lunes, 16 de marzo de 2020

Librerías de bibliófilos (1)


Vestigio de autoria y propiedad
Librerías de bibliófilos


En 1869 la imprenta, ubicada en calle de los Rebeldes número 2, de Ignacio Cumplido (Guadalajara, 1811-1887) publicó el Tratado de la propiedad. Ensayo de un estudio del derecho romano y del derecho público y constitucional en lo relativo a la propiedad de Manuel Payno (CdMx, 1810-1894). En la portada destaca la presentación del autor como Catedrático de Economía en la Escuela de Comercio y una cita a manera de epígrafe de Grandeza y decadencia de los romanos de Montesquieu (Francia, 1689-1755) donde advertía que: «No hay tiranía más cruel que la que se ejerce en un nombre de las leyes y con los colores de la justicia, cuando se va, por decirlo así, á ahogar á los ciudadanos en la misma tabla que se les había dado para su salvación». El libro, de 217 páginas, contiene el prólogo de Guillermo Prieto (CdMx, 1818-1897), advertencia, 29 capítulos y conclusión. Un ejemplar del impreso que se encuentra en resguardo de la Secretaría de Cultura, y ha sido puesto en acceso abierto en la plataforma electrónica Mexicana, lleva la peculiaridad de que, en la página blanca anterior a la titular, fue firmado por Payno y dedicado a Joaquín García Icazbalceta (CdMx, 1825-1894).
Tratado de la propiedad fue escrito con pretensiones didácticas y su valor literario-bibliográfico forma parte, por un lado, de las referencias creativas del escritor y, por el otro, a aspectos contextuales del liberalismo mexicano decimonónico. Para los expertises, su presencia responde a las necesidades prácticas del momento, funciona para leer el periodo histórico y poco más. La obra es posible adquirirla en versión modernizada u original. La primera, con el sello de conaculta, en rústica, en 250 pesos mexicanos, no más de 11 dólares, es el tomo xix de las Obras Completas (2007, 316p.), junto con Convención española y Memoria sobre la convención inglesa, en el que se lee:

En 1869, vio a la luz el Tratado de la propiedad. Ensayo de un estudio del derecho romano y del derecho público y constitucional en la relativo a la propiedad, compendio del desarrollo histórico en Europa de las formas de la propiedad y de las leyes que las regulan, así como apuntes más breves de las formas de propiedad de los aztecas, de la Nueva España y del México independiente temprano.

La segunda, en por lo menos dos librerías de viejo y de bibliófilos. Por una parte, en la Librería de Ocasión muestran disponible la obra en su catálogo exhibiéndola con fotografías del encuadernado con lomo de piel y la hoja de portada, y le atribuyen el costo de ocho mil pesos mexicanos, no más de 400 dólares. Por otra, en Los libros del dr. Sámano la presumen con siete fotografías en las que se observa considerable daño en la esquina derecha de la cubierta, desgaste y descoloramiento en el lomo y páginas, con algo de polvo en los cantos. La curatoría advierte que en las «páginas 56, 57, 58, 62 y 63 [están] con subrayado y anotación a lápiz. De la página guarda hasta la página 23 en la parta inferior hay “galerías”» y en la página titular aparece «Firma y dedicatoria del autor al General Porfirio Díaz». Estas cualidades proveen ejemplaridad al libro que, aunque no provee de mayores aportaciones materiales, tipográficas o artísticas, lo hacen único tazándolo en 25 mil pesos mexicanos, casi 1,100 dólares.
De los ejemplos de disposición sobre un original con más de cien años es posible desligar conceptualmente tres maneras de ejercer el oficio de librero. En el primero, la edición de conaculta presenta una reedición actualizada con introducción de especialistas y es posible adquirirla con cierta facilidad en cadenas de librerías. La segunda, el caso de Librerías de Ocasión es el ejemplo más común para los impresos tipo, conservados, casi sin deterioro y cotizados sólo por su temporalidad con algún añadido, para el caso es el lomo en piel. En el tercero, Los libros del dr. Sámano apuntan a un lector bibliófilo que, más que el documento, está en búsqueda de singularidades, en este caso y a pesar de los daños físicos, la firma y la dedicatoria, son los elementos que sobresalen. El primero apunta a un sector, el lector puro. El segundo y tercero al lector-bibliófilo que se diferencia, fundamentalmente, en el poder adquisitivo.
¿Y, tú, cuánto estás dispuesto a pagar?

