martes, 6 de marzo de 2012

Crónica revelada en la revista digital


l mes de octubre de 2009 subí a este blog el artículo «Crónica de una revelación. Lo revelado-iluminado: dos novelas anotadas», dividido en tres partes: «[∙R∙∙I∙]», «[∙R∙∙2∙]» y «[∙R∙∙3∙]». Ahora, luego de más de 24 meses, ha sido publicado en la Revista Digital «Investigación científica» de la Universidad Autónoma de Zacatecas, que pertenece al volumen 6, número 2, enero-junio de 2012, ISSN 1870-8196. Estas son las dos ligas que llevan al texto: http://proyectoeditorial.uaz.edu.mx/humanidades y http://issuu.com/pina23/docs/cronica/1

jueves, 16 de febrero de 2012

Tres imágenes decimonónicas de Zacatecas

Del plano de la ciudad de Zacatecas existen, por lo menos, una triada de imágenes: «Vista general de las ruinas de La Quemada», «Vista de la mina de Veta Grande» e «Interior de Zacatecas» de Carl Nebel [Alemania; 1805-1845], autor –a su vez- de las «perturbadoras imágenes de la invasión estadounidense de 1847» -según acota Florescano-. Los cuadros, fluctuantes entre los 23,1x35,7cms., pertenecen a las 50 planchas litográficas del Voyage pittoresque et dans la partie archéologique la plus interessante du Mexique…, que, a su vez, comprenden perfiles de tipos, actividades y trajes mexicanos; vistas de ciudades, paisajes rurales, monumentos arqueológicos y detalles botánicos, junto a breves textos explicativos. Los originales proceden del París de 1836; trabajados en colaboración con los mejores talleres e impresores del tiempo como Lemercier, Cuvillier, Bernard, Dandiran, Miehle, Courtin, Lasalle, Villanueve, Lehenert [et al] y, en muchos casos, coloreados a mano.
Las litografías, que datan de la primera mitad del siglo XIX, se encuentran en un plano discursivo de desenlaces artísticos; su realización fue tomando de base una serie de dibujos, planos y notas que el autor efectuara en su paso viajero por el país para luego, en París o Bruselas o New York, trabajarlas, dándole el fin que ahora notamos. La idea práctica con que germinaron las imágenes fue la de mostrar un México atrayente para los forasteros; una tierra «exótica», pacífica, mágica, ligera, mítica. Y, sin embargo, idéntico a las descripciones dieciochescas, también son reveladoras porque nos dejan cotejar estampas, lagunas y/o variabilidades de los ayeres con el hoy.Las tres litografías son representaciones de escenas o «cuadros de costumbres». Esta expresión, al adquirir el perfeccionamiento de su técnica y las retóricas, se acercó a otras manifestaciones como la literatura, para conjuntarse en las páginas de novelas, diarios, libros preciados o formas afines –alega Pérez Salas-. Para el caso de las aquí nombradas, es claro que cada una cuenta una particular historia, pues los retratos constituyen sólidas narrativas de concisos momentos que nos promueven distintos estadios o llevan a preguntarnos.
En «Vista general de las ruinas de La Quemada» con el cielo nublado y el tono verdoso del campo descubrimos alzándose montículos grises formando una ciudadela que parece continuar atrás, en lo alto del cerro. Un suelo duro en el que debajo aparecen unos arrieros luchando por calmar a la bestia que cruzará el riachuelo y otro mulero que sigue su camino cargado. Fugitivos brillos otoñales brincan para darle vigor a la historia, una romántica que se disfruta apacible.
La «Vista de la mina de Veta Grande» continúa en el mismo sentido, con la salvedad de que es una lámina laberíntica. Cúpulas de iglesias, techos de casas distintas, magueyes requemados, itinerarios severos, encimas montañosas que suben y bajan; otro río, uno formado por la naturaleza y el hombre que recorrieron siluetas plateadas, llenas de una fortuna que se fue.
En el «Interior de Zacatecas» la mirada se nos va sorprendida de no encontrar el mercado «González Ortega», de los rosados detalles en los frentes habitacionales, de no distinguir la espantosa cruz sobre el Cerro de la Bufa, de la revelación de tres estructuras escultóricas que ya no están, de calles que suben, crecen y polvorosas dan vida a personas a pie en la vendimia. Al fondo, frente a lo que hoy es Plaza de armas se distingue lo que pudo ser el Obelisco al príncipe, hijo de Fernando V –del cual Fernández Galán ha escrito-.
La tercia de obras son recordatorios de caminatas que no sólo Nebel transitó. Son lugares que hemos paseado y que forman parte del diccionario visual del oriundo de esta tierra adentro e, insisto, recreativas nos otorgan placer y conocimiento de la historia local.

Fuentes:
- Carl Nebel, Viaje pintoresco y arqueológico de la parte más interesante de la república mexicana, en los años transcurridos desde 1829 hasta 1934, México, Manuel Porrúa, 1963.
- Carmen Fernández Galán Montemayor, Obelico para el ocaso de un príncipe , México, Texere-Uaz, 2001.
- Claudia Magaña, Panorámica de la ciudad de Zacatecas y sus barrios durante la época virreinal, México, Gob. Edo. Zac., 1998.
- Enrique Florescano, Imágenes de la patria a través de los siglos, México, Taurus, 2005.
- Lara Mancuso, Cofradías Mineras: religiosidad popular en México y Brasil, siglo XVIII, México, ColMex, 2007.

martes, 14 de febrero de 2012

Dos imágenes dieciochescas de Zacatecas

[«Descripción de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas» de Bernardo Portugal, 1795 ]

Del plano de la ciudad de Zacatecas existen, por lo menos, dos imágenes que gozan de cierto reconocimiento general. Una es la «Descripción de la muy noble y muy leal ciudad de Zacatecas» de Joaquín de Sotomayor [Joach de Soto Mayor F], fechada en 1732. Otra es la «Descripción de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas» de Bernardo Portugal de 1795 [AGN, ramo Intendencias, vol. 65, f. 13], tiempo que coincide con el remate de la construcción de la capilla-santuario del Patrocinio, en el Cerro de la Bufa. De la última se encuentra una reproducción a gran escala en el recibidor de Banorte de/en la avenida Hidalgo. Ambas imágenes se muestran interesantes porque descubrimos la destreza educada en el dibujo y una vista que compara el crecimiento-evolución demográfico del lugar. Es, por demás, obvio que falta acotar a las percepciones, a los sentidos críticos, a la intención estética y a la indudable materialidad artística que no son ocasión de estas líneas.

