Blog académico que mira en la literatura, la historia y la cultura principalmente mexicana, a través de ensayos, reseñas y archivos, al tiempo que explora temas como la memoria, las bibliotecas, los lectores y la investigación crítica editorial.
lunes, 11 de noviembre de 2024
martes, 8 de octubre de 2024
Presentación editorial "Vertientes educativas. Ensayos poliédricos"
Presentación editorial de
Vertientes educativas. Ensayos poliédricos
Coordinado por: Sonia Robles Castillo, Ma. de Lourdes de la Rosa Vázquez y Edgar A. G. Encina
Edición de la Universidad Autónoma de Zacatecas y del Centro de Actualización del Magisterio
Presentación de El bibliófilo enamorado en la FIL Monterrey 2024
Feria Internacional del Libro Monterrey 2024
Presentación editorial de
El Bibliófilo Enamorado de Alexis Martin
Estudio: Edgar A. G. Encina
Traducción: Cynthia García Bañuelos
Ilustraciones: Martín Olivera
Edición, Universidad Autónoma Metropolitana
lunes, 30 de septiembre de 2024
jueves, 26 de septiembre de 2024
Males bibliófilos. Los libros plegados
Males bibliófilos
DEl libro plegado al biblioTocapelotas
Edgar A. G. Encina
una versión de este documento ha sido impresa
en la Gaceta Universitaria de septiembre de 2024
Uno
The
Church of Dead Girls de
Stephen Dobyns es una novela de suspenso publicada a finales del siglo xx por Metropolitan Books. Se trata,
sólo para reseñar a vuelo de pájaro, de un trabajo consistente con la línea de
creación del prolífico y reconocido autor norteamericano al que la crítica le
ha catalogado en el género de la literatura negra. Por lo poco que he
explorado, tengo la impresión de que el libro obtuvo un buen empujón de ventas
gracias a los comentarios elogiosos realizados por Stephen King. Adquirir un
ejemplar nuevo, sobre todo del castellano, no es sencillo. Traducida por
Gabriel Zadunaisky al español para Círculo de lectores en el 2000, La
capilla de la muerte recrea o ficcionaliza —¿cómo saber la diferencia?— la
vida de una pequeña localidad próxima a New York en la que han desaparecido
tres niñas, provocando la desconfianza en los forasteros y despertando rumores,
terror y rencores en los tradicionales habitantes de la localidad. Lo sé porque
así anota la descripción de la trama en la página de la editorial, no porque me
haya dado a la lectura de las más de cuatrocientas páginas de la historia, tema
en el que, por el momento, continuaré así hasta que adquiera un segundo
ejemplar, porque el que tengo me impide soslayarme.
La reseña física de un ejemplar de
segunda mano que se oferta en Amazon afirma que La capilla de la muerte fue
encuadernada «en tapa dura de editorial con sobrecubierta ilustrada». El impreso
en mis manos no tiene la sobrecubierta, aunque sí mantiene el tono negro
acéfalo de la tapa; como caja mortuoria impoluta que no permite manchas ni
rasgaduras. El libro —esto es importante para el relato— lo he adquirido en una
tienda que vende objetos decorativos, no en una librería. Se ubicaba en un
estante alto, puesto sobre muebles que ofrecían prendas de vestir y utensilios kitsh
«para que la casa se vea bonita», según recuerdo dijo la encargada. Me decidí a
adquirirlo por sus hojas que, para ponerlo en palabras bibliografiantes,
habían sido «intervenidas» por un desconocido «artista argentino» que vive de
ello sin firmar sus creaciones, quizá renuente a hacerse acreedor a la fama de
mutilador o doblador de libros. Esta «intervención» no es otra cosa que el
plegado de las páginas para formar imágenes más o menos sencillas, como
palabras cortas o flores o animales o lo que se le venga a la cabeza. Sabía de
la preexistencia de esta «manifestación artística» por medio de las redes
sociales y los stickers que de pronto comparten para dar saludos o
desear buenos días, pero que hasta entonces creía se trataba de diseños
gráficos no reales.
Por treinta euros, poco más de
seiscientos pesos mexicanos, me traje a casa La capilla de la muerte que
con sus hojas se conformó una calavera. Al principio pensé que se trataba de un
intento por intertextualizar la apariencia atáudica de la edición con lo
mortuorio de la figura. Después encontré que la «intervención» había ido dos
pasos adelante y guardé la esperanza que ese desconocido hombre, que vive de
doblar hojas, busca relacionar el cuerpo de las historias con los libros y así,
para consuelo de tontos, asestar un golpe sordo al imperante capitalismo. Aún
no sé cómo interpretar esta última idea porque el libro de Amazon está tazado
en cuatro mil pesos, unos doscientos euros, y en IberLibro está en un euro más
envío, veinte pesos. Aquí hay artimaña engañabobos o la obra no se vendió en
España, porque en México es más bien desconocida, o no me entero.