martes, 18 de febrero de 2020

el abuelo del PRI


Investigar el origen político
Partido Nacional Revolucionario (pnr)

Artículo publicado en la revista digital Quehacer (año 4, no. 45, febrero 2020),
de la Universidad Autónoma de Zacatecas



Con vigencia de casi una década (1929-1938), el Partido Nacional Revolucionario fue el elemento que cohesionó y dio forma a la estructura política del país. Sobre la presencia de éste en el estado y sus maneras de consolidación, la maestra Tania Yaneth Vaquera Escobedo, profesora en la Unidad Académica de Derecho, elabora la investigación doctoral «El Partido Nacional Revolucionario en Zacatecas: 1917-1938», dirigida por el dr. Marco Antonio Flores Zavala, en el Doctorado en Historia. El eje que mueve la tesis es describir la aparición y las adhesiones a los idearios nacionales desde lo local, y la forma en que cambiaron los procesos electorales, además de indagar las formas y contenidos en las negociaciones políticas permitidas sólo desde el mismo pnr.
            Sobre el tema, el par de investigadores universitarios expusieron y disertaron en la columna universitaria «Certezas y Paradojas», para Avance Universitario, que conduce Edgar A. G. Encina, de la Unidad Académica de Letras. Se dijo, entre otras cosas, que el ejercicio democrático tuvo distintas etapas antes de llegar al modelo actual. Una de esas fases fueron las elecciones indirectas, promovidas en el siglo xix por organizaciones, clubes políticos y liderazgos que detentaron el poder. Las elecciones directas, que fundamentalmente significan un ciudadano un voto, fueron posible hasta la aparición de las leyes electorales; en Zacatecas en 1869 y a nivel nacional entre 1911 y 1912.
Los intereses de la investigación van en el camino de entender la funcionalidad del pnr en Zacatecas, su formación local,  las maneras de adhesiones al círculo nacional, así como la ruptura y continuidad en los procesos electorales tras la formación del instituto político. Lo anterior porque en la historiografía regional el vació en la indagación zacatecana es notorio y la etapa de estudio ofrece elementos fundamentales para entender el pasado y explicar el presente. Por ejemplo, en el periodo de estudio se consolida el estado postrevolucionario mexicano y falta observar quiénes fueron los actores y quiénes los liderazgos políticos; mirar las convivencias, afinidades, desavenencias y negociaciones para acceder al poder en Zacatecas; descubrir cómo desde la localía se disciplina y adhiere a los ideales impuestos por el centralismo de Plutarco Elías Calles. En fin, cómo se conforman las nuevas ciudadanías en el primer tercio del siglo xx que ya no resolverían sus problemas con las armas, sino desde la política y con la ley; es decir, haciendo sociedad.

jueves, 6 de febrero de 2020

De «La biblioteca de los libros rechazados» (Alfaguara, 2017)


Antidepresivos
Una biblioteca para calmar la frustración

Edgar A. G. Encina



El artículo fue publicado en la revista electrónica Quehacer, 
de la Coordinación de Comunicación Social, UAZ, NUEVA ÉPOCA, Año 4, No. 44, ENERO 2020
[.pdf] ☛http://bit.ly/2uXIxS0   
[ISSUU] ☛ http://bit.ly/2uZTaUx