[«Descripción de la muy noble y muy leal ciudad de Zacatecas» de Joaquín de Sotomayor,1732]

Las descripciones, que provienen del siglo XVIII, van por cuestiones de trazado y delineo. Su finalidad preferente no pasa por la lúdica, en todo caso las líneas desprenden intenciones –digamos- ya geológicas o de posicionamiento geográfico, ya con tintes academicistas o de informe de actas. Son escuetas e informativas; permiten comparar presencias, ausencias y/o cambios, con los ayeres el hoy.

lunes, 23 de enero de 2012

L. A. Public Library


Los Ángeles Public Library [http://www.lapl.org] se ubica con el número 630 de la West 5th Street. La Biblioteca Central es dirigida por Giovanna Mannino y alberga, a su vez, la coordinación del sistema bibliotecario de California por Cheryl Collins, el cual regula las más de 70 sedes instaladas a largo y ancho del estado. Si se arriba en auto debe estacionarse en el subterráneo de Maguire Properties, donde se hacen descuentos a costos que van de uno a 38 dólares por día; es gratuito para invitados, residentes y empleados. Si se llega por autobús o en taxi la mejor opción es la entrada principal, que es precedida por una avenida, a manera de alameda, de unos 90 metros de largo. Uno de sus soportes técnicos es su fundación
[http://www.lflal.org]; hace las veces de multirrelacional y/o conducto con el que los extranjeros interesados en visitar-consultar el acervo reservado se hace posible, saltando filas burocráticas.
La entrada del edificio está precedida por jardines -como le llaman- resguardados por altas arboleadas; su diseño arquitectónico lo realizó en la década de los 20’s Lawrence Halprin (Brooklyn, N.Y; 1916-2009) y la asesoría artística fue de Jud Fine (L.A., California; 1944). El exterior es tan atractivo como sus interiores. Fuera, el camino encuentra centrado por una piedra en bruto flotando sobre un océano verde-azulado en reposo. Al paso, se topan inscripciones en 19 distintos idiomas y una escalina
ta final que interrumpe en tres descansos que alegan las palabras «Bright», «Lucid», «Clear». El edificio, en general, representa en su exterior un ícono arquitectónico que reproduce las maneras del Templo de Salomón con agregados que aluden a la lectura y en su portada lleva inscrito: «Et qvasi cvrsores vitai lampada tradvnt».
Los interiores son más fascinantes aún. Lo que hace de sala de recepciones y el atrio pertenecen a distintos tiempos y fines expresivos. Por ejemplo, la primera está decorada -cúpula, pareces, arcos y vidrieras- por lo que entendemos como mural rectangular que termina circundando el ambiente. El segundo es resguardado por enormes ventanales que asoman a las distintas salas, escalinatas eléctricas y un altísimo techo; en su camino se topan varias esculturas iluminadas por juegos de transparencias solares con candelabros de dibujo lúdico. Las salas, como en toda biblioteca, son variadas, cómodas, bien atendidas. La atención corre a cargo de profesionales o «decanos» o «docentes» que son apoyados por personas que ofrecen sus servicios voluntarios. Algunas estancias fueron instaladas con particulares diseños modernos para el reposo, el esparcimiento y/o la seducción de los lectores.

Estuve en el lugar para realizar una estancia breve, apenas un par de días; la idea era revisar algunos libros -álbumes «incunables»- asiéndome del término-, del siglo XIX. -Hasta ahí de eso-. Una de las preseas públicas es la «Bookplate Collection», la cual, dice su información general, contiene gráficos e ilustraciones a color y en blanco-y-negro, que van desde lo formal a lo caprichoso [whimsical]. Éstos, son más de mil 300 ex libris elaborados por encargo de personas que deseaban identificar los libros en sus bibliotecas personales a través de una obra de arte única. La colección, a pesar de estar digitalizada en
casi su totalidad, aún no puede disponerse para su reproducción, pues esperan equipo y material que calibre y obtenga copias de manufactura de calidad.
Un catálogo, afirma Umberto Eco en El vértigo de las listas, es un inventario práctico que refiere a objetos comunes existentes en un lugar determinado. Éstos, por necesidad, son lista finita dada por el gusto de la acumulación, abierta a enriquecerse-incrementarse ad infinitum, y su elenco roza la incongruencia, salvo en caso de suma especialización. Las colecciones, de museos y grandes bibliotecas, son voraces, agobiantes por su avidez; generalmente provienen de colecciones privadas que, a su vez, nacieron de la rapiña, del botín de guerra, del derecho de conquista, de la acumulación de objetos insignes, del orgullo de incrementar ese conjunto. Son, grosso modo, listas que acumulan cantidades indecibles de cosas visibles o no y le atribuyen infinidad de propiedades a uno o varios objetos.
Todo catálogo, sin variar, nace de la acumulación religiosa de cosas en un lugar reservado. Al tiempo, con su exclusiva parsimonia, habrá de interesarse por objetos «semióforos», como les ha nombrado Krysztof Pomian en «Collezione» de Enciclopedia, los cuales son cosas que, dependiente o no de su «valor venal», son signos-significantes, prueba de fe, remitentes de algo; llenos de modos exóticos, son documentos únicos al mundo invisible. Estos «semióforos», reflejo de la acumulación, son tesoros, a veces indistinguibles por el placer estético o la forma dispuesta que requieren de la explicación lógica-razonada-argumentada con coherencia.
Para el caso de la «Bookplate Collection» la suma de estos ejemplares como «rare books» dicen ya mucho de sí. El estado físico general es saludable, en pocos ejemplos la curaduría rescató trazos que hubieran pasado al olvido de la vista común. El discurso es tan variado que el enlistado sugeriría varias categorías internas que fraccionarían la colección, por ello los puntos en la información general sirve de centro aglutinador. Así, los tiempos de creación abarcan las primeras dos décadas del siglo XX y sus medidas son oscilantes; los discursos se disparan y la finura de los trazos van de marcos simples a historias que remiten a un universo no contado. Falta que decir de la misma, queden estas líneas de aperitivo para su historia del arte y la cultura de la escritura.
Nota al vuelo: Emilio Carrazco es propietario de una enorme colección de ex libiris. Quizá el tiempo para su digitalización y estudio nos –instituciones y ciudadanos- apremie. Tomando el ejemplo de L.A Public Library, pienso que la Biblioteca Mauricio Magnadelo y/o el Museo Francisco Goitia y/u otros podrían financiar y dar cobijo a la colección, optando por un catálogo electrónico con su soporte físico en alguno de estos sitios.

miércoles, 11 de enero de 2012

El síntoma juanita


Juana «la loca» (Toledo, España; 1470-1555) representó cierta fascinación para los románticos decimonónicos europeos. Prueba de ello están algunos retratos inspirados en su figura y actuar regados a lo largo del viejo continente. El, quizá, ejemplo más conocido, representativo-titular de estas líneas, es la obra «Doña Juana “la Loca” ante el féretro de Felipe "el Hermoso"» de Francisco Padilla y Ortiz (Zaragoza, España; 1848-1921), pintado en 1887, que ahora pertenece a la colección del Museo Nacional del Prado (www.museodelprado.es). La historia de aquella que fuere reina de Castilla por algo así de 50 años (de 1504 a 1555) y luego viviera encerrada en las Tordesillas de Valladolid, primero por orden de su padre Fernando «el Católico» (Aragón, España; 1452-1516), luego de su hijo Carlos V (Gante, Flandes; 1500-1558), le dio un toque biográfico que desbordó sentimientos, inspirando a las artes para recrear y especular sobre su vida y demencia. Con el transcurso del tiempo, el debate sobre su salud ha proveído varios diagnósticos que caminaron por el tema del celotípico y los delirios; la calificación católica-cristiana fue contundente: endemoniada. Los estudios actuales la han calificado de psicótica-esquizofrénica-tipo-paranoide [para adentrarse mejor al tema, recomiendo un breve pero sustancial texto de Andrea Márquez López Mato titulado «Juana la loca, psicosis esquizofrénica», es posible descubrirlo en la web]. Contrario a la idea de quemarla viva en la hoguera del desprestigio, los asares su existencia contribuyeron a su mitificación.
Ahora bien, el «síntoma Juanita» -como he dado en llamarlo- está vivo, latiendo por todos los pasos que se escuchan al taconear las calles de la ciudad. Los males aquejan por principio a las mujeres, pero no se descarta la existencia de multitudes de hombres que le padecen. Estos son algunos de los síntomas:
  • llanto prolongado y sin contención en cualquier momento/lugar del día. Las noches de cambio lunar suelen motivar la condición y, a su vez, agravan exponencialmente la conducta;
  • cambios de humor repentino. Es probable que el ruido y la falta de atención sólo-y-única al individuo le despierten, sin embargo esto es sólo una tesis, sus raíces son un misterio;
  • el gusto por los bolsos, zapatos y utilería; el placer por los tintes, derrochar dinero y adquirir objetos inservibles son indicadores de que la enfermedad ha incubado sin remedio.
Amable lector, he querido apuntar sólo las pruebas más evidentes. Es obvio que existen más presagios, pero lo dejo para que los deduzca/investigue por su cuenta. Sólo queda advertirle que quizá, sí, usted los ha padecido y su pareja; su madre y hermanos; está rodeado de una pandemia que se puede arreglar, aunque sea sólo placebo, con un abrazo tronador.

