martes, 8 de octubre de 2024

Presentación editorial "Vertientes educativas. Ensayos poliédricos"

 


Presentación editorial de
Vertientes educativas. Ensayos poliédricos


Coordinado por: Sonia Robles Castillo, Ma. de Lourdes de la Rosa Vázquez y Edgar A. G. Encina


Edición de la Universidad Autónoma de Zacatecas y del Centro de Actualización del Magisterio


Presentación de El bibliófilo enamorado en la FIL Monterrey 2024

 Feria Internacional del Libro Monterrey 2024


Presentación editorial de
El Bibliófilo Enamorado de Alexis Martin


Estudio: Edgar A. G. Encina
Traducción: Cynthia García Bañuelos 
Ilustraciones: Martín Olivera

Edición, Universidad Autónoma Metropolitana 






jueves, 26 de septiembre de 2024

Males bibliófilos. Los libros plegados

 


Males bibliófilos
DEl libro plegado al biblioTocapelotas

 

Edgar A. G. Encina

una versión de este documento ha sido impresa
en la Gaceta Universitaria de septiembre de 2024

 

 

Uno

The Church of Dead Girls de Stephen Dobyns es una novela de suspenso publicada a finales del siglo xx por Metropolitan Books. Se trata, sólo para reseñar a vuelo de pájaro, de un trabajo consistente con la línea de creación del prolífico y reconocido autor norteamericano al que la crítica le ha catalogado en el género de la literatura negra. Por lo poco que he explorado, tengo la impresión de que el libro obtuvo un buen empujón de ventas gracias a los comentarios elogiosos realizados por Stephen King. Adquirir un ejemplar nuevo, sobre todo del castellano, no es sencillo. Traducida por Gabriel Zadunaisky al español para Círculo de lectores en el 2000, La capilla de la muerte recrea o ficcionaliza —¿cómo saber la diferencia?— la vida de una pequeña localidad próxima a New York en la que han desaparecido tres niñas, provocando la desconfianza en los forasteros y despertando rumores, terror y rencores en los tradicionales habitantes de la localidad. Lo sé porque así anota la descripción de la trama en la página de la editorial, no porque me haya dado a la lectura de las más de cuatrocientas páginas de la historia, tema en el que, por el momento, continuaré así hasta que adquiera un segundo ejemplar, porque el que tengo me impide soslayarme.

         La reseña física de un ejemplar de segunda mano que se oferta en Amazon afirma que La capilla de la muerte fue encuadernada «en tapa dura de editorial con sobrecubierta ilustrada». El impreso en mis manos no tiene la sobrecubierta, aunque sí mantiene el tono negro acéfalo de la tapa; como caja mortuoria impoluta que no permite manchas ni rasgaduras. El libro —esto es importante para el relato— lo he adquirido en una tienda que vende objetos decorativos, no en una librería. Se ubicaba en un estante alto, puesto sobre muebles que ofrecían prendas de vestir y utensilios kitsh «para que la casa se vea bonita», según recuerdo dijo la encargada. Me decidí a adquirirlo por sus hojas que, para ponerlo en palabras bibliografiantes, habían sido «intervenidas» por un desconocido «artista argentino» que vive de ello sin firmar sus creaciones, quizá renuente a hacerse acreedor a la fama de mutilador o doblador de libros. Esta «intervención» no es otra cosa que el plegado de las páginas para formar imágenes más o menos sencillas, como palabras cortas o flores o animales o lo que se le venga a la cabeza. Sabía de la preexistencia de esta «manifestación artística» por medio de las redes sociales y los stickers que de pronto comparten para dar saludos o desear buenos días, pero que hasta entonces creía se trataba de diseños gráficos no reales.



         Por treinta euros, poco más de seiscientos pesos mexicanos, me traje a casa La capilla de la muerte que con sus hojas se conformó una calavera. Al principio pensé que se trataba de un intento por intertextualizar la apariencia atáudica de la edición con lo mortuorio de la figura. Después encontré que la «intervención» había ido dos pasos adelante y guardé la esperanza que ese desconocido hombre, que vive de doblar hojas, busca relacionar el cuerpo de las historias con los libros y así, para consuelo de tontos, asestar un golpe sordo al imperante capitalismo. Aún no sé cómo interpretar esta última idea porque el libro de Amazon está tazado en cuatro mil pesos, unos doscientos euros, y en IberLibro está en un euro más envío, veinte pesos. Aquí hay artimaña engañabobos o la obra no se vendió en España, porque en México es más bien desconocida, o no me entero.

