jueves, 16 de julio de 2009

Pregunta escencia-L

Yo, que soy profesor y para quien la literatura, la filosofía, la música y las artes son la materia misma de la vida, ¿cómo voy a traducir esta necesidad a conciencia moral concreta de la necesidad humana, de la injusticia que contribuye en tan gran medida a hacer posible la alta cultura? Las torres que nos aíslan son mucho más que coriáceas que el marfil. No conozco ninguna respuesta convincente.
[George Steiner en «Los disidentes del libro», Los logócratas]

martes, 7 de julio de 2009

Prolegómeno lectural a Gabriela Suárez del Real (2de2)

[Actos de Fe en los conjuntos sensoriales]
II
Escribió José Juan Tablada:
La luz no parpadea,
el tiempo se vacía de minutos,
se ha detenido un pájaro en el aire.
Es una lectura lenta, para la voz alta, que debe hacerse en soledad y recordarse en los momentos de hastío. Los ritmos internos de cada palabra tiene una melodía lenta, casi eterna; como un largo, estruendoso trombón en un solo que alarga la nota haciéndonos sentir la agraciada vida en el auditorio. Luego, en su línea está el concierto total: el principio, el fin, los descansos, las tomas de aire, las vueltas de la hoja, la vestimenta, la batuta. El final es un momento lúdico, similar al de las orquestas cuando preparan la sonata y todos practican en su soliloquio y nosotros, desde nuestro tibio lugar, divertidos con los «do», «fa sostenido» o «re menor» que pasan ante nuestros oídos poseyéndose una a la otra. GSR Así «Un instante de silencio», «Sanando el alma», «Remedio para mi pena». Igual son conciertos lentos con inmarcesibles solos de chelo, de oboe y trompeta: sencillos, sutiles, austeros, simétricos, libres… El conjunto sensorial nos habla del detallado proceso de elaboración, una provocadora deleitosa para la contemplación. GSR «Vetagrande» es el canto Pazciano:
Somos fantasmas.
Aquí nadie es real.
¡Nadie ni nada!.
La desnudez adánica de la artista porque no oculta su procedencia, su amor al cielo que la baña de noche: si buscáramos una obra que dijera de dónde proviene la creadora, ésta sería la respuesta. Es su estado paradisiaco, un mundo de revés, irrepetible, milagroso. GSR Los actos de fe con los que Gabriela Suárez del Real pinta son estadías, momentos de respiro. Sí, pintora chick y zen. Una provocación al dilettanti y un ceño al colega.

lunes, 6 de julio de 2009

Prolegómeno lectural a Gabriela Suárez del Real (1de2)

[Actos de Fe en los conjuntos sensoriales]
I
Existen cosas en la vida que no pueden ser menos que actos de fe. La imposición a la pérdida o huir de lo sin nombre, el deseo indeclinable o la búsqueda en el olvido, el reflejo en la mirada ajena o la ambigüedad de todo pensamiento, por ejemplo. La experiencia se conforma, en muchas ocasiones, sólo por recuerdos; deslices fugitivos en la memoria descifrables únicamente por el sentir que se retroproyecta sinnúmero de veces sobre nuestro cuerpo: morfología tutelar de las musas. Esa lección, vuelta en pericia por el dolor y el llanto o por el placer y los orgasmos, es nuestra, a pesar de encontrarse limitada por el lenguaje que nos llama está ahí, innegable: eso es un acto de fe. GSR Los actos de fe tienen el valor de forjar aleaciones que se ligan al cuerpo. A Odiseo el anhelo de abrazar a Telémaco, su hijo, y hacerle el amor a Penélope, su esposa, lo llevaron al encuentro con reyes, dioses, seres mitológicos; a resistirse de Circe, la hechicera, o sobrevivir del viaje al mundo de Hades para consultar al ciego Tiresias. Su acto de fe no era razonable; era [es] sensible. En «Laguna de rocío» Gabriela Suárez del Real pinta al oleo una pequeña barcaza que se tambalea entre el azul profundo y el negro mar de la superficie. Barcaza roja que parece izar las velas caídas en la tormenta nocturna, anuncio del grisáceo día velado por el sol. La obra es la suma de la Odisea. En el detalle está la narración, la odiosa partida, la anhelada espera, el dolor de furtivo, la paz anhelada. En el espacio está quien la cuenta y cómo la cuenta, el verbo hablando, respirando. GSR La obra de Gabriela Suárez del Real tiene una categoría especial. Su discurso parece sintetizarse en sucinto lapso para dar tiempo al hábitat limítrofe. Su lectura parece sencilla porque, al estilo de la filosofía zen en la estética de los haikú o haikai, contiene una palabra clave que musicaliza la obra en su totalidad. Sin embargo, la complicación de su obra radica en la aceptación de su neutralidad hermética y el acometimiento provocado en sus colores centrados en su «verbo motivante», el centro impulsor de su trabajo. GSR «Pasión al alba» musicaliza el poema de Liria Miyakawa:
Líquida noche,
dulce tamborileo
sobre los sueños.
Tres elementos en cada verso que Suárez del Real traduce de la armonía para su elemento pictórico, con fijada esencia e individual finca. Es una infrecuente creación para Suárez del Real porque acumula y desprende: el centro es un epicentro, el ciclón fundador.