Hasta
allí todo funcionaba más o menos con un sonrojo que podía manejar hasta que me
enfrenté al momento de ponerlo en el librero. ¿Dónde debía ir? ¿En la sección
de libros por leer o de novelas norteamericanas o de libros de arte o sólo
verlo como objeto de decoración? Opté, y no he cambiado de idea, por la última.
Se trata de un libro objeto; como tal lo considero, observo y mimo. No es para
leerse, pero sí para verse y sacudirse alguna vez, porque su nueva forma invita
a la acumulación de polvo y bichos. Para atenuar el sentimiento mezclado entre
culpa, fraude y cinismo, he anotado el título para leerlo el verano del próximo
año después, claro, de adquirir otra edición, quizá en epub, porque no estoy dispuesto a leer sobre este amasijo de
páginas dobladas, enrolladas, engordadas ni a caer en esa trampa que han
tendido las librerías digitales.
miércoles, 21 de agosto de 2024
martes, 13 de agosto de 2024
El asedio contra las librerías. Dos fotografías y un apunte.
El asedio contra las librerías
Dos fotografías y un apunte
Edgar A. G. Encina
El
22 de julio la Revista Gatopardo publicó las «Librerías independientes
de la Ciudad de México, espacios de resistencia» escrito por Jair Ortega de la
Sancha. El reportaje da cuenta de las experiencias de Polilla Librería,
administrada por Cecilia Castro y Daniel F. Álvarez, Glaciar Libros Helados, fundada
por Daniel Bolívar y Alfonso Santiago, y U-tópicas, administrada por Luis
Castro Hernández y Laura Linares (directora de comunicaciones). Polilla
Librería y U-Tópicas, vale anotar, tienen su propio sello editorial. El
artículo sirve para evidenciar las desventajas con que las librerías
independientes mexicanas libran sus batallas por la subsistencia frente al
asedio de las librerías de cadena y la escases de culturas políticas estatales.
Para ello, enfatiza la ausencia de incentivos fiscales y la omisión de apoyos
técnicos, y exhibe la vitrina de la disparidad, donde la que la balanza
artística apuesta más por otras expresiones como la música o el cine o el
teatro, desdeñando al ámbito libresco. En general, coinciden los libreros en
señalar la inexistencia de programas públicos que estimulen la apertura y robustecimiento
de librerías o editoriales, en la ausencia de apuestas por la
profesionalización del sector, en la falta de alicientes para la exportación de
títulos y el poco interés gubernamental por que circulen impresos producidos
por editoriales emergentes.
Tres días después, el 25 de julio,
circuló en redes sociales un Comunicado de la Red de Librerías Independientes
dirigida al presidente del Fondo de Cultura Económica, Francisco Ignacio Taibo
Mahojo, y a la opinión pública. La RELI, que al momento es integrada por cincuenta
librerías, exhibe en ese breve escrito —por ponerlo en lenguaje futbolístico—
una cancha de juego dispareja en la que el FCE aprovecha la organización de
eventos para ofrecer títulos por debajo de los precios que los libreros pueden
ofrecer sin sufrir mermas financieras. Estas «ventas de descuento» afectan a
todo el ecosistema del libro porque «estos beneficios deberían ser equitativos
y extensivos a los lectores de todas las librerías del país y no sólo a
aquellos que pueden acudir a las administradas por el Estado» en contadas
ciudades.
Más allá de que el artículo de Gatopardo
se queda miope al mirar sólo librerías chilangas y no considera que a las
problemáticas en los estados se les suma, por ejemplo, el cobro de piso, el
coyotaje cultural y el volumen de ventas, lo que alcanzamos a distinguir es un
par de retazos de una historia que transexenalmente se ha venido contando. Sin
importar el tinte ideológico del gobierno municipal, estatal o federal, año con
año damos cuenta del desprecio e ignorancia con el que el mundo libresco es
desdeñado, incomprendido y asfixiado. Al parecer nos situamos en un punto álgido
en que el Estado mexicano tiene y alimenta comportamientos monopólicos propios
de los consorcios capitalistas, afines al más puro espíritu neoliberal. De no
transitar por una política pluralista libresca que apueste por los creadores,
productores y consumidores, como la ley del precio único, estamos claros que el
cierre del año será crítico. Ursula K. Le Guin llamó comercial fatwas a
esos ataques al libro, ¿será esta la versión mexicana de la expresión? Tiempo
al tiempo.
lunes, 8 de julio de 2024
domingo, 16 de junio de 2024
De la Feria del Libro Madrid 2024
El ronroneo
de los escritores
Edgar A. G. Encina
Una versión de este documento ha sido publicado
en el número de junio de la Gaceta Universitaria
Para el número 53 de Texturas (Trama, 2024) Víctor Sarrión
disecciona «Una desventaja competitiva para los autores y editores españoles».