Notas informativas/aclaratorias:
  • la cura está trabajándose en los laboratorios más prestigiosos-avanzados del orbe, a pesar del esfuerzo descomunal aún es imposible encontrar solución real al padecimiento citado;
  • no debe confundirse en término «juanita» con el otro usado como «juanitas» que refiere a la utilización política de las mujeres para acceder a algún escritorio de servicio público-político, como diputado. Las «juanitas» son un sustrato rapaz de cierto partido verdoso en México, quizá haya más ejemplos en todos lares
  • no debe confundirse el término «juanita» con el antiquísimo-tradicional de «doña Juanita», pues el segundo refiere a la noble tarea del servicio –al cual rindo pleitesías por su honorable labor-; sus definiciones son aún más complicadas y hermosas que el del primero.
P.D. Este texto ha sido inspirado por dos personas y un efecto. Las personas: mi «Shaparrita» y las manearas redacciones del señor Espinosa Zúñiga. El efecto, calentar motores este año que inicia, con temas que suelten poco a poco los dedos en el teclado invernal.

lunes, 31 de octubre de 2011

Mirada neófita

O de cómo aún la tecnología le adeuda al arte

1.
Es la primera vez que escucho el nombre de Rafael Coronel (Zacatecas, 1931). Me han dicho que es pintor mexicano, que es oriundo de una provincia cuyo nombre remite al sonido del zacate y los aztecas, que debería conocerlo; quizá me agrade. No querido guardarme la duda; curioseo en la web. Descubro su página electrónica; han posteado algo así de 84 imágenes entre «obra reciente», «obra gráfica», «colecciones» y «dibujos», además de anexar el «currículum» y «críticas» [http://rafaelcoronel.com/index.html]. Sigo navegando. Hallo que un museo lleva su nombre y la calificación profesional lo ubica como el «representante del nuevo expresionismo mexicano», porque antes estuvieron los de la etapa primera con David Alfaro Siqueiros (Ciudad de México; 1896-1949), José Clemente Orozco (Jalisco; 1883-1994) y Diego Rivera (Guanajuato1886-1957). Continúo leyendo; siento que un paso en falso me destrozará en la caída. Dicen que su trabajo es «personal» e «intuitivo»; una «deformación de la realidad» en «colores violentos» de «reflejo amargo»; sus cuadros irradian de «forma subjetiva» la «temática de soledad y miseria». Para ser honesto, me parece una burla tramposa. Que es «personal» e «intuitivo», «deformación» de «reflejo», «subjetivo», no es cliché ni pretencioso; es derroche grosero del lenguaje, abuso estulto; prefiero los puntos suspensivos del decir acallado.
. Determino abrir dos pestañas. En la primera, navego imagen por imagen, cliqueándolas por separado. En la segunda, me detengo en los escritos que ha provocado. La idea es contrastar lo uno con lo otro y lo uno; descubrir lo que ya de por sí en/para el arte es hasta grosero.
. Primero, al azar abro «Le arranqué la flor», de 2008; es un acrílico de 80x100cms., de fondo grisáceo. Es el retrato de un hombre viejo con barba pronunciada, curvada, canosa; viste en túnica oscura portando ese enorme sombrero de 180 grados. Tiene en la mano derecha, pegado al costillar, lo que parece el rostro de una mujer de mirada y rostro hierático. El cabello de esa cara femenina es coronado por flores rojas, quizá claveles. La mano derecha, elevada a la altura de la nariz, ha tomado una de ellas para encontrarse con la vista pulcra del anciano.
. Segundo, leo que Sergio Pitol (Puebla, 1933) ve cómo «[…]Coronel preparaba su obra, pude contemplar el proceso de la creación y el júbilo con que se entregaba a ella. En tales momentos el Universo se concentraba allí, entre aquellas cuatro paredes, y poco a poco los papeles se iban poblando de seres». No me dice nada; acaso del proceso creativo, es posible que sea el relato literario de un personaje omnipresente que, desde lejos, mira a otro actor preconcebido haciendo. Insatisfecho, me hago de la vista gorda. Otro escritor, Salvador Elizondo (Ciudad de México; 1932-2006) afirma que «[n]o todos tenemos el privilegio de una leyenda, Rafael Coronel inventó la suya y se inscribió en ella. Ha creado personajes cuya leyenda sólo él conoce y de la que solo comparte con sus admiradores su forma vista sobre un fondo abismal de la vida, bajo una luz que emana no solo del sol, sino de la paleta y de la mano del autor que los ha creado. A veces las figuras parecen emerger del fondo como si fueran parte de él, otras se destacan del fondo como estatuas policromadas discretamente. Una síntesis misteriosa entre la apariencia y la realidad».
. Más conforme, el teléfono ha sonado. Una llamada me recuerda que debo atender un compromiso. Cierro el navegador y apago la computadora; otro día seguiré. Apenas entiendo que el tal Coronel pinta, que sus cuadros son expresionistas e impresionistas, que es osado, disciplinado, pasional en su trabajo y mítico, hermético, secretista en su labor discursiva.

2.
Aún quedan a deber tecnologías como la internet o la fotografía, en lo tocante a la fidelidad y el respeto al arte. A años luz, la primera, y a una distancia considerable, la segunda, de siquiera acariciar el aroma de expresiones como la pintura, son infieles amantes que hablan mal y le crean una reputación dudosa. Para el navegante común, coleccionar imágenes y/o postearlas en sus perfiles, blog’s, tumblr’s o canales de identificación puede ser un juego sin riesgos en las que alcanzan viables definiciones, gustos y/o anexiones. Sin embargo, es un aspecto frío, distante; pues el ícono se traduce como el sello impuesto frente a un espejo que no alcanza a dimensionar la fuerza del tema, el manejo de las técnicas o la vida de las superficies, por nombrar algo de estos vacíos. Quizá alcancemos en vida a descubrir cómo del monitor se resaltan las texturas de los grabados; es probable que nuestro celular destelle un haz de luz sobre la nada con aquella escultura; es deseable que al leer un libro en la tableta también nos impregnemos del olor del papel. Pero, por el momento, son buenos deseos para soñarse.
. Y, es que es traidora la internet. Por ejemplo: cómo es posible hacer que un despreocupado ente que surfea por las olas de la web sienta el corte incisivo de plantarse frente a una obra de Coronel; cómo estimular el movimiento en detalles mínimos, en el caso del relato en la flor que se enfrenta a la mirada cavilante; cómo explicar que ante la tercera etapa expresionista actual, la del artista sigue vigente, sin trasmutación ofensiva del tiempo ni vacilaciones objetuales. Si bien, las plumas que enfrentan al arte son delicadas, solemnes y constructivas; si bien pueden paralizarse ante filosofismos wittgensteinianos de las posibilidades del cuerpo; si bien puede acariciarse simplemente los gustos, es una plataforma humanizadora-humanizante sin explotar. Qué será de nosotros si nos limitásemos a teclear, postear, subir y bajar lo que fuera en la red. Qué será cuando seamos tantos que la magia de trazos como los de Coronel sólo se limite el mundo viajante a ver, ver, pasar y dejar pasar…
. He querido exponer un ejercicio básico. Es verdad que los océanos electrónicos llevan y traen enormes cantidades de todo en sus mareas. Sin embargo, al menos al tiempo por la experiencia, parece funcionarles mejor a las bases de datos, porque en terrenos de la cultura y el arte es perceptible que estamos en edades paleolíticas. El caso de Coronel es representativo de otro innumerable cifrado de nombres, porque las expresiones artísticas siguen proponiendo y alimentándonos, mientras que la internet observa, con enormes ojos, casi asustada, preguntándose cómo reproducir con fidelidad aquella expresión. Por ello, aún azuzando lo que la literatura puede decir de la imagen pictórica, falta tanto que un original parece una ballena, bufando, cerca de nuestra balsa, lo trágico es que mis acompañantes no saben nadar y le temen al agua.