Hasta allí todo funcionaba más o menos con un sonrojo que podía manejar hasta que me enfrenté al momento de ponerlo en el librero. ¿Dónde debía ir? ¿En la sección de libros por leer o de novelas norteamericanas o de libros de arte o sólo verlo como objeto de decoración? Opté, y no he cambiado de idea, por la última. Se trata de un libro objeto; como tal lo considero, observo y mimo. No es para leerse, pero sí para verse y sacudirse alguna vez, porque su nueva forma invita a la acumulación de polvo y bichos. Para atenuar el sentimiento mezclado entre culpa, fraude y cinismo, he anotado el título para leerlo el verano del próximo año después, claro, de adquirir otra edición, quizá en epub, porque no estoy dispuesto a leer sobre este amasijo de páginas dobladas, enrolladas, engordadas ni a caer en esa trampa que han tendido las librerías digitales.








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martes, 13 de agosto de 2024

El asedio contra las librerías. Dos fotografías y un apunte.

 

Richard Debenkorn, Interior whit view of ocean, 1957 


El asedio contra las librerías

Dos fotografías y un apunte

 

Edgar A. G. Encina

 

 

El 22 de julio la Revista Gatopardo publicó las «Librerías independientes de la Ciudad de México, espacios de resistencia» escrito por Jair Ortega de la Sancha. El reportaje da cuenta de las experiencias de Polilla Librería, administrada por Cecilia Castro y Daniel F. Álvarez, Glaciar Libros Helados, fundada por Daniel Bolívar y Alfonso Santiago, y U-tópicas, administrada por Luis Castro Hernández y Laura Linares (directora de comunicaciones). Polilla Librería y U-Tópicas, vale anotar, tienen su propio sello editorial. El artículo sirve para evidenciar las desventajas con que las librerías independientes mexicanas libran sus batallas por la subsistencia frente al asedio de las librerías de cadena y la escases de culturas políticas estatales. Para ello, enfatiza la ausencia de incentivos fiscales y la omisión de apoyos técnicos, y exhibe la vitrina de la disparidad, donde la que la balanza artística apuesta más por otras expresiones como la música o el cine o el teatro, desdeñando al ámbito libresco. En general, coinciden los libreros en señalar la inexistencia de programas públicos que estimulen la apertura y robustecimiento de librerías o editoriales, en la ausencia de apuestas por la profesionalización del sector, en la falta de alicientes para la exportación de títulos y el poco interés gubernamental por que circulen impresos producidos por editoriales emergentes.

         Tres días después, el 25 de julio, circuló en redes sociales un Comunicado de la Red de Librerías Independientes dirigida al presidente del Fondo de Cultura Económica, Francisco Ignacio Taibo Mahojo, y a la opinión pública. La RELI, que al momento es integrada por cincuenta librerías, exhibe en ese breve escrito —por ponerlo en lenguaje futbolístico— una cancha de juego dispareja en la que el FCE aprovecha la organización de eventos para ofrecer títulos por debajo de los precios que los libreros pueden ofrecer sin sufrir mermas financieras. Estas «ventas de descuento» afectan a todo el ecosistema del libro porque «estos beneficios deberían ser equitativos y extensivos a los lectores de todas las librerías del país y no sólo a aquellos que pueden acudir a las administradas por el Estado» en contadas ciudades.