¿Tiene algún manuscrito que no haya sido publicado a pesar de sus esfuerzos? ¿Su obra es original y con buen número de cualidades, pero aun así nadie se mostró interesado en apoyarle? ¿Su trabajo ha sido rechazado y ahora, empolvado, se debate entre tirarlo a la basura o arrumbarlo en el baúl de los desagravios? No lo haga. Le tengo una propuesta.
En Washington, eua, se aloja la Biblioteca Brautigan. Allí está la colección más grande de manuscritos rechazados en el mundo. El acervo, que inició su construcción en la década de 1970 con el ideario de Richar Brautigan (eua, 1935-1984), todavía recibe ejemplares no deseados o «embrujados» y recibe a lectores interesados. No existe regla de impedimento para aceptar el documento, basta con llenar un formulario y enviar. También hay otra opción: con la misma idea y funcionamiento, pero en el pueblo de Crozón en la Bretaña francesa, Jean-Pierre Gouvec ha emulado el ejercicio. Allí se ha formado una colección enorme y fantástica de la escritura europea rechazada.
Sobre la última David Foenkinos (Francia, 1974) ha escrito en La biblioteca de los libros rechazados (Alfaguara, 2017). El autor de Los recuerdos (Seix Barral, 2012) y galardonado en 2014 con el Prix Goncourt des Lycèen por Charlote (Alfaguara), tomó como pretexto la existencia de esa-institución pública que recibe las obras que nadie ha querido publicar y, de paso, recetarnos al lugar como antidepresivo. En la historia se desata un misterio, una obra, un escritor mediocre y una editora exitosa. La trama, que juega al suspenso policiaco, ata hilos y confunde los espacios hasta el último párrafo donde todo queda al descubierto.
            Es Labiblioteca de los libros rechazados un pretexto para hablar del «éxito»; único fin del mercado. Acá se desvelan las enfermedades del sector editorial que, cada vez más, sólo atiende al aplauso, al buen fin comercial y a la moda y, cada vez menos, apuesta por obras con riesgo o pocas probabilidades de ventas.


viernes, 27 de diciembre de 2019

De «El lector a domicilio» de Fabio Morabito


El castigo, la pena, el premio
de «El lector a domicilio» de Fabio Morabito

Edgar A. G. Encina
Artículo publicado en la revista digital Quehacerde la Universidad Autónoma de Zacatecas



Eduardo Valverde, administrador de la «Mueblería Valverde», ha sido enjuiciado por un delito menor. Gracias a sus conexiones familiares y de negocio, el juez optó por imponerle como castigo leerles a familias pobres, desposeídas y/o con problemas sociales. Eduardo aceptó la pena, porque la otra opción era lavar baños públicos o tallar paredes grafiteadas. Empero, en las 161 páginas de esta historia que Fabio Morabito (Egipto, 1955) tituló como El lector a domicilio (Sexto Piso, 2018) jamás nos enteramos cuál fue la infracción, aunque para los amigos y la familia fue un «grave» y «penoso» acontecimiento.
         En El lector a domicilio, obra reconocida en 2018 con el Premio Xavier Villaurrutia para Escritores, vemos un hombre visitando hogares para leer Crimen y castigo de Fiódor Dostoievski, La isla misteriosa de Julio Verne, Otra vuelta de tuerca de Henry James, La metamorfosis de Franz Kafka, Desayuno en Tiffany’s de Truman Capote y cuentos de Agatha Christie, entre otros. Empero, dos elementos consienten la trama de la obra; por un lado, la imposibilidad del personaje a concentrarse en su quehacer y, por el otro, las historias entre Eduardo y su familia, y Eduardo y una mujer de la que se ha enamorado. Allí, en el centro de los relatos, «Tu piel» de Isabel Fraire (México, 1934-2015), provee de sentido y ritmo:

Tu piel, como sábanas de arena y sábanas de agua
en remolino
tu piel, que tiene brillos de mandolina turbia
tu piel, a donde llega mi piel como a su casa
               y enciende una lámpara callada
tu piel, que alimenta mis ojos
y me pone mi nombre como un vestido nuevo
tu piel que es un espejo en donde mi piel me reconoce
y mi mano perdida viene desde mi infancia y llega hasta
               el momento presente y me saluda
tu piel, en donde al fin
               yo estoy conmigo.

La novela, que a finales de 2019 0btuvo el Premio Roger Callois por su versión al francés, presenta una historia de gran ritmo, escrita con una prosa suave y delicada que, más que preocuparse por las imágenes, se centra en ideas profundamente preocupantes para una sociedad decadente ¿o, entonces, por qué leer sería un castigo?