sábado, 29 de octubre de 2011

Del mal al que Carrasco aprendió a curar en el mítico Oriente

Un cura -sustancial- para la enfermedad -primordial-

Te has enfermado. Es inevitable. Si estás aquí o lees estas palabras la toxina ya vive en tu cuerpo. Debes escuchar o la muerte con una bolsa de sífilis, gonorrea, gripe venezolana y drogas de mala calidad te visitará en cuanto des la vuelta. Deberás tomar las indicaciones igual a las pastilla que te dio el médico para no embarazarte o para quitarte ese dolor que te impedía la movilidad. El comprimido es más grande de lo acostumbrado; tragarás fuerte. No garantizo jarabes con sabor a cereza u olores frutales; serán espesos, rasposos. Quizá las inyecciones te dejen dolorida la nalga y tengas que maldecir a la enfermera. No es culpa de ella. Los costos parecen bajos; no te confíes. Sobrevendrán rebotes, luego no habrá seguro médico que las costee. Cada recaída será mortal. Sólo caballitos de tequila, breves sorbos de mezcal, enormes cantidades heladas de cerveza o algún selecto whiskey por la tarde podrán engañarte, hacerte creer que la enfermedad cedió; es el placebo corroyendo tu hígado. Creerás que ya has tomado la medicina, que estás a salvo. No es así. Es un virus contagioso, crónico, insalvable, terminal; aparece una y otra vez, fuerte, tan duro que no habrá calor en las sábanas que alivien el pesar. Luego de infectado, el paso de regreso es irrealizable. La pandemia asedia. Todos, todos, han enfermado.
. Dicho lo anterior, la ciencia, las religiones, los investigadores, los brujos, tienen una fórmula, tan secreta, tan hermética, tan mística, que sólo los iniciados la reconocen. Así, acomete lo siguiente.
. Haz un alto. Apaga la televisión. No enciendas la computadora. No te dejes seducir por los ritmos de la música que palpitan dentro. Lucha. El esfuerzo deberá ser supremo. Manda al más recóndito lado de la razón o del subconsciente los ruidos que te acechan. El tono del mensaje o de la llamada entrante en el celular no importa, si fuese trascendente estarían aquí, ahora. Abandónate a tu íntima soledad. No permitas que la memoria te avasalle. Tus corridas infantiles, tus aventuras adolescentes, tus amoríos juveniles, tus tropiezos, no importan. Nada importa. Sólo tú. Ahora, obsérvate rodeado de ti mismo. Solo. Los muebles tienen tu toque. Las personas que te rodean son clones tuyos, imperfectos por una seductora falda o la cabella larga o un pantalón ajustado; por unas cejas pobladas, unos labios maltratados o una loción que te marea. Descúbrete en el mundo y desconfía. Desconfía con temeridad, del porqué es tú y te engaña queriendo ser tú.
. Ahora ve lo que el maestro Emilio Carrasco ha pintado. Una sigilosa y furtiva pócima te depara viendo la «Memoria de oriente». Es un ungüento a las cansadas almas, untado con la mirada del autor. Las indicaciones son tajantes. Intenta detenerte en algún detalle. Fíjate en las líneas danzarinas. Es una mujer que baila y se reproduce, como tú en los demás. Es un cuerpo femenino que se contonea en ritmos tenorios; lento, callado, para ti. Al tiempo, las impresiones te destantean; confundido ves rostros o empalmes. Dudas, pero no puedes suspender. Dudas y sigues. Su cadera se ensancha, se adelgaza; saboreas la sal de su sudor en los labios. Sus senos se levantan, son más robustos o pequeños. Su cintura se alarga, junto con esas piernas que parecen gritar tu cercanía, para luego cerrarse, piernas y cintura, hasta ser un trazo señero. Empótrate en los colores. Pretende descubrir su lenguaje. Escucha lo que se dicen entre ellos y los susurros que te pellizcan el lóbulo de las orejas. Son cachondos, juiciosos y respetuosos. Son lo que dicen; que un tono se lee en la tranquilidad, que otro para la sabiduría, que ese es para el amor y aquel para ocultarse en las noches. Son lo que dicen, pero a su vez no tienen límites en su haber. Son para eso; para animarte el espíritu, para darte un breve respiro en la cotidianeidad, y la cura de un virus que se traga en enormes sorbos tu sangre.
. Carrasco tiene una cura, por lo menos una más duradera. El medicamento que nos vierte penetra y suerte efecto con las mismas capacidades al mal que combate. Entra por los ojos y la piel. Se escabulle similar que amante temeroso de ser descubierto. Baña el cuerpo y su veracidad mora en las veces que te detienes a observarlo. Debes poseerlo. Si en algo estimas tu salud, pregunta cómo conservarlo. La boticaria, acá galerista, se hará de la vista gorda y no te pedirá la receta; al fin y al cabo estás desahuciado. Decídete por uno de sus cuadros, como con el antigripal al que recures para no dormitar por el día. Todos contienen la cura. Fueron pensados para aliviarte los más indescriptibles de los dolores conocidos. Es difícil que halles esto en otro lugar. Es pintura hermética-mágica-mística; aprendida-aprehendida en el oriente con los saludos, el reconocimiento y los ojos alargados; proviene de antiguas técnicas, del viejo manejo de los inventores del papel, de los iniciadores del antiquísimo secreto del traspaso de las ideas sustanciales. Esta obra contiene la velación del profundo respiro, de la insoldable memoria del tacto; de lo impronunciable y profundamente propio.
. Sin embargo, tengo una última cosa que decirte. Se conocen algo de los síntomas. Se sabe poco de cómo combatir ese sufrimiento. Aún se ignora una fórmula real de sanación. Ora, medita, paga tus cuentas y voltea a Oriente; quizá ese sol que nace tenga el secreto por las mañanas. Haz el amor, toma bebidas espirituosas y peca como nadie; ten en tus paredes obra de Carrasco; apréciala porque ya tiene tus secretos, la irreverente fuerza del creador hecho que sigue atreviéndose y la cura para sanarte en las afecciones, que no lo sientes pero ya han empezado por mordisquear tu corazón. Luego, seguirán tus ojos.

viernes, 14 de octubre de 2011

Primer Congreso Internacional sobre Literatura y Artes Visuales

Primer Congreso Internacional sobre Literatura y Artes Visuales
Guadalajara, 30 de noviembre y 1 de diciembre

Programa

Miércoles 30 de noviembre
9:00-11:45. Registro de los participantes
12:00-13:30: Conferencia inaugural.
. Franc Ducros, “Un libro, un poeta, un pintor: Mallarmé y Manet”.