         Más allá de que el artículo de Gatopardo se queda miope al mirar sólo librerías chilangas y no considera que a las problemáticas en los estados se les suma, por ejemplo, el cobro de piso, el coyotaje cultural y el volumen de ventas, lo que alcanzamos a distinguir es un par de retazos de una historia que transexenalmente se ha venido contando. Sin importar el tinte ideológico del gobierno municipal, estatal o federal, año con año damos cuenta del desprecio e ignorancia con el que el mundo libresco es desdeñado, incomprendido y asfixiado. Al parecer nos situamos en un punto álgido en que el Estado mexicano tiene y alimenta comportamientos monopólicos propios de los consorcios capitalistas, afines al más puro espíritu neoliberal. De no transitar por una política pluralista libresca que apueste por los creadores, productores y consumidores, como la ley del precio único, estamos claros que el cierre del año será crítico. Ursula K. Le Guin llamó comercial fatwas a esos ataques al libro, ¿será esta la versión mexicana de la expresión? Tiempo al tiempo.

          

 

domingo, 16 de junio de 2024

De la Feria del Libro Madrid 2024

 


El ronroneo de los escritores

  

Edgar A. G. Encina

Una versión de este documento ha sido publicado
en el número de junio de la Gaceta Universitaria

  

Para el número 53 de Texturas (Trama, 2024) Víctor Sarrión disecciona «Una desventaja competitiva para los autores y editores españoles». Entre las cosas que pone sobre la mesa destaco un par: las diferencias minoritarias en los montos y el retraso en el pago de derechos a los autores españoles con respecto a otros países de la comunidad europea, y el aumento de las descargas ilegales a falta de una regulación clara y específica. Se trata de consideraciones mayúsculas que afectan al sector en puntos nodales del espectro editorial, desde la creación y producción hasta la oferta y demanda, las cuales afectan a la hora de rivalizar con los vecinos y las trasnacionales, y poner títulos atractivos en las mesas de las librerías.

            Al momento que escribo estas líneas me encuentro realizando una estancia de investigación en el Departamento de Literaturas Hispánicas y Bibliografía de la Universidad Complutense de Madrid, coincidiendo con la 83ª Feria del Libro de Madrid, celebrada en los altos del Parque del Retiro. La feliz coincidencia me permite anotar algunas coincidencias y acentos que veo con respecto a lo que vivo en la cotidianeidad mexicana y relacionarlo con lo de Sarrión.

            Valoro la calidad de los asistentes a este tipo de fiestas. No se entienda mal que seguro entre nosotros caminarán ángeles, humanos y monstruos desdentados. Refiero a que las Ferias de libros a las que asista son fundamentalmente limpias. Con diferencia a otro tipo de eventos festivos, acá no hay tiradero de papeles ni estrambóticos retumbos o alaridos tequileros. Es «pura realización», como narra José F. Elizondo (Aguascalientes, 1880-1943) en «En la feria del libro» (Revista de Revistas, 1924) y que en un artículo en Biblioteca Universitaria (2019) celebraba no se tratase más de la «feria de la bala» sino del estadío de la redención.

De la Feria de Madrid en El Retiro, a la que he visitado esporádicamente desde 2013, lo que más me ha impresionado de siempre es el latiente corazón de sus stands. Cada «casita» lleva su propia agenda, su propia personalidad, su propia vida. Por lo general, en las Ferias de Libros se deja para los organizadores el peso de las presentaciones, de las firmas de libros, del ronroneo con los autores. Eso significa que el visitante suele tener un cronograma de actividades que corre por una sola avenida, quizá con algunas calles alternas con pequeñas salas de prensa o foros preconcebidos, pero sin sobresaltos ni alternancias.

Acá es como cuando uno va dejando libros abiertos, en la página quince o en la doscientos, en la mesilla de noche, en el comedor, sobre el sillón de lectura, en el jardín, en el auto, en la oficina. Lecturas detenidas porque en la mañana apetece una novela de Julia Navarro o David Hernández de la Fuente, pero si se está en el trabajo están indicados Armando Petrucci y Julien Lefort-Faureau, o si se va al médico a Adriana Hidalgo o Guillermo Schavelzon. Porque así somos cuando leemos; caprichosos y discontinuos, porque un libro no es el mismo en la cena o en el autobús, y de la misma manera nuestra proximidad a la Fiesta.

            En ese tenor las desventajas que Víctor Sarrión descubre en el sector editorial español se ven atenuadas por el jolgorio de la Feria que tuvo un clima veraniego con lluvias esparcidas. En ese sentido, me pregunto cómo afectan a las mediciones y cómo, los que hacen libros en España, miran el devenir. Seguro que el gran reto continúa enfocado en las maneras de hacer frente a la creciente descarga digital ilegal de títulos y la piratería, pero el número de lectores, que en otros lugares del mundo es el nudo de la existencia, no pasa por desvelarles.