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lunes, 7 de octubre de 2019

A propósito de «Luz (desecha)» de Miguel Ángel Cid


De libros brujos


Edgar A. G. Encina

Este artículo fue publicado en la revista Crítica. Fondo y forma



Susan en el quehacer de su lectura lleva un estricto ritual; por la mañana durante el desayuno y en la noche antes de dormir. Prefiere las novelas pesadas a las escuálidas que abundan en el mercado; la temática le funciona siempre que antes haya leído un par de reseñas. Nunca va a tientas ni a ciegas. Siempre, pero siempre, debe saber a dónde y por dónde. De entre sus manías resalta la predilección por subrayar con marcador amarillo las palabras que llevan «x» y con rosa o azul los espacios que se hacen entre las palabras. Días atrás, Susan me llevó Al límite (TusQuest, 2014) de Thomas Pynchon para que atienda las páginas 230 y 231. «Son magníficas —pronunció— un suave contoneo de hamaca que va y viene y al centro te da un breve váguido, como si el corazón quisiera detenerse…», a lo que, seguido, me arrebató el libro, lo cerró y esperó mi reacción. No es la primera ni la duodécima vez que acomete su trasegado protocolo, aunque todo el tiempo obtiene la misma respuesta: tonto de mí, pongo ojos de plato, brazos cruzados y palabras titubeantes que nada articulan. La salvedad es que esa semana le esperaba; había articulado un plan simple, pero profundamente malévolo.
Las secciones detonantes que atraen la mirada de Susan en las lecturas son páginas de alargados párrafos donde los espacios entre palabras se conectan, produciendo con sus marcadores rosa o azul figuras. Alguna vez creí distinguir un rostro, en otro una patita de perro u otra señal; esa última ocasión fueron líneas escurridas y puntos manchados, gotas de agua pegadas al parabrisas que se paran y engordan o que corren abriendo brecha por su lizo recorrido. Es de suponerse que a la fecha jamás he leído aquellas magnificencias que amenazan con provocarme un paro cardiaco, pero sí que he visto una mujer, el andar de un cuadrúpedo y una tarde lluviosa. Me pregunto si ¿será que Susan invita a iniciarme a un rito secreto y debo desvelar sus acertijos?, ¿o es su forma de revelarse como consumada lectora de imágenes encubiertas?, ¿o que me quiere llevar a su lugar de locura para tenerme de vecino? Esa ocasión, tuvo la más malvada y terrible de las respuestas; una contestación infernal que devoraría su alma, haciendo de su espíritu chicharrón en salsa verde.

«Susan —increpé— ¿has leído esto?», al tiempo que acercaba Luz (desecha) (Policromía, 2019) de Miguel Ángel Cid. En lo profundo de su intimidad se debatió por no abofetearme y endilgándome maldiciones. Puse cara de póquer. Apostaba un giro dramático propiciado por su falta de deferencia a libros de cuerpo delgado. Arremetí. En la página 25 escucharás el aullido de un coyote, en la 30 el timbaleo de unas maracas y en la 51 una cuesta que amenaza con venir abajo; la vida, pues, un recorrido extraviado, un mapa de trajín del que debes estar atenta porque, como advierte Gombich, son imágenes conjuradas que no debes fiar porque apelan a la parte más baja del alma y de la imaginación (Arte e Ilusión; Debate, 1998). Una lectura corruptora. Echado el lazo, quedó apretar fuerte el cuello: Ve a tientas —advertí— porque aquí está el espíritu de objetos que exploran las debilidades, es la advertencia transformada en papel de lo que Platón vio como algo próximo a la brujería o la prestidigitación (La República, Akal, 2009), matizada por un guion amistoso de Yolanda Alonso y la advertencia del autor que anota la palabra pasión casi con negrillas. Cuida cada página pues, como haz escrito, «el libro no es un arreglo enteramente satisfactorio para poner en circulación general conjuntos de fotografías. La sucesión en que han de mirarse las fotografías la propone el orden de las páginas, pero nada obliga a los lectores a seguir el orden recomendado ni indica cuánto tiempo han de dedicar a cada una» (Sobre la fotografía, De bolsillo, 2008).
Han pasado un par de semanas. La ausencia más larga desde que inició sus aturdidas visitas. Antes de terminar la lectura levanto por tercera vez la mirada, le busco en el público y no, no ha venido. Quizá fue excesivo. Quizá si es un libro brujo que amilana endebles corazones y su autor es portador del espíritu de un viejo chamán que sacraliza con la mirada y un clic.
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miércoles, 13 de marzo de 2019