Entre las cosas que pone sobre la mesa destaco un par: las diferencias
minoritarias en los montos y el retraso en el pago de derechos a los autores
españoles con respecto a otros países de la comunidad europea, y el aumento de
las descargas ilegales a falta de una regulación clara y específica. Se trata
de consideraciones mayúsculas que afectan al sector en puntos nodales del
espectro editorial, desde la creación y producción hasta la oferta y demanda,
las cuales afectan a la hora de rivalizar con los vecinos y las trasnacionales,
y poner títulos atractivos en las mesas de las librerías.
Al momento que escribo estas líneas me encuentro realizando una estancia de investigación en el Departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía de la Universidad Complutense de Madrid, coincidiendo con la 83ª Feria del Libro de Madrid, celebrada en los altos del Parque del Retiro. La feliz coincidencia me permite anotar algunas coincidencias y acentos que veo con respecto a lo que vivo en la cotidianeidad mexicana y relacionarlo con lo de Sarrión.
Valoro la calidad de los asistentes
a este tipo de fiestas. No se entienda mal que seguro entre nosotros caminarán
ángeles, humanos y monstruos desdentados. Refiero a que las Ferias de libros a
las que asista son fundamentalmente limpias. Con diferencia a otro tipo de
eventos festivos, acá no hay tiradero de papeles ni estrambóticos retumbos o
alaridos tequileros. Es «pura realización», como narra José F. Elizondo
(Aguascalientes, 1880-1943) en «En la feria del libro» (Revista de Revistas, 1924) y que en un artículo en Biblioteca Universitaria (2019) celebraba
no se tratase más de la «feria de la bala» sino del estadío de la redención.
De la Feria de Madrid en El Retiro, a
la que he visitado esporádicamente desde 2013, lo que más me ha impresionado de
siempre es el latiente corazón de sus stands.
Cada «casita» lleva su propia agenda, su propia personalidad, su propia vida.
Por lo general, en las Ferias de Libros se deja para los organizadores el peso
de las presentaciones, de las firmas de libros, del ronroneo con los autores. Eso significa que el visitante suele
tener un cronograma de actividades que corre por una sola avenida, quizá con
algunas calles alternas con pequeñas salas de prensa o foros preconcebidos,
pero sin sobresaltos ni alternancias.
Acá es como cuando uno va dejando
libros abiertos, en la página quince o en la doscientos, en la mesilla de
noche, en el comedor, sobre el sillón de lectura, en el jardín, en el auto, en
la oficina. Lecturas detenidas porque en la mañana apetece una novela de Julia
Navarro o David Hernández de la Fuente, pero si se está en el trabajo están
indicados Armando Petrucci y Julien Lefort-Faureau, o si se va al médico a
Adriana Hidalgo o Guillermo Schavelzon. Porque así somos cuando leemos;
caprichosos y discontinuos, porque un libro no es el mismo en la cena o en el
autobús, y de la misma manera nuestra proximidad a la Fiesta.
En ese tenor las desventajas que
Víctor Sarrión descubre en el sector editorial español se ven atenuadas por el
jolgorio de la Feria que tuvo un clima veraniego con lluvias esparcidas. En ese
sentido, me pregunto cómo afectan a las mediciones y cómo, los que hacen libros
en España, miran el devenir. Seguro que el gran reto continúa enfocado en las
maneras de hacer frente a la creciente descarga digital ilegal de títulos y la
piratería, pero el número de lectores, que en otros lugares del mundo es el
nudo de la existencia, no pasa por desvelarles.
sábado, 18 de mayo de 2024
ChapGPT en el ensayo, la academia y las universidades
ChapGPT en el ensayo y las Universidades
Edgar A. G.
Encina
Al
cierre de este semestre una estudiante entregó un ensayo en el que abordó varios
aspectos de la propuesta editorial de Los Libros del Perro. Se trató de un
documento que cumplió con los aspectos formales que la academia exige a una
persona en etapa formativa del grado como número de cuartillas, cantidad de
obras citadas, metodología y/o teoría establecida, desarrollo coherente.