Mesa 1. Adaptaciones y convergencias
. Lauro Zavala, “La representación de los escritores y los artistas visuales en el cine de ficción.
. Guadalupe Mercado Méndez, “De lo inefable en cine y literatura”
. Marta Beatriz Ferrari , “Literatura y cine en España..."
. Renata Armas Bermejo, “Del teatro shakespereano al pensamiento en el cine de Kurosawa”.

Mesa 2: Textos pásticos
. Hariet Quint, “El poder de la imagen en la conversión y alfabetización de los antiguos mexicanos”
. María Guadalupe Mejía Sánchez, “Bailadora de jarabe, texto pictórico de Saturnino Herrán”
. Ricardo Castillo Sevilla, “Un retrato, siete apuntes y un boceto para un estudio de Pintura y verdad: la palabra enmascarada”
. Silvia Quezada, “El Retrato de Rebeca Uribe con el ojo de Martha, de Juan Soriano”.

Mesa 3: Adaptaciones y convergencias II
. Carlos Zermeño ,”Los parentescos del diablo: estética y transposición en Alucarda”
. Clara Cisneros, “La obra de Nikos Kazantzakis llevada a la pantalla”
. Ma. Mercedes Galván Dávila, “Los de abajo: novela y película”Gabriela Torres, “La frontera literaria en la película Fuego de Guillermo Arriaga”.

Mesa 4: Concomitancias I
. Gonzalo Leiva Quijada, “Imaginarios melancólicos en Chile: visualidad y palabras a finales del siglo XX”.
. Dulce María Zúñiga, "El arte de la acuarela y el tedio como arte. La vida instrucciones de uso de Georges Perec".
. Luis Jorge Aguilera Gómez, “Venus: el arte y sus efectos en el espíritu”.
. María del Socorro Guzmán Muñoz, “La representación de la madre en la poesía y la pintura decimonónicas”.

Jueves 1 de diciembre
Mesa 5: Concomitancias II
. Marco Aurelio Larios, “El imaginario colectivo y su trasvase a los lenguajes artísticos y literarios de una época”.
. Carlos Ramírez Vuelvas, “Poética de lo inmediato: la apropiación crítica de la realidad de Marcos Ramírez Erre”.
. Alberto Rodríguez González, “La eternidad como artefacto: el café de nadie y el presentismo estridentista”.
. Manuel Romero Gómez, “La letra y su superficie. Acercamiento a la poesía visual”.

Mesa 6: Textos plásticos II
. Gabriel Gómez López, “El poder de la imagen en los relatos de la ficción sobre pintura”.
. Gerardo Gutíerrez Cham, “La pintura y el cuerpo reinventado en Palinuro de México, de Fernando del Paso”.
. Casandra Elizabeth Gómez Alvarado, “El manejo de la figura grotesca: El niño con orejas de Vicente Molina Foix y la estética fotográfica de Joel Peter Witkin”.
. Liliana Molina, “Poemas plásticos, Villaurrutia y la pintura”.

Mesa 7: Adaptaciones y convergencias III
. Jesús Eduardo García Castillo, “Ampliaciones del concepto ‘narración’: las adaptaciones teatral y cinematográfica de Los albañiles, de Vicente Leñero”.
. Víctor Hugo Amaro Gutiérrez, “Palabra e imagen surrealista en Penélope de Leonora Carrington y Alejandro Jodorowski”.
. Cristina Díaz Padilla, “La violencia en Rubem Fonseca y Paul Leduc: del texto literario al texto fílmico”.
. Luis Martín Ulloa, “El cine en Melodrama” de Luis Zapata.

Mesa 8: Transposiciones II
. Joanna Zeromska , “Reverberar / Resonar: El apuntalamiento visual en imágenes poéticas de carácter sinestésico”.
. Reyna Hernández Haro, “La novela-guión de Antonio Skármeta: una poética de la imagen”.
. Teresa González Arce, “Señoras y señores: el retrato literario en Juan Marsé”.
. Blanca Estela Ruiz, “Trespatines, un negrito de blanco humor. Boceto del retrato de un personaje tipo del teatro popular cubano”.

Mesa 9: Aproximaciones teóricas
. Herón Pérez Martínez, “Las formas mixtas en la textualidad literaria: el discurso emblemático”.
. Alberto J. L. Carrillo Canán, “¿Falla el criterio narrativo de la diferencia entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso?”.
. Marco Ramírez, “El espacio escénico en la comunidad del mundo ficcional del drama”
. Rodrigo García de la Sienra, “Figuras de archivo”.
. Andreas Kurz , “Walter Benjamin y Xavier Villaurrutia ante el cine”.

Mesa 10: Textos plásticos III
. Cecilia López Badano, “De Arcimboldo a De Kooning: la huella pictórica en la narrativa de Roberto Bolaño”.
. Helga L. Vega Carrillo, “El realismo, elemento mágico en la plástica de Jorge Martínez”.
. Edgar Adolfo García Encina, “Líneas que se pintan y escriben. Apuntes, notas y acercamientos al libro estético del XIX”.
. Humberto Ortega Villaseñor y Raúl Aceves Lozano, “Peces en tránsito hacia la luz: una experiencia de co-creación”.

Conferencia de clausura
. Arturo Camacho, “La Divina Comedia: de ilustración piadosa a Iconografía ancestral”.