De «La librería más famosa del mundo» de J. Mercer


Lugar para los que van al margen izquierda
Sitios y visitas a La librería más famosa del mundo de Jeremy Mercer

Edgar A. G. Encina
Profesor de cátedra en la Unidad Académica de Letras, uaz
Conductor de la columna universitaria para radio y multimedios «Certezas y Paradojas»

 Este artículo fue publicado en la revista Crítica. Fondo y Forma



He de confesar que conocí «Shakespeare and Company» [shakespeareandcompany.com] porque el destino me la puso enfrente un día no pensado. Sabía de ella y estaba en la lista de las primeras cinco cosas que re/conocer en París junto a —obvio- el Musée du Louvre, el casco antiguo de LaSorbonne, la Église de la Madeleine y el Musée de laFranc-Maçonnerie. La encontré por casualidad, agotado por una larga caminata en un tour personal que me llevó a visitar la Torre Eiffel, a recorrer en barco el Seine y comer en el Quartier Latin. Estaba de vuelta al hotel, algo extraviado y hecho una sopa a causa de los tradicionales chubascos otoñales que inundan la ciudad, cuando ella apareció en medio de un claro nubarrón, con sus enormes ventanales entintados en verde y su peculiar olor a libros viejos, a gatos, a libros nuevos, a sopa, a libros abandonados, a personas y a toda clase de libros…
         La librería más famosa del mundo es una historia de agradecimiento, cariño, fraternidad, aprendizaje y cien cosas más, que la Independt Bookstore dejó a de Jeremy Mercer (Canadá, 1971). La que he leído es la traducción al castellano que Rubén Martín Giráldez (España, 1979) trabajó para MalpasoEdiciones, en «Lo real» colección dirigida por Jorge Carrión (España, 1976). Es un libro negro, en pasta dura y con los cantos en naranja opaco como de ladrillo, que no pasa desapercibido por sus más de 300 páginas. El título original Time was soft there: a Paris sourn at Shakespeare & Co., fue publicado con el sello de Picador.
         Su visita, de la cual apenas pude adquirir cuatro o cinco títulos la primera ocasión, la he compensado con las añoranzas de Mercer, a la que pude palomear junto a Ripping Yarns Books en Inglaterra, La Torre de Lulio en México, The Last Bookstore en Estados Unidos o La Librería de Ávila en Argentina. Son comercios que ofertan libros en su mayoría de rehuso o viejos que han pasado con penas y glorias el fragor del tiempo y la novedad. Sitios con aroma especial e insólito espíritu que viste a la ciudad que las cobija y significa a sus habitantes y a sus testarudos parroquianos que resisten el embate de lo nuevo y de lo urgente, para recrearse ufanos en el polvo de la búsqueda y rebúsqueda de lo pasado.
La historia inicia con Sylvia Beach (Eua, 1887-1962) que abrió en 1919 la «original» Shakespeare & Company en la rue Dupuytren, que tres años después trasladó cerca de Saint-Germain-des-Pés. «El curioso rincón en el que se convirtió la librería fue el centro de toda una generación de escritores americanos y británicos afincados en París. Gente como F. Scott Fitzgerald, Gertrude Stein o Ezra Pound se reunieron allí para llevarse libros prestados, debatir temas literarios y tomar té caliente en el saloncito privado de la trastienda», relata Mercer. En un espacio entre guerras, la librería estuvo cerrada hasta que George Whitman (Eua, 1913-2011) se hizo cargo del negocio, haciendo del sitio desde 1963 «una extraña librería en la margen izquierda de París donde se podía dormir gratis se extendió hasta los confines del mundo. Llegaban allí por miles».
La librería… es una carta de recuerdo. No fue escrita para enviarse, porque equivaldría a un único lector, a su atesoramiento en el cajón de lo invaluable. Por eso, aunque reina el sentido de añoranza, en cada párrafo se descubre el enorme gusto por la aventura y la provocación al destino; por pisarle la cola al gato y esperar que no salte o que salte y huya o que salte y haga cualquier cosa menos que pegar sus uñas al rostro. ¿Qué mayor aventura destinada a perder, a fracasar, a deprimirse que abrir una librería? Y, qué aventura la de sobrevivir con el espíritu abierto, igual que un libro.