miércoles, 24 de junio de 2009

Memoria Universitaria o el Quehacer del Recuerdo [3de3]

[Mesa Revuelta]
En una de las salas altas del teatro «Fernando Calderón», a la que hay que llegar por medio de escaleras destartaladas y abriendo viejas puertas chillonas, se encuentra una de las dos mesas revueltas de Fidencio Díaz de la Vega: uno de los objetos artísticos más representativos del primer cuarto del siglo XX en Zacatecas. A un costado de otra escalera, esta de madera, se haya cubierta por un plástico y papel que hace las veces de protector contra el polvo, la resequedad, el calor: tiempo. [MR] Tallada con sobriedad y embarnizada en rojo nocturno, aunado a la delgadez de sus cuatro piernas, sorprende por su resistencia. El cuerpo total sobrepasa, quizá, los ochenta centímetros de largo y el metro de alto, pero cuando las puertas que custodian la vidriera se abren, quizá alcance los ciento cincuenta centímetros de extendido. En su interior, la vidriera que hace las veces de escaparate resguarda las papeletas delartista, en la que se descubren desde hojas sueltas que dan fe de la historia nacional, a ejercicios para la buena letra, ensayos de dibujo u otros elementos particulares. [MR] La mesa revuelta de Fidencio Díaz de la Vega, más que una propuesta artística que bien podría verse como un ejercicio vanguardista, es una práctica lúdica. El objeto representa por sí mismo una especie de «cápsula del tiempo» que encuentra las herramientas básicas de trabajo del creador o el itinerario fundamental para el ejercicio docente. Mesa revuelta que da fe de la labor e idea solaz del que fuera uno de los primeros maestros de pintura en Zacatecas. [MR] Alguna vez escribió Jorge Luis Borges que «uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que lee». Esta frase bien la pudo acuñar Edmundo O’Gorman con algunos cambios sutiles: «Uno no es lo que es en el presente, sino por lo que está consciente que fue por su pasado». Para la mesa revuelta, uno no es el hoy sin reconocerse en el ayer. En el cuidado del arte, como en el de las palabras.

martes, 23 de junio de 2009

Memoria Universitaria o el Quehacer del Recuerdo [2de3]

[Tiempos velados/develados]

Hay palabras que existen de siempre; que fueron concebidas en los momentos sin tiempo haciéndose grandes, poderosas o temerarias; que viven a costa de las manecillas del reloj o esperan el embrujo que las reviva del olvido. Prevalecen, también, palabras que nos son propias, de feudo significativo individual dado ya por la cultura, ya por la tradición, ya por la familia, ya por experiencia vivencial. De la misma forma que poseemos el lenguaje gozamos la vida; lo que el destino dio, provee y devendrá… Al recorrer ese puente el ayer es tan propio y ajeno como el hoy o el mañana. Somos, ergo, por la tradición y la novedad. [v/d] Así como existen palabras que deben cuidarse, también hay tiempos que deben velarse/develarse. Recuerdos, acciones, individuos que custodiarse, violando la ignorancia, el polvo o la estulticia. Guerras perdidas, lecturas somnolientas, amores conquistados que no presenciamos, no obstante nos conforman. Parafraseando a Octavio Paz, los ojos, los sentidos, la memoria al ver, al sentir, al recordar esto o aquello, confirman la realidad de lo que ven, de lo que sienten, de lo que recuerdan, tanto como su propia realidad. Reconocimiento mutuo: me reconozco en lo que reconozco, en lo que digo, en lo que veo, en lo que recuerdo. [v/d] En ese auto reconocimiento la memoria hace su trabajo. Por ejemplo, digamos «Fidencio Díaz de la Vega». Un hombre que ignoramos lugar, fecha de nacimiento y muerte; sin embargo sabemos fue un extraordinario maestro de pintura y director en lo que fuera entonces el Colegio San Luis Gonzaga, luego Instituto Literario de Zacatecas. Estamos, por así decirlo, al corriente de su formación en las ciudades de Veracruz y México y su llegada a esta entidad, además de su labor en la serigrafía, publicidad y más. Intuimos que sus alumnos le tuvieron gran aprecio y murió en la capital de nuestro estado, no sin dejar escuela y muestra de su purista trabajo.