 


 

 

 

 

sábado, 18 de mayo de 2024

ChapGPT en el ensayo, la academia y las universidades



ChapGPT en el ensayo y las Universidades

 

Edgar A. G. Encina

  

Al cierre de este semestre una estudiante entregó un ensayo en el que abordó varios aspectos de la propuesta editorial de Los Libros del Perro. Se trató de un documento que cumplió con los aspectos formales que la academia exige a una persona en etapa formativa del grado como número de cuartillas, cantidad de obras citadas, metodología y/o teoría establecida, desarrollo coherente. Presentó buen tejido de ideas con soporte más o menos conciso y argumentos peliagudos que nos provocaron al debate —una vez más— sobre qué elementos distinguen a una casa editorial independiente de los grandes sellos y de la producción estatal y paraestatal.

         La discusión entre el grupo se produjo en la búsqueda por distinguir los elementos autónomos que las editoriales emergentes e independientes tienen a la hora de seleccionar temas, autores y maneras, aunque personalmente me había enganchado en un detalle del texto. Es, fue la primera vez que alguien presentaba un escrito, en alguno de mis cursos, con referencias formales al uso de ChatGPT. Lo señalé de forma pública e hice hincapié en la honestidad intelectual de citarlo, porque en anteriores sesiones había descubierto otros casos con nodos argumentales y párrafos explicativos que no congeniaban con las maneras escriturales. De aquí me quedo con dos preguntas: ¿cómo y por qué los estudiantes utilizan ChatGPT en sus labores escolares? Y ¿cuáles son las implicaciones éticas, académicas y neuroeducativas?



         Los estudiantes, confesaron, utilizan esta herramienta para sus labores académicas. Lo tienen normalizado. No es que me halla sorprendido, en los manuales de edición y corrección de estilo que trabajo en mis cursos solicito que se aclare cuándo y cómo lo hacen. El evento de que lo viera por vez primera es lo que me limpió la visión, como hacen los limpiaparabrisas del auto. Se ha tratado de una experiencia iniciática de la que debo avanzar. Por ejemplo, sé —porque le pregunté— que esta herramienta que han dado en llamar Inteligencia Artificial puede ayudar a verificar la gramática, estilo, coherencia, claridad y concisión, organización, referencias, citas y contenido relevante. Por ahora no hace las labores del corrector de estilo ni del dictaminador, sino del opinador que —veo algunos comentarios de expertos— repite una bonita letanía redactada por un algoritmo que busca quién sabe qué.

         De camino a casa he tenido una experiencia bífida. Por un lado, he caído en cuenta de la necesidad de tomar par de cursos sobre IA. Por el otro, me vino a la memoria Petrarca. Quiero entender la funcionalidad de esa herramienta y lo que está provocando en el mundo académico y las investigaciones, para entender a qué me enfrento y cómo reaccionar. Por ahora sólo tengo prejuicios. Antes utilicé la imagen-analogía del limpiaparabrisas, pero la de Francisco Petrarca (1304-1374) esclarece mejor dónde me encuentro. Con La ascensión al Mont Ventoux (Cuadernos del Horizonte, 2019) del 26 de abril de 1336, el italiano «inicio de la actitud moderna ante el paisaje», superando a la contemplación sólo como estado de goce, introduciéndose «a lo desconocido». El relato cuenta que llegó a la cima de la montaña con Las Confesiones de san Agustín en mano. Con esa lectura pudo observar sobre las «cosas terrenales» y «admirar el alma», produciéndose una tensión entre la «mirada moral y la mirada estética», escribe Martínez de Pisón.



         Esta ascensión ha sido muy útil para soportar filosófica y estéticamente el arribo del pensamiento moderno y/o cómo vemos lo que vemos. Es la transición espiritual del Medioevo al Renacimiento. El viaje y la coronación de Petrarca en la cima de Ventoux representa, entre otras cosas, lo consciencia de los límites y la posibilidad de superarlos. Esto, más o menos, me sucede con la experiencia que relato al inicio. Siento la necesidad de llegar a la cima para visualizar los lindes de la IA en el mundo universitario y creativo y, entonces, saber si habré de entenderlos y, sobre todo, imaginarlos. Por ahora, está claro, apenas preparo una mochila y botella de agua. El camino será largo.