martes, 6 de septiembre de 2011

Del antiguo oficio de las tejedoras

«Lugar visto y Escuchado», los telares de Patricia Dunn

Los tapices de Patricia Dunn [New York, 1944] son herederos de los secretos que alguna vez la mítica Penélope guardó en su telar, deslizándolos en cada hilo, mientras esperaba la llegada de Odiseo de la Guerra de Troya. Igual que la hija de Icario, rey de Esparta, cada uno de los hilos que recorren el telar fueron pensados, meditados, sometidos a intensos sueños, subyugados a las vacilaciones del carácter femenino. De la misma forma que la reina de Ítaca fraguaba los colores, la densidad, las necesidades y las combinaciones materiales; todas las imágenes fueron maduradas, catadas, fantaseadas y vueltas a divagar. Como la madre de Telémaco, la suerte de cada día habrá de caracterizar las formas del trabajo; con algo de fortuna podremos ver un rojo chispeante inspirado en la lengua canina.
. Los tapices de Patricia Dunn corren con mejor suerte que los de aquella Penélope, que tuvo que soportar a hombres consentidos, llenos de excesos. Sin esperar el paso del tiempo y el designio divino para caer en el mito, los hilos de la neoyorkina no desaparecen por las noches. Elaborados originalmente desde la esperanza de la vuelta, de la paz, del bienhacer; representan, a su vez, el secreto de la fidelidad al tiempo, al viento, a los colores, a la vida que corre en oleajes invisibles frente a las mareas que nos arrebatan. Igual a los tiempos de Odiseo, colgados ahora sobre las paredes, quizá descubramos algunas formas nostálgicas o charlas de amigos que vaciaron la cafetera; es probable que las materias nos remitan a los sueños que nos arrebatan o las pesadillas infantiles. Son colores, son texturas, que alguna vez nos fueron, sin reservas.
. Los tapices de Patricia Dunn poseen símbolos ocultos, voces que creímos olvidadas. Las siluetas son el tema que se repite constante, a la manera del eco subliminal dejado por el ding dong de las campanas. Destejido en el preámbulo de la creación, sus lenguajes aparecen de apoco, para cantar o gritar o susurrar momentos simples que recargan la existencia. Son retratos de paisajes. Son cuadros que juguetean con los elementos de la naturaleza; ya una rama, ya un aroma, ya una piedra original. El primer paso del ritual son los paseos por el Cerro del Grillo: el mundo que da licencia para su descubrimiento. Luego, en el taller de su casa, en el telar que recorrió los caminos de Norte América, prepara los materiales, tiñe a mano la seda, la lana y cerca la urdimbre con lino: la magia para dominar los mundos es el secreto de esta iniciada.
. La fuerza motora para tejer son sus paseos. El incentivo es vivir con las cosas más simples y cruzarlas en los hilos que quedan arriba, que se destellan abajo, que se ven marchando en varias dimensiones. Todas las mañanas, acompañada por su perra «Mina», deambula los caminos trazados por otros pies similares a los suyos; unos que vagabundean en busca de la tranquilidad. Sus pasos la transportan al umbral que ausenta la ciudad de los pensamientos, al caminar que ejercita el cuerpo dando respiración azul, profunda, al espíritu. Mientras esto sucede, los ojos buscan entre las ramas, las piedras, los árboles, las hiervas saltadoras. Para Dunn todo es breves siluetas que emanan, líneas que decoran el espectro de la obra, colores únicos elaborados ad hoc.
. En su «Declaración de artista» [www.patriciadunntapestries.com], Patricia Dunn dice que su inspiración viene del mundo. Afirma que la poesía, la música, la literatura, las charlas cotidianas, los paseos son su punto de creación. Le basta estar alerta con lo que le asedia para reproducir en sus tapices y esculturas cada una de esas experiencias vitales. Con un telar de sesenta pulgadas de ancho, el lino es la urdimbre; el secreto oculto que subyace para soportar el engranaje interno y externo de toda obra. Por su lado, la lana aporta la textura y la calidez a los tejidos; si algún elemento refiere al humano quizá lo sea este por su templanza y carácter. La seda brinda una superficie reflectante que contrasta; es la luna y el amanecer, los tiempos que en un momento parecen confundirse en el cielo. El alambre de cobre es el elemento recio y soportable; una aguja que cose los detalles para bordear la estructura.
. Los tapices de Patricia Dunn no sólo recogen el secreto mítico de Penélope, también son una fuente de pequeñas verdades que parecen solas. En la reflexión de su obra lo primero que gusta son los colores y los materiales; no hay duda que ese carácter primario, a veces demasiado palpable, puede dejarnos quietos, tal vez sobre impresionados. Sus temas y sus claves nos seducen al momento: encontrar las siluetas, traducir las líneas que se levantan, interpretar los tonos dominantes, dejarse abrazar por ese rojo chispeante que terminó por seducirnos. Si un material se vuelve opaco. Si una textura sale a iluminar la sala. Si una textura que provee calor. Si, siempre un sí que nos cuenta una historia, tan humana como la de cualquier otra, sólo que contada por Dunn.


El trabajo de Patricia Dunn se exhibe en este momento (agosto, 2011) en la sala principal de la galería de arte contemporáneo «Irma Valerio» [www.galeriasirmavalerio.com]. Se encuentra preparando la exposición «Lugar: Visto y Escuchado» para el Centro de las Artes de San Luis Potosí [centrodelasartesslp.gob.mx], en el mes de septiembre. Su biografía se resume a títulos universitarios, en Español, lengua y literatura, en SUNY Plattsburgh [www.plattsburgh.edu], un posgrado en la Universidad de Colorado [www.colorado.edu] e innumerables exposiciones públicas y privadas, además de aparecer en varios libros, catálogos y más publicaciones. Su vida se relata desde una granja lechera en el estado de New York, el tiempo en Colorado y la estancia en Zacatecas. Este abstrac es frío e infiel, pues la vida y el carácter intenso, desosó y cargado de ánimo de la artista rebaza por mucho la frialdad del currículo hecho resumen.

viernes, 15 de julio de 2011

Metástasis al trazo solitario

[esta obra pertenece a la serie "Estudios de figura", y aparece en el catálogo Una historia reciente. Emilio Carrasco. Pintura y grabado]

«Verdad o consecuencias.
Obra y colección de arte postal» de Emilio Carrasco

Una de las formas de escritura que se dio en la Edad media fue por medio de tablillas cubiertas de cera sobre las cuales se rotulaba con algún instrumento punzante, similar a la gubia, al cuchillo o al buril. La idea era que lo trazado tuviera una permanencia temporal significativa y, al tiempo, pudiera ser modificada, tapada, eliminada o utilizada de nuevo. Así, cuando lo plasmado ya no era útil se tomaba un tipo de espátula caliente para corrérsele por encima a la cera, como hoy hace el corrector sobre la tinta o la goma que borra la línea del lápiz, consiguiendo otra vez una área llana. Esa técnica de limpieza fue llamada tabula raza.
. La tabula raza es una superficie limpia en la cual fue borrada una leyenda, una historia, una cuenta o una imagen y se encuentra presta, como hoja en blanco, para el nuevo importe. Es la superficie limpia que se ofrece para otra anécdota, frase o llamado. Sin embargo, el borrón y cuenta nueva es falaz; no todo es anulado, quedan resquicios, bordes, algunas líneas sutiles que no desaparecen del todo y resurgen con las recientes estrías, para cambiar el sentido, darle otro significado. Nutrir de otras marcas. Luego del primer trazo y su seguida desvanecencia, todo lo que continúa es sólo vestigio sobre el ribete. Rastro que no olvida ni se inhibe. Huella que suma.
. La más reciente exposición de Emilio Carrasco (Ciudad de México, 1957), «Verdad o consecuencias. Obra y colección de arte postal», en el museo «Francisco Goitia», parece emerger de este antiguo acto. Escribe, en la presentación, Lourdes Fava -directora del museo- que la muestra «es una síntesis del enriquecimiento de la obra del autor por conducto de sus viajes, sus experimentos con distintas técnicas y su increíble comunicación a través del arte con la gente y artistas del mundo». Marcas de vida. Señas que se anteponen a otras pistas. Indicios. Tanto la obra como el abstract de la colección de arte postal son tabula rasa que a la mirada curiosa exhiben otros tatuajes superpuestos..
. La exhibición, armada por más de una treintena de grabados y material diverso, es la muestra del poder formal que el maestro Carrasco ha dibujado sobre su tabula rasa. Cada marco va más allá de celebrar la trayectoria de uno de los decanos en la enseñanza de la pintura zacatecana y compartir con Marcel Duchamp los peligros de complacer al público inmediato, «ese que está a tu alrededor y te acepta y te da éxito y todo». Es un borrón que contará para dar inicio a otros proyectos. Metástasis. Casi una obviedad es señalar que «Verdad o consecuencias» es la recuperación de la energía vital del artista: no sólo por una nueva forma de trazar las imágenes que le recurren u ostentar, con brevedad seductora, una enorme colección postal que es, a su vez, un proyecto de vida.
. Las obras son una visualización aparte. Aquellas mujeres bailarinas, juguetonas, seductoras y, hasta, sedientas han sido fragmentadas. Ahora, el cuadro es parte de un enorme rompecabezas. Se complica la lectura, más no se diluye la substancia temática; es metástasis de lo esencial. Ante lo puro del blanco y la arrogancia del negro no sólo descubrimos algunos secretos de la antigua maestría en la gráfica hallamos, a su vez, un baile sinfónico, melodioso, sin estruendos, de ritmos disconformes. Comité de heterogéneos discursos. Voz de distintas lenguas. No sólo es el cuerpo femenino que invita, corre y destruye, también es un discurso zen, una parábola a/de/con signos conocidos que se reinventan y se sobrealimentan de su alrededor. No hay soledad en la sala. Es un baile. Impetuoso. Si prestamos atención quizá alcancemos a escuchar los juegos, los secretos, los susurros que cada cuadro hace de ellos, de nosotros..
. «Verdad o consecuencias» es amenazante. Con ella despierta un viejo enemigo de la anticultura. Con esta exposición reaparecen las ideas de aquella editorial independiente, de la que Zacatecas está urgiendo; de una publicación específica para las artes gráficas, para las verdaderas artes alejadas del humo snob que la ciudad atesora. Como si hubiera trasminado el oriente por su piel, el maestro Carrasco devela sus verdades, arma una estrategia de sísmicas consecuencias. Del ruido enajenante de las grandes ciudades a la metástasis del silencio, pacífico, esclarecedor, relajante. De la bipolaridad colorida, del signo devorante, de las dimensiones que se nos amontonan; quizá en solitario tramen hacerse de nuestro espíritu.