miércoles, 27 de febrero de 2019

Un argumento para dos notas curiosas


Diablillos Pintores y Brujas marcadas
Un argumento para dos notas curiosas

Edgar A. G. Encina
Este artículo fue publicado en la revista cultural Crítica. Fondo y forma.




diablillo pintor
Con algo de acento guasón, en una nota periodística de más de dos minutosAtresmedia[www.atresmedia.com] dio a conocer «El fraude de las pinturas rupestres declaradas Bien de Interés Cultural de Cádiz». Se trata de unas pinturas ubicadas en lo alto de un pedregal montañoso en Algodonalesque, en 1985 por su aparente similitud con trazos prehistóricos, fueron nombradas Bien de Interés Cultural, pero que son obra de un autor contemporáneo.
El principio de la historia se escribió cuando la Junta de Andalucía [www.juntadeandalucia.es]promovió el nombramiento,orillado por las conclusiones delsimposio de Altamira en el que un matrimonio de excursionistas llegara a relacionarsu hallazgo con arte del paleolítico. La trama se ha desvelado 30 años después cuando Manuel Román, vecino del lugar, aseveró que el autor de aquellos dibujos es Diego Escorza Márquez, «Dieguito», oriundo de allí.
         La reportera corresponsal Elena Álvarezacometió que«…recuerdansubiendo a esta sierra para pintar a lo largo de este tajo unas doce pinturas de animales o también de tribus danzando que se asemejan a las pinturas rupestres. Pero, es que también allá arriba hay dibujos de La Santa Cena o de unasMeninas. Son pinturas al óleo, nada qué ver con las prehistóricas. Por eso, aquí… lo tienen claro. No hay misterio qué resolver. El artista se llama Dieguito…»

Brujas marcadas
Imposible que no llamara mi atención el título que The Guardian[www.theguardian.com] dio a esta información: «Hundredsof symbols at gorgecould be Britain’sbiggestcollectionofprotectivesigns». Se trata de una nota que advierte la existencia de marcas apotrópicasenel desfiladero de piedra caliza deCreswell Crags, en East Midlands, Inglaterra,casadel Museum&PrehistoricGorge. Home of the Ice Age Hunter[www.creswell-crags.org.uk].
         Tales marcas son letras, símbolos y patrones que, según expertos, sugieren que «este lugar es la entrada al “inframundo”» y puestas para alejar los malos espíritus. Se afirma que esos símbolos tallados están allí para «disuadir influencias dañinas o malignas», coincidentes con las estampadas en puertas y ventanas de casas e iglesias construidas entre los siglos xvi y xix, cuando el asunto de la brujería era de preocupacióngeneral.
         Entre las marcas que sobresalen están «vs», «pms» e «is» en referencia a la Virgen María o Virgen de vírgenes, Pace María y Jesús. Estas filigranas conocidas como «Marcas de brujas»fueron asociadas a la protección, a la manera de losamuletos, más que a algún símbolo religioso. Lo importante, afirma Ronald Hutton, es la cantidad,«porque esas marcas pueden encontrarse por toda Gran Bretaña». Luego de su identificación en octubre pasado, el acceso al público ha sido limitado, pero está la posibilidad de darse una idea en un video que corre por redes sociales con el título «Witches’ Marks».

Un argumento
Debí recomendar para esta lecturaescuchar Boum(Verve, 1959)interpretada por BlossomDeariey el Agnus Dei(EpicSoundtrax,1967)de Samuel Barber, porque no encuentro otra forma de caracterizar las distancias entre las historias de un pueblo que dejó crecer la mentira del arte prehistórico y la cueva en medio de un bosque de la que pueden entrar o salir entes maléficos. Empero, ambas informaciones conectan con un ejercicio visual; las pinturas y las marcas son productos originarios de un individuo y de personas que aluden al gen original humano. Refieren expertos que los niños de todo el mundo, cuando todavía su«cultura» no ha permeado, más o menos antes de los tres años, son idénticos y podemos verlo en sus dibujos, los cuales cambian con el tiempo.
Teniendo en cuenta esto, en ambos relatos descubro tiempos personales y tribales que exponen momentoscandorosos, pues cuando la aventuray el pensamiento mágico dominan los cieloses posible hacer la andanza en el monte apenas con los pinceles a cuestas o al temer la oscuridad en la cueva descendente. Anécdotas que,entre la curiosidad, lochispeante y la superstición asoman lo que fuimos, lo que somos.