Presentó buen tejido de ideas con soporte más o menos conciso y argumentos peliagudos
que nos provocaron al debate —una vez más— sobre qué elementos distinguen a una
casa editorial independiente de los grandes sellos y de la producción estatal y
paraestatal.
La discusión entre el grupo se produjo
en la búsqueda por distinguir los elementos autónomos que las editoriales
emergentes e independientes tienen a la hora de seleccionar temas, autores y
maneras, aunque personalmente me había enganchado en un detalle del texto. Es,
fue la primera vez que alguien presentaba un escrito, en alguno de mis cursos,
con referencias formales al uso de ChatGPT. Lo señalé de forma pública e hice hincapié
en la honestidad intelectual de citarlo, porque en anteriores sesiones había
descubierto otros casos con nodos argumentales y párrafos explicativos que no congeniaban
con las maneras escriturales. De aquí me quedo con dos preguntas: ¿cómo y por
qué los estudiantes utilizan ChatGPT en sus labores escolares? Y ¿cuáles son
las implicaciones éticas, académicas y neuroeducativas?
Los estudiantes, confesaron, utilizan
esta herramienta para sus labores académicas. Lo tienen normalizado. No es que
me halla sorprendido, en los manuales de edición y corrección de estilo que
trabajo en mis cursos solicito que se aclare cuándo y cómo lo hacen. El evento
de que lo viera por vez primera es lo que me limpió la visión, como hacen los
limpiaparabrisas del auto. Se ha tratado de una experiencia iniciática de la
que debo avanzar. Por ejemplo, sé —porque le pregunté— que esta herramienta que
han dado en llamar Inteligencia Artificial puede ayudar a verificar la
gramática, estilo, coherencia, claridad y concisión, organización, referencias,
citas y contenido relevante. Por ahora no hace las labores del corrector de
estilo ni del dictaminador, sino del opinador que —veo algunos comentarios de
expertos— repite una bonita letanía redactada por un algoritmo que busca quién
sabe qué.
De camino a casa he tenido una
experiencia bífida. Por un lado, he caído en cuenta de la necesidad de tomar
par de cursos sobre IA. Por el otro, me vino a la memoria Petrarca. Quiero
entender la funcionalidad de esa herramienta y lo que está provocando en el
mundo académico y las investigaciones, para entender a qué me enfrento y cómo
reaccionar. Por ahora sólo tengo prejuicios. Antes utilicé la imagen-analogía del
limpiaparabrisas, pero la de Francisco Petrarca (1304-1374) esclarece mejor
dónde me encuentro. Con La ascensión al Mont Ventoux (Cuadernos del
Horizonte, 2019) del 26 de abril de 1336, el italiano «inicio de la actitud
moderna ante el paisaje», superando a la contemplación sólo como estado de goce,
introduciéndose «a lo desconocido». El relato cuenta que llegó a la cima de la
montaña con Las Confesiones de san Agustín en mano. Con esa lectura pudo
observar sobre las «cosas terrenales» y «admirar el alma», produciéndose una
tensión entre la «mirada moral y la mirada estética», escribe Martínez de Pisón.
Esta ascensión ha sido muy útil
para soportar filosófica y estéticamente el arribo del pensamiento moderno y/o
cómo vemos lo que vemos. Es la transición espiritual del Medioevo al
Renacimiento. El viaje y la coronación de Petrarca en la cima de Ventoux
representa, entre otras cosas, lo consciencia de los límites y la posibilidad
de superarlos. Esto, más o menos, me sucede con la experiencia que relato al
inicio. Siento la necesidad de llegar a la cima para visualizar los lindes de
la IA en el mundo universitario y creativo y, entonces, saber si habré de
entenderlos y, sobre todo, imaginarlos. Por ahora, está claro, apenas preparo
una mochila y botella de agua. El camino será largo.
P.D. ChapGPT se ha ofrecido a revisar estas líneas. Me debato en hacer o no el ejercicio.
viernes, 19 de abril de 2024
Las portadas de libros Richar Baker
Las Portadas de libros de Richar Baker
Edgar A. G. Encina
Una versión de este documento fue publicada en la revista Gaceta Universitaria de abril
He
descubierto el trabajo de Richard Baker (Baltimore, 1959) en una tienda
de accesorios para casa, durante las vacaciones de Pascua. Premeditadamente
acudimos al negocio ubicado en el que puede ser el centro comercial más grande de
Ciudad de México y de la América hispana. Iraís, mi esposa, buscaba una edición
en oferta de La Boule que Villeroy & Boch diseñó como juego de vajilla
en siete piezas. Mientras ella veía la posibilidad de llevarse una que mezcla
colores negros y blancos, yo andaba los pasillos. A cada paso que daba lo hacía
con cuidado, temeroso de tropezar con algún set de Harcourt o de tentear
algo de Krosno o de Saarum.
