la librería «Andre-a»] Luego, el primero le dijo al segundo una de esas frases domingueras que alegran el lenguaje y/o provocan abstracciones de-en el pensamiento; no retuve el diálogo.
Apunte: esto lo podría sostener Alejandro, «the Mix», Saucedo y Alfonso me-Vale/nzuela o el «sr. Gato» y Samuel Rodríguez [Acotación: no subrayo nada con este por aquello de los sensible de su carácter; todo se lo toma personal], pero no Nico/lás, «Cabezota», González aunque crea que tenga poderes omnipresentes. Sin embargo, tengo la impresión que no del todo, pues cuando se dio «el acto», los señores estaban preocupadísimos por no sé qué de ignoro quién por tal o cuál; que, además, la memoria traiciona la imagen o viceversa.

jueves, 6 de mayo de 2010

Del anécdotari[es]o [1-3]

Sergio Garval, Tiempo de compras III, óleo/tela, 80x60cms, 2005

a[u]n[o]écdota

Recuerdo que en alguna ocasión, IvánDTC argüía un cambio de rumbo; dijo que la «comunidad del Fénix» debía transformarse del formato cuadrado en que vivía por uno que fuere más libre palabras más, palabras menos-. Afirmó, con ese tono que le caracteriza señalando sin señalar y con la mirada baja-, que había que pensar más en las libertades que se da en las charlas de café que por la «académica» que se tenía. Continúo insistiendo, por lo menos un par de veces más. Sin detallar los pormenores de esa transición, su intención o energía aminoró hasta que luego se transformó en otra más de sus frases célebres, «ideas geniales» en palabras de Miguel, «el gato», Muñoz.

Apunte: estoy seguro que varios individuos pueden sostener estas palabras como verídicas pero, también, traicioneras, pues es de todos sabidos que Iván no usa ese lenguaje y las dobles o terceras intenciones de sus palabras no están retratadas en estas líneas, además que su fraseología es más como la de «el filósofo de Guëmes».

lunes, 12 de abril de 2010

Los «sin libro»

Mi esposa y yo tuvimos el gran privilegio de ser invitados a cenar por Nadine Gordimer en su hermosa casa de Ciudad del Cabo durante los malos momentos, los momentos anteriores a la liberación. Invitó a cenar a los dirigentes del ANC (Congreso Nacional Africano), el Movimiento Nacional de Resistencia, incluyendo a los jefes militares. Los coches de la policía estaban aparcados afuera y tomaron nota de todos los invitados, pero no tocaron a Nadine. Estábamos totalmente seguros. Se limitaron a tomar nota de quién iba a cenar. A lo largo de toda mi vida, mi don principal ha sido una cómica falta de tacto: me declaro culpable. De manera que al final pregunté a aquellos tres grandes líderes: «Miren, la ocupación por las waffen-SS fue muy mala; se les daba muy bien aquello de ocupar. Pero de vez en cuando matábamos a uno de aquellos bastardos. Ustedes no han tocado a un hombre blanco. Ni a uno solo. En Johannesburgo, la proporción es de 13 a uno. En la calle, lo único que tiene ustedes que hacer es cerrar los brazos y ahogarán el blanco. Ni siquiera necesitan ustedes armas. Trece a uno. ¿Qué demonios es lo que pasa?» Uno de los dirigentes de la ANC dijo: «Yo puedo contestar. Los cristianos tiene los Evangelios; ustedes, los judíos, tiene el Talmud, el Antiguo Testamento, la Mishná; mis camaradas comunistas tiene en su mesa Des Kapital. Nosotros, los negros, no tenemos ningún libro».
Para mi fue un momento tremendo. La herencia que dejó Atenas a Jerusalén: que tenemos un libro, tenemos varios libros. Aquella fue una respuesta apabullantemente triste y convincente: «Nosotros no tenemos ningún libro».

Fuente: George Steiner, La idea de europa, México, F.C.E., Centzontle, Siruela, 2007, Pp. Nota a pie de página de 52 a 53.

Seminario de Literatura Mexicana