[Por espacio, no subo toda la argumentación, sin embargo dejo la referencia del Catálogo. Pinacoteca del Poder Judicial del Estado de Zacatecas de José Enciso Contreras]
Uno de los retratos de Santos Degollado y el de Ignacio Zaragoza, fueron ejecutados por don Fidencio Díaz de la Vega. Aunque su obra alcanza una excelente calidad, sólo existen actualmente en Zacatecas algunos de sus cuadros, precisamente en la universidad donde se conserva su memoria. [CP] Tras haber permanecido cerrado durante dos años, el 1868 reabrió sus puertas el Instituto Literario de Zacatecas, intitulado ya como Instituto Literario de García. Fue en ese año cuando probablemente Díaz de la Vega llegó a Zacatecas a hacerse cargo de la cátedra de dibujo. Se distinguió por su notable trayectoria educativa, pues fue prefecto del Instituto, vice-director en 1873 y posteriormente su [bis] director en 1874. La tradición universitaria le recuerda por su bonhomía y actitud paternal con los estudiantes; sabemos que fue autor de una considerable obra pictórica que sin embargo ha sido poco conocida. Un retrato de este personaje se conserva en la pinacoteca de la Universidad Autónoma de Zacatecas, al igual que una de sus dos mesas revueltas. [CP] Hasta ahora no se había consignado que Fidencio fue durante muchos años alumno de la Academia de San Carlos y trabajó directamente bajo la dirección de Pelegrín Clavé. No hemos averiguado la fecha ni el lugar de su nacimiento, pero es muy probable que haya muerto en esta ciudad de Zacatecas. [CP] Su obra fue prolífica y todavía a principios de la década de los 60 del siglo XX, se conservaban varias de sus piezas en las colecciones de la Escuela Nacional de Bellas Artes, heredera de la Academia de San Carlos, que fueron catalogadas por don Manuel Romero de Terreros. Las obras son de varios tipos, como correspondía a la que producían los estudiantes en el proceso de su formación. [CP] Por ejemplo se han enumerado sus óleos, copias de otras obras: una Virgen de Belén, copia de P. de Cortona; Piernas de un ángel, copia de Podesti; El divino Salvador, copia de Flores; [bis] [CP] Óleos originales del autor: El apóstol Santiago, el Menor; Santiago Apóstol; Media figura de Abraham; San Sebastián; Juan Guttenberg; Juan Sancio enseñando a pintar a su hijo Rafael –siendo éste quizá el más reconocido de sus trabajos-; San Miguel venciendo a Luzbel y, finalmente, Las tres Marías en el sepulcro del Salvador.
De cualquier manera, su presencia en la vieja escuela de San Carlos debe ser anterior, pues en la fecha que hemos anotado, sus destrezas no eran precisamente las de un novicio. En pintura y dibujo del natural obtuvo don Fidencio dos menciones honoríficas en 1854, y al año siguiente consiguió, por un par de cuadros premiados, la pensión de la academia y un tercer lugar en la clase de desnudo tomado del modelo vivo. Fueron varios los reconocimientos similares que recibió el pintor durante su estancia en la academia, la cual se extendió, por lo menos, hasta 1857.

lunes, 22 de junio de 2009

Memoria Universitaria o el Quehacer del Recuerdo [1de3]