En
ese mar de lámparas, juegos de vasos y copas, de banderines y sets de no sé qué
infinidad de artículos decorativos, apareció sobre una mesa de centro Beverly una
caja que ponía Classic Paperbacks Memory Game. Paintings by Rchard Baker (Princeton
Architectural Press, 2020). A juzgar por mi temeroso recorrido, aquello era lo
único allí del mundo de los libros, además de los costosos libreros de Jafer, Casa
Armida o De Toro Mu. Levanté el objeto para sopesar de qué iba y cuando lo
tenía a la altura del pecho Santiago, mi hijo, espetó: «¿Qué haces? ¿No sabes
que aquí es ver y no tocar?». «Esto me habló, respondí, y mira, no es tan caro
como todo lo demás. Me lo llevaré». No aprobó la decisión, pero quiero pensar
que lo hizo más por hambre que por otra cosa.
Luego fuimos a comer y regresamos al hotel. En ese lapso busqué por la internet
quién diablos es/era Richard Baker. En castellano poca cosa. Algunas
referencias de autores traducidos al castellano que hablan de su labor, pero
poco. Parvadas de aves que se desintegran. Apareció un homónimo, autor de una zaga
titulada Corsario dedicada al público juvenil, interesado en historias
de piratas o aventuras de mares embravecidos. De nuestro Baker apenas descubrí
que inició pintando bodegones y en el ambiente anglosajón goza de fama por sus esculturas,
óleos e instalaciones representacionales inspiradas en las portadas de los
libros que le han influido; que su trabajo se oferta a través de las Galerías
de Arte de Albert Merola y Tibor de Nagy. Al parecer en México es un desconocido.
La
trayectoria de Baker encontró, desde la década de 1990, en esta definitoria
expresión artística su sello, el cual le ha llevado a formar parte de distintas
colecciones norteamericanas y europeas e impartir cursos en las más prestigiosas
universidades de occidente. Esa pequeña arca, más allá de ser un afiche de
colección, me es útil para releer a Gérard Genette, cita primaria y obligada
para teorizar en torno a los paratextos. La obra contiene, al menos, tres elementos
sustanciales de interpretación: estatus pragmático en la forma
direccional de comunicación, la sustancia de orden textual y el aspecto funcional
que aporta cierto grado auxiliar accesorio al libro. El elemento retratista,
desde mi enfoque, no dista de las funciones complementarias que realiza cualquier
portada de libro, las cuales son atracción de público y presentación de obra
(título, autor, editorial). Si usted ve, por ejemplo, la pintura de Poetry a
moder guide to its understandign and enjoyment de Elizabeth Drew se
preguntará, al menos de primera instancia, la calidad y los alcances del libro.
La diferencia aquí es que el cuadro es mucho más grande que el libro y por ende
más espectacular. Luego, el poder sensible del arte aquí se multiplica.
Nota histórico-contextual.
Fue
hasta mediados del siglo XV que se estandarizaron los libros con portadas. La
historia del libro situó al calígrafo alemán Peter Schoeffer (1425-1503) como
el primer diseñador de portadas. Schoeffer trabajó junto a Gutenberg en aquel mítico
taller de usos móviles. Después se popularizó la utilización de grabados de
madera para decorar los bordes e interiores de las portadas. Quizá las grandes
transformaciones ocurrirán en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando las
portadas comienzan a presentarse de forma austera, y con el siglo XIX, que enfocó
gran parte de sus energías en la creación de tipografías. México no es la
excepción, la Historia crítica de la tipografía en la Ciudad de México (Palacio
de Bellas Artes, 1934-35) de Enrique Fernández Ledesma prueba la tesis. El
siglo XX se caracteriza por la incursión de artistas en la conformación de
portadas; una revolución visual se dio en toda la centuria. Basta ojear los
distintos estudios en materia de cultura gráfica que se producen en las
universidades para descubrir esa pluralidad de estrellas en el universo
investigación doctoral: «Las mujeres zacatecanas a través de sus fotografías, 1900-1940. La historia detrás de la imagen»
Este jueves 17 de septiembre la maestra Nancy Lorena Torres López defendió su investigación Las mujeres zacatecanas a través de sus fotog...
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