viernes, 10 de junio de 2011

Apuntes cercados: la dolorosa humanización del arte



«An unexpected gift at an unexpected time»
William Forrester (Sean Connery) sentenció a Jamal Wallace (Rob Brown)
cuando éste le hablaba de la linda Claire Spence (Anna Paquin), en la cinta Finding Forrester, 2000. [1]

Existe una teoría, convertida en idea generalizada, de que el arte apareció luego de que el hombre pudo cubrir sus necesidades primarias. Cuando éste no tuvo más hambre, cuando poseyó un techo que le cubriera de las inclemencias del tiempo y abrigaba salvaguardo de peligros exteriores, entonces llevó elementos de fuera para emperifollar dentro, para «acomodarse», para recogerse en su choza. Ello apunta a que el arte fue creado-concebido premeditadamente, que su naturaleza es ornamental, su exposición prescindible, que es resultado de la ociosidad. Las siguientes líneas exploran otro lado, no menos ignoto, del gen del arte. Parto de la intuición; de la –otra- idea, de que éste surge espontáneamente, por la buena fortuna, a la par de todo. Pienso que el arte está desde siempre con nosotros, como el amor, el hambre, el frío, el miedo; que es elemental para la vida como la conocemos y para el entendimiento de estos conocimientos-sentimientos básicos han caminado juntos, hombro con hombro, por los tiempos. Así mismo, al momento que expongo los rasgos, que pienso notables, en torno a la especulación de la aparición del arte sirvo, a manera de conclusión, fijar una postura que descubro al momento de leer, criticar y escribir del arte. Además, haciendo uso de la imaginación y de ciertas libertades expresivas, propongo al lector que obvie elementos como el paso del tiempo y los grados evolutivos de abstracción de pensamiento a los que hemos llegado.
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Imaginemos al primer hombre en su caverna. Ya descubrió y controló el fuego; lo tiene, sabe producirlo y mantenerlo. Para efectos de impacto, es mejor pensar la escena rodeada por la oscuridad de la noche. De pronto, por algún impulso, ha tomado una de las maderas por su lado encendida. Ante el dolor en su palma, nuevo e indescriptible, lo único que se le ocurre es restregar la mano sobre la pared. Ahí aparece el arte; cuando este ser primigenio ve sobre el muro la huella de una parte de su cuerpo y, al tiempo, ve el suyo. Es una sensación doble: de dolor físico, por un lado, y de impresión visual, por el otro: una paradoja que acompañará todo viaje creativo. El vestigio ahí es él y no; puede ver su mano, la mueve, siente la palma, los dedos. Es el instante en el cual advierte la presencia de otra parte suya suspendida frente a sus ojos, ahora desbordados e interrogantes. No alcanza la distinción cognitiva. Confundido, vuelve a situar la mano sobre la pared; es el descubrimiento del quehacer lúdico. Los movimientos precedentes cambiaron el sentido del anterior, sus movimientos son manipulados. Ya no es sólo una palma sobre la pared, tampoco un par, también hay manchones, líneas borrosas y corridas. La caverna, miles de años después, la descubrimos, pintada con/de un espíritu propio, fascinante. / Cambiemos de escena. Imaginemos, ahora, la mujer y el hijo pequeño del primer hombre, que salió en busca de alimento. Aquella familia, en su soledad, ve pasar la luz del día esperando la vuelta del proveedor que se ha retrasado. La noche cae, con ella, en su paulatino reinado, crece la desesperación e impaciencia. Los sonidos imperantes suscitan un retrato frío; el aullido del perro salvaje, el canto del grillo, el choque de las ramas, el silbar del viento: todo es provocador y turbador en ese yermo opresor. Ella, a su vez, padece un avasallamiento de estremecimientos insólitos. Como en la anterior narración se da una paradoja, la salvedad de aquí son efectos cruzados, provocados no sólo desde su íntima realidad, esta vez la acompaña su hijo y la ausencia de la pareja. Recogimiento. Amparo. Zozobra. La parábola se desdobla. Siente agobio, alarma, desasosiego; efectos originales que ignora su esencia, su forma expresiva, aprisionándola aún más. Para calmar esa catarata que le hunde, ha tomado entre sus brazos a su hijo. Sin desearlo, sin pensarlo, aparece de pronto, de sí, un pequeño canto tarareado. Lo hace leve, leve, muito leve.[2] Quizá se mece o se recarga sobre la pared. Quizá está de pie o sentada o recostada sobre el piso bruto. No importa la posición de su morfología. Lo que afecta es que de su cuerpo salió una tonadilla, calmosa, serena, análoga a la de nuestra madre cuando nos llevaba, ayudaba, a dormir. El tarareo se vuelve armonía. La armonía se vuelve música. Todo alrededor se conjuga, le permite escucharse mejor, le da paz, le concede ritmo. El lugar, en esa ocasión, se llena de un irreconocible sentimiento de esperanza. La caverna, miles de años después, la descubrimos, aunque su música no está, a pesar de que su canto iniciático se fue, aún es posible fascinarnos porque, de alguna forma mágica o como se quiera, hayamos ese espíritu propio. / La primera descripción representa a un individuo que descubre la imagen; la pintura, según el argumento. A su vez, la segunda estampa encarna otro individuo en el que se revela el sonido armonioso-melódico; la música, a decir del argumento. En la primera, la yuxtapuesta es de dolor físico e impresión visual. En la segunda, la paradoja es de desasosiego, agobio, alarma. Al primero no le importa su derredor, se descubre a sí mismo, se desdobla; le fascina. Al segundo la cercanía física de otro cuerpo y la ausencia de uno más le dotan expresivamente de un estrambótico regurgitar que hierve de su interior; le embruja. La conjetura simple aduce a que una y otra experiencias son distantes por la elemental separación de la vista con el oído o del ojo con la voz. Quizá lo sean. Acaso el divorcio se funda en la apariencia. Sin embargo, acaece, por lo menos, una trinchera que les vincula tejiendo la urdimbre. Para los dos, luego de la experiencia iniciática-vital, asoma la exigencia de articular lo acaecido. La yuxtapuesta es una: dolor físico-impresión visual. La parábola es una: desasosiego-agobio-alarma. Ente. Verbo. Arte. Cada una, la música y/o la pintura, inviste/n su alma. Patrimonial. Impar. Hermética. Degustable. Sin embargo, muchas veces ahogada, ofuscada o corrompida. / Apunto, al menos en el detalle originario, que para ambas lecciones los caminos, antes bifurcados, se tejen en una sutil línea. Un trazo tenue, gallardo, que da paso a otro arte: el de la palabra. Sin importar cuál pudo ser anterior es obvio-necesario-fundamental que la tercera haya sido la literatura. El ardiente dolor en la mano, la huella marcada sobre la pared y la fascinación de encontrarse desdoblado por la imagen, pudo