miércoles, 5 de septiembre de 2018

El blog del bibliotecario [en las Galápagos]


Hablar de libros muertos
El blog del bibliotecario [en las Galápagos]

Edgar A. G. Encina
Artículo publicado en la revista Crítica. Fondo y forma



El argentino Eduardo Civallero lleva desde 2015 el blogspot del «Bibliotecario [en las Galápagos]». Una recomendable lectura desde el celular o la tableta, mientras se viaja en el autobús al trabajo o —mejor aún— cuando vuelve a casa. Se trata de un libro vivo, que denota las marcas del paso del tiempo, en el que es posible perderse en alguna de sus «Palabras ancladas», «Palabras habitadas», «Los muchos caminos» y «Libros y lecturas indígenas», columnas que enlazan a publicaciones donde el bibliotecónomo ha colaborado.
         He conectado con él a partir de una página en Facebook llamada «Infomanos», coordinada por un colectivo peruano «que busca incidir, fomentar el debate, contribuir con la investigación, proponer mejoras, trabajando de la mano de otros actores claves del mundo de la bibliotecología peruana y afines». Éstos, subieron un video de no más de cinco minutos en el que Civallero resumía su participación, «Bibliotecas y compromiso social en América Latina», en el Seminario Internacional de Bibliotecología e Información sibi2018. Allí, de paso, descubrí que también lleva un par de blogs más; uno personal y otro que va de música, además de otro ya concluido.
El blogspot del «Bibliotecario [en las Galápagos]» ha iniciado el lúdico e interesanteproyecto digital: «Diez textos desaparecidos» donde,en cortos ensayos, reseña «libros históricos de los cuales se han perdido los originales y que han llegado hasta nosotros por fragmentos o referencias». Esta labor de divulgación es resultado de investigaciones realizadas desde su trabajo en la dirección de la Bibliotecade la Fundación Charles Darwin, en Galápagos.
Al tiempo que redacto estas líneas, Civallero ha superado la mitad del proyecto, pues va en el sexto artículo. Vale, para terminar de convencerte del piscinazo, la lista que lleva trabajada es:
                                     i.            Los libros Siblilinos, las profecías oculares
                                  ii.            Los poemas de Safo, y la «extrañeza» de la escritura
                               iii.            El Achilleis de Esquilo, la otra historia de Troya
                                iv.            Los códices mayas, los libros totales
                                   v.            El Panchatantra, el libro indio de fábulas
                                vi.            El Avesta, el libro del Zoroastrismo
En estos seis breves ensayos, el autor despliega los sueños de su manía bibliófila. Estoy seguro que antes de la redacción habitaba en él un suspiro de lamentación por la pérdida de esos libros, como joyas hundidas en el océano junto al galeón jamás encontrado. Aún, con la tragedia implícita, la suave redacción y la precisión del argumento permite —aprehendido de los clásicos griegos— poner, demoledoramente, el punto sobre la «i»
Quizá, al tiempo que lees estos breves párrafos, el argentino ya ha subido un par de documentos más. También, es probable que el acento de los libros comentados vaya en la trama de obras maravillosas que se nos extravían en la memoria y en el tiempo, que habitan los espacios del mito y que la reflexión pase del recuento histórico para llegar a los apuntes filológicos. En cualquier caso, estamos frente a un proyecto de libro digital ataviado por un sentido fresco de pensar la divulgación bibliográfica. Gogléelo, seguro que esos minutos de lectura le dejarán algo.



lunes, 27 de agosto de 2018

Notas a la «Obra selecta» de José Manuel Enciso


El pintor enamorado y la ciudad seducida
Notas a la Obra selecta de José Manuel Enciso