[El privilegio
de los sentidos]
Abracadabra es una palabra mágica. Pronunciarla debe ser pensado más de una vez y, en caso de arriesgarse a hacerlo, saber sus posibles connotaciones. Es necesario conocer que su pronunciación es universal. Es ineluctable entender que existen tres definiciones generalizadas de su significado, las cuales son: «Envía tu fuego hasta el final», «Yo creo como hablo» -del arameo- e «Iré creando conforme hable» -del hebreo-. Es inexcusable elucidar que las tres versiones poseen categorías místico-mágico-esotéricas. Que, en lo particular, le debo respeto a cada una de sus letras y fonemas; que prefiero la primera traducción porque atiende cosmogonías poéticas personales. Creo, con firmeza, que deberíamos usarla con elegancia, en momentos especiales y, al hacerlo, tener en cuenta la probabilidad de que los dioses volteen a verte, a escucharte, a atenderte. Abracadabra no es una palabra cualquiera, igual que amor, humanidad, orgullo, esperanza… [PS] Tengo la convicción de que las palabras no sólo viajan por el viento, entre nosotros, para ser escuchadas; sino que también lo hacen para ser sentidas. A pesar de no estar presentes cuando tal o cual fue dicha, hemos, habremos de sentirla, ya su fuerza intrínseca ya la energía proferida. Más allá de lo que es posible ver, oír, sentir conscientemente, las palabras viajan para alojarse, coquetear, desahuciar o revitalizar. Las palabras se escabullen, como los peces al viajar de océano a mares entre corrientes o sabores, para llegar a aguas cálidas y ser, procrear o morir. Un «efecto mariposa del decir», si quiere verse de esa forma. Un efecto poético carga a cada una, hasta la mínima de ella, si se desea se entenderá: esa es la magia, el poder de la palabra, afirman los poetas y filósofos. [PS] Ninguno decimos «te amo» a diestra o siniestra. Nadie afirma que será repuesto su orgullo cuando es tropezado por un mal paso. Sería cosa de locos negar tener esperanza en el porvenir, en la humanidad. Sería aventurado no aceptar que noche a noche nos vamos a la cama con la esperanza de un día mejor al siguiente amanecer o de no hacer propio el sueño que perturba o aquieta. No lo hacemos. Cuidamos lo que decimos. Velamos por esas palabras. Velamos por lo universal que, en mi voz, se hace propio sistematizando las emociones, privilegiándonos…

lunes, 8 de junio de 2009

Qué diablos!

Un diablo se cayó al fuego,
otro diablo lo sacó
y otro diablo le decía:
«¿Cómo diablos se cayó

Cancionero Tradicional Argentino de Horacio Jorge Becco (comp.)

jueves, 7 de mayo de 2009

Algo de L. A. Guichard

·«Telaraña» de Toledo·
«·El·orden·de·las·cosas·»

/ Todo estaba repartido desde el principio / A la jirafa, un corazón de pozo profundo / A Ulises el divino, los nudos de su balsa / A cada siglo, su propio cuchillo afilado / A cada máscara, un solo personaje / Al agua, no pasar del cuello / Al vértigo, la inmovilidad si la desea / Al llanto de Demócrito, la risa de Heráclito / A los amigos, más de lo posible / A la hija única, todas las fotografías de su madre / A los padres de todos, que nada cambie demasiado / Al día, la amenaza del infinito / A las vacas de peluche, el mito de Europa / A la tierra plana, otras cosas bellas que no existen / A la ciudad, un círculo, una línea y buena suerte / A los libros, que valgan al menos lo mismo que un minuto de realidad / Al camello, el reino de los cielos directamente / Al lugar en se nace, una maleta con una brújula / Al lugar en que se muere, otra (y juro que existen) / A la mierda, tantos años de hambre / A Narciso, un estanque limpio / A los caminos laterales, que se vuelvan centrales / (y a los centrales, que se vayan de fiesta) / A la luz, ser monopolio de un solo sentido / A los amantes, hacer largo su viaje / A los poetas jóvenes, tres manuales de métrica / A los poetas mayores, ver lo que veía Rilke / A la alegría, una manzana, un Buda y un relámpago / Al azar, todo lo demás./