entenderle cuando narró el hecho a la tribu. El terror de notarse desamparada, de sorprenderse rodeada por un sinfín peligros, el tomar al hijo entre sus brazos y el balbuceo armonioso que trajo la calma, pudo comprenderle hasta que lo comunicó al que esperaba o a los otros del clan. Para ambos, el juicio razonado es ejecutado, dispensado, liberado, prodigado, transferido, cuando da sitio a la palabra. Con la narración no sólo expone su película; al tiempo comprende mejor la historia. Platica «que el dolor en la mano que se quedó allí, en frente» o «que de pronto salieron de su boca sonidos que le pusieron en paz». Lo hace una, mil veces. Quizá cambien los tonos. Quizá alargue el relato. Quizá respire distinto. Sin embargo, la ruta cardinal, el conducto elemental de la historia es perpetuamente el mismo. / Sólo la palabra; que magnifica, que dimensiona. Sólo la palabra, que en su uso recurrido, metódico, concibe el mito. Este ser inicial; hombre o mujer, que se abraza o se sobresalta, en soledad o acompañado, se hace, se rehace siempre que vuelve a la narración. Encubriendo-descubriendo, entiende y profundiza en los significados de su experiencia. Le nombra. Arte. Mito. Se nombra. Creador. Artista. Se sabe. Descubre posibilidades infinitas. Aquel acontecimiento le asiste, le sirve, le instrumenta para entenderse, para vivir con los demás, para buscar una plenitud que a diario se pregunta qué es, cómo es, dónde está. Cuenta la historia. Funda un mito. Ya la pintura. Ya la música. Ya la literatura en su confluencia. Sólo la palabra, que traduce, explica. Sólo la palabra, que hace posible la comprensión de las demás artes para todos. Sólo la palabra iniciadora.
• • •
Las sensaciones, por una parte, de dolor físico e impresión visual y, por otra, de agobio, alarma, desasosiego, siguen constantes en el tema del arte. Para desarrollar la tesis, pongo un ejemplo. Entorno a la crítica de arte, en sus ciclos de escalpelo: ver, leer, interpretar y escribir, existe un importante corpus literario, cada vez más gradual, en el que se encuentran estos efectos. José Ortega y Gasset,[3] en 1925, apuntaba, bajo el título de La deshumanización del arte, estas pasiones escondidas por/con sinónimos afines. "Cuando a uno no le gusta una obra de arte, pero la ha comprendido, se siente superior a ella y no ha lugar a la irritación. Más cuando el disgusto que la obra causa nace de que la obra no se le ha entendido, queda el hombre como humillado, con una oscura conciencia de inferioridad que necesita compensar mediante la indignada afirmación de sí mismo frente a la obra".[4] / La crónica aduce, en apariencia, al neófito enfrentado a la obra con la que profesa maneras estimulantes. Ya de «superioridad», si «la ha comprendido». Ya de «disgusto», «humillación» e «inferioridad», si «no se le ha entendido». Digo que en apariencia porque la situación se refleja de igual forma al/en el experto, pues el camino iniciático que arranca en la contemplación, pasa a la hermenéutica y llega a la semántica, al final de cuentas se descubre en esa mixtura de conmociones. / En este asunto bicéfalo cabe apuntar la tesis de George Steiner,[5] en Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento,[6] bien propuesta en/para el ejercicio de la crítica y/o la creación. Afirma que el intelecto, su descubrimiento y ejercicio, nos ubica en un camino escindido. Por un lado, el colosal placer. Por el otro, un inmenso dolor. En su uso, al tiempo que nos regodeamos, tropezamos en la conciencia del Edén perdido. Juicio. Introspección. Abstracción. Moneda de cambio en la transacción de este mundo del libre albedrío por un jardín perfecto, atemporal, juvenil. Es el abarrotamiento de sentimientos que abrazamos sin descripción, salvo por la entropía que permite deducirle. Feliz-apesadumbrado es cada momento que lo remitimos. Aduce Schelling,[7] en Sobre la esencia de la libertad humana, es «[…] la tristeza que se adhiere a toda vida mortal […] que sólo sirve a la perdurable alegría de la superación […]de ahí la profunda e indestructible melancolía de toda la vida [… que] se apoya en un fundamento oscuro […] el fundamento del conocimiento».[8] / Ver, discernir, hablar/le de/al arte; el ejercicio de penetrarlo y poseerlo, es el que invoca la aglomeración de sentimientos, todos melancólicos, tristes, que machacan el alma, extraen el espíritu. Ver el objeto artístico no reclama; es el ejercicio del gusto subjetivo. Contemplarlo emplaza, obliga a saber, a imaginar, a componer un discursivo razonado, a partir de la observación y las ideas, sobre la azarosa deliberación del artista en su proceso creativo.[9] Pienso que, en general, es la Schwermut [pesadumbre] que somos y que es. Oscuro pensamiento. Creación entristecida. Es la elección de un dolor físico e íntimo. Dolencia empática. Hermandad con el primer hombre en su dolor de mano o en la aterradora angustia de encontrarse desolado. Calvario que une. Tormento presentado a/en todos. Pesar que al relatarlo aprendemos, lo aprehendemos. Congoja que asimilada provee de experiencia, conocimiento, empatía humana. Al ver una pintura, leer una novela, escuchar una canción, sentimos dolor, placer, agonía. Hermandad. Plenitud y distancia. El arte nos cobija, nos blinda de una realidad. Es envoltorio. Fuerza noqueadora. Como el pensamiento, el arte igual nos da tristeza y gozo; nos duele, impresiona, agobia, alarma, desasosiega y sólo descubrimos su secreto en la palabra, en «La poesía [que] es hoy el álgebra superior de las metáforas».[10]

[1]Gus Van Sant, director, Mike Rich, guionista, Finding Forrester, EUA, 2000. [2]Cfr. Alberto Caeiro [Fernando Pesoa], «XIII» en El guardador de rebaños. [3]José Ortega y Gasset, Madrid; 1833-1955. [4]José Ortega y Gasset, «Impopularidad del arte nuevo» en La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, México, editorial Porrúa, colección «Sepan cuántos…», núm. 497, 2007, p.10. [5]Francis George Steiner, París; 1929. [6]Cfr. George Steiner, Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento, traducción de María Cóndor, México, editorial FCE-Centzontle-Siruela, 2007. [7]Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, Alemania; 1775-1854. [8]Friedrich Schelling, Sobre la esencia de la libertad humana (1809) citado como epígrafe las Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento de George Steiner. [9]Cfr. Sonia Viramontes Cabrera, «Prólogo» en Sofía Gamboa duarte, Travesía del arte contemporáneo en Zacatecas (2006-2010), México, editorial Conaculta-IZCRLV-Gob., del Edo., de Zac, 2010, p.9. [10]José Ortega y Gasset, «Sigue la deshumanización del arte» en La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, México, editorial Austral, 2008, p.68.

Seminario de Literatura Mexicana