Edgar A. G. Encina
Este artículo fue publicado en la revista Crítica. Fondo y Forma



En 2008, enmarcado por las celebraciones de las tres décadas del nombramiento de la ciudad de Zacatecas como Patrimonio Cultural de la Humanidad [www.unesco.org], fue publicada la Obra selecta de José Manuel Enciso (Zacatecas, 1919-2018). Se trató de un trabajo financiado por el Gobierno del Estado [www.zacatecas.gob.mx], editado por José de Jesús Sampedro (Zacatecas, 1950), reluciente Premio Iberoamericano de Poesía «Ramón López Velarde» 2018, y producido en los talleres de Dosfilos editores.
Obra selecta recoge «…en una compilación circular que ubica al espectador en el centro mismo de esa obra en el momento de su contemplación. Aunque el centro no es nunca en toda su obra el personaje principal: lo es la luz, el color o el vacío. Asimismo lo es el cura, el indígena, la fachada de una hacienda o de un templo antiguo. Son temas, pero también son situaciones, pensamientos, el saber del artista en relación con Dios, las personas, los edificios, la naturaleza y la poesía», escribe Ricardo Barajas Pro en la introducción que titulo: «José Manuel Enciso: retratos de lo cotidiano».
La arquitectura del impreso es conformada por «…Dos, tres palabras…» de Roberto Cabral del Hoyo (Zacatecas, 1913-1999), la introducción y once series, a manera de capítulos o apartados, que antóloga 77 obras, en 141 páginas numeradas. Por un lado, las palabras del poeta son un prontuario al trabajo pictórico que «…al preferirlo a la acuarela y el óleo —técnicas todas en las que es un consumado maestro— para ofrecernos estas imágenes de Zacatecas, de tan austera belleza, de tan perfecto equilibrio, en las que no falta ni sobra trazo alguno». Por el otro, las series llevan los encabezamientos de «Huicholes», «Lopezvelardeanos», «Zacatecas i», «Personajes (y etcétera)», «Cristos», «Haciendas», «Paisajes», «Bodegones», «Zacatecas ii», «Figuras rurales», «Sobre platos de cartón» y «Apuntes».
La cubierta del libro es vestida por «Bufa ii», pintada originalmente al pastel en 1998, sobre una superficie de 47.5 x 63 cms. Una generosa y desahogada vista de la ciudad de Zacatecas, dominada por tonos color naranja-ladrillo, rojizos, azules y breves momentos blanquecinos, verdes y rosados. Estamos frente a la representación visual, trazo y color de «La bizarra capital de mi estado» que Ramón López Velarde (Jerez, 1888-1921) publicó en La sangre devota (1916), donde habita el «…verso sincerista | [de] la capital bizarra | de mi Estado, que es [de] un | cielo cruel y una tierra colorada».
Por un lado, Obra selecta de José Manuel Enciso vale para recapitular la importancia del pintor enamorado que seduce a una ciudad de «…típica montaña | que, fingiendo un corcel que se encabrita, | el dorso lleva una capilla, alzada | al Patrocinio de la Virgen…». Al tiempo que presenciamos el baile tenorio del artista a su origen inspirador, contemplamos las historias personales que hemos tejido por los callejones, las canteras y el sol abrazador de Zacatecas. De esa manera, la obra es circular per se.
Por el otro, vale ubicar el pincel de Enciso empatado con el de Humberto Carrasco (México, 1929) en la visión retratista de una ciudad. El primero, muestra transiciones coloridas, vaivenes en los matices y líneas pesadas que sostienen el tiempo. El segundo elabora imágenes fantásticas contenidas en la visión de un posible mágico. Aún, con Enciso es la vida un bucle giratorio por el que nos desplazamos, como en un tobogán en caída directa al chapuzón, pero que en el intermedio vemos colores, escuchamos al tiempo, sentimos gritos y olemos flores. Es la vida. Es la fuerza y la velocidad. Es lo que Enciso retrata, los alientos, las vistas, los sonidos, los momentos que recuerda mientras caía por los callejones de su ciudad seducida.
Queda preguntar, ¿cuándo el Museo Zacatecano acogerá la Obra selecta del maestro Enciso, el pintor seductor?



Seminario de Literatura Mexicana