miércoles, 6 de mayo de 2009

J.G.Ballard, muerto a los 78 años


·C·r·e·d·o·
/ Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para liberar la verdad que llevamos adentro, para sujetar la noche, para trascender la muerte, para hechizar las autopistas, para congraciarnos con los pájaros, para asegurarnos las confidencias de los locos. / Creo en mis propias obsesiones, en la belleza del choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en las excitaciones de la playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los edificios para estacionamiento de coches, en la poesía de los hoteles abandonados. / Creo en las olvidadas pistas de aterrizaje de Wake Island que apuntan hacia los Pacíficos de nuestras imaginaciones. / Creo en la misteriosa belleza de Margaret Thatcher, en el arco de las ventanas de su nariz y en el brillo de su labio inferior- en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos@ en las 'obsesionadas sonrisas del personal de las gasolineras- en mi sueño de Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado ante la mirada de un tuberculoso empleado de una gasolinera. / Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus imaginaciones, tan cercana a mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los encantados rieles cromados de los mostradores de los supermercados; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones. / Creo en la muerte del futuro, en el agotamiento del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de las sonrisas de las camareras de las autopistas y de los ojos cansados de los controladores del tráfico aéreo en aeropuertos fuera de estación. / Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la princesa Di, en los dulces olores que emanan de sus labios mientras miran las cámaras del mundo entero. / Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas de la 'misión Apolo. / Creo en nada. / Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las Torres de Watts, Bocklin, Francis Bacon, y todos los artistas invisibles encerrados en las instituciones psiquiátricas del planeta. / Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el disparate del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en la intención asesina de la lógica. / Creo en las mujeres adolescentes, en su corrupción por la postura de sus propias piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros de partes pudendas que dejan en los baños de hoteles miserables. / Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que ha volado alguna vez, en la piedra arrojada por un niño pequeño, que lleva la sabiduría de los estadistas y de las parteras. / Creo en la dulzura del bisturí del cirujano, en la ¡limitada geometría de la pantalla del cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en nuestra repetitividad, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo. / Creo en la luz que emiten los grabadores de video en las vidrieras de las tiendas, en las mesiánicas agudezas de las rejillas de los radiadores de los automóviles de exhibición, en la elegancia de las manchas de aceite en las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas asfaltadas de los aeropuertos. / Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente. / Creo en el trastorno de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Céline, Swift, Defoc, Carroll, Coleridge, Kafka. / Creo en los proyectistas de las Pirámides, el Empire State Building, el Führerbunker de Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island. / Creo en los olores corporales de la princesa Di. / Creo en los próximos cinco minutos. / Creo en la historia de mis pies. / Creo en las jaquecas, el aburrimiento de las tardes, el miedo a los calendarios, la traición de los relojes. / Creo en la angustia, la psicosis y la desesperación. / Creo en las perversiones, en nuestro enamoramiento de árboles, princesas, primeras ministros, gasolineras abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), nubes y pájaros. / Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación. / Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza. / Creo en el alcoholismo, en las enfermedades venéreas, en la fiebre y en el agotamiento. / Creo en el dolor. / Creo en la desesperación. / Creo en todos los niños. / Creo en los mapas, los diagramas, los códigos, los juegos de. ajedrez, los rompecabezas, los horarios de vuelos, los letreros indicadores de los aeropuertos. / Creo en todos los pretextos. / Creo en todas las razones. / Creo en todas las alucinaciones. / Creo en todas las rabias. / Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones. / Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la bondad de los árboles, en la sabiduría de la luz./
[Science Fiction, febrero de 1984]

viernes, 24 de abril de 2009

"Sobre el surrealismo hispanoamericano: el fin de las habladurías" de Octavio Paz


El surrealismo ha sido la manzana de fuego en el árbol de la sintaxis / El surrealismo ha sido la camelia de ceniza entre los pechos de la adolescente cada noche poseída por el espectro de Orestes / El surrealismo ha sido el plato de lentejas que la mirada del hijo pródigo transforma en festín humeante de rey caníbal / El surrealismo ha sido el bálsamo de Fierabrás que borra las señas del pecado original en el ombligo del lenguaje / El surrealismo ha sido el escupitajo en la hostia y el clavel de dinamita en el confesionario y el sésamo ábrete de las cajas de seguridad y las rejas de los manicomios / El surrealismo ha sido la llama ebria que guía los pasos del sonámbulo que camina de puntillas sobre el filo de sombra que hace la hoja de la guillotina en el cuello de los ajusticiados / El surrealismo ha sido el clavo ardiente en la frente del geómetra y el viento fuerte que a medianoche levanta las sábanas de las vírgenes
El surrealismo ha sido el pan salvaje que paraliza el vientre de la Compañía de Jesús hasta que la obliga a vomitar todos sus gatos y diablos encerrados / El surrealismo ha sido el puñado de sal que disuelve los tlaconetes del realismo socialista / El surrealismo ha sido la corona de cartón del crítico sin cabeza y la víbora que se desliza entre las piernas de la mujer del crítico / El surrealismo ha sido la lepra del Occidente cristiano y el látigo de nueve cuerdas que dibuja el camino de salida hacia otras tierras, otras lenguas y otras almas sobre las espaldas del nacionalismo embrutecido y embrutecedor / El surrealismo ha sido el discurso del niño enterrado en cada hombre y la aspersión de sílabas de leche de leonas recién paridas sobre los huesos calcinados de Giordano Bruno / El surrealismo ha sido las botas de siete leguas con que se escapan los prisioneros de la razón dialéctica y el hacha de Pulgarcito que corta los nudos de la enredadora venenosa que cubre los muros de las revoluciones petrificadas del siglo XX / El surrealismo ha sido esto y esto y esto y esto, pero aquí cierro la llave de la enumeración, abro el cajón de las retribuciones, saco unas orejas y colas de burro y adorno con ellas a varios críticos y revisteros locales.

Seminario de Literatura Mexicana