 

P.D. ChapGPT se ha ofrecido a revisar estas líneas. Me debato en hacer o no el ejercicio.

viernes, 19 de abril de 2024

Las portadas de libros Richar Baker

 


Las Portadas de libros de Richar Baker

 

Edgar A. G. Encina

Una versión de este documento fue publicada en la revista Gaceta Universitaria de abril 

 

He descubierto el trabajo de Richard Baker (Baltimore, 1959) en una tienda de accesorios para casa, durante las vacaciones de Pascua. Premeditadamente acudimos al negocio ubicado en el que puede ser el centro comercial más grande de Ciudad de México y de la América hispana. Iraís, mi esposa, buscaba una edición en oferta de La Boule que Villeroy & Boch diseñó como juego de vajilla en siete piezas. Mientras ella veía la posibilidad de llevarse una que mezcla colores negros y blancos, yo andaba los pasillos. A cada paso que daba lo hacía con cuidado, temeroso de tropezar con algún set de Harcourt o de tentear algo de Krosno o de Saarum.

En ese mar de lámparas, juegos de vasos y copas, de banderines y sets de no sé qué infinidad de artículos decorativos, apareció sobre una mesa de centro Beverly una caja que ponía Classic Paperbacks Memory Game. Paintings by Rchard Baker (Princeton Architectural Press, 2020). A juzgar por mi temeroso recorrido, aquello era lo único allí del mundo de los libros, además de los costosos libreros de Jafer, Casa Armida o De Toro Mu. Levanté el objeto para sopesar de qué iba y cuando lo tenía a la altura del pecho Santiago, mi hijo, espetó: «¿Qué haces? ¿No sabes que aquí es ver y no tocar?». «Esto me habló, respondí, y mira, no es tan caro como todo lo demás. Me lo llevaré». No aprobó la decisión, pero quiero pensar que lo hizo más por hambre que por otra cosa.



Luego fuimos a comer y regresamos al hotel. En ese lapso busqué por la internet quién diablos es/era Richard Baker. En castellano poca cosa. Algunas referencias de autores traducidos al castellano que hablan de su labor, pero poco. Parvadas de aves que se desintegran. Apareció un homónimo, autor de una zaga titulada Corsario dedicada al público juvenil, interesado en historias de piratas o aventuras de mares embravecidos. De nuestro Baker apenas descubrí que inició pintando bodegones y en el ambiente anglosajón goza de fama por sus esculturas, óleos e instalaciones representacionales inspiradas en las portadas de los libros que le han influido; que su trabajo se oferta a través de las Galerías de Arte de Albert Merola y Tibor de Nagy. Al parecer en México es un desconocido.

La trayectoria de Baker encontró, desde la década de 1990, en esta definitoria expresión artística su sello, el cual le ha llevado a formar parte de distintas colecciones norteamericanas y europeas e impartir cursos en las más prestigiosas universidades de occidente. Esa pequeña arca, más allá de ser un afiche de colección, me es útil para releer a Gérard Genette, cita primaria y obligada para teorizar en torno a los paratextos. La obra contiene, al menos, tres elementos sustanciales de interpretación: estatus pragmático en la forma direccional de comunicación, la sustancia de orden textual y el aspecto funcional que aporta cierto grado auxiliar accesorio al libro. El elemento retratista, desde mi enfoque, no dista de las funciones complementarias que realiza cualquier portada de libro, las cuales son atracción de público y presentación de obra (título, autor, editorial). Si usted ve, por ejemplo, la pintura de Poetry a moder guide to its understandign and enjoyment de Elizabeth Drew se preguntará, al menos de primera instancia, la calidad y los alcances del libro. La diferencia aquí es que el cuadro es mucho más grande que el libro y por ende más espectacular. Luego, el poder sensible del arte aquí se multiplica.



Nota histórico-contextual.

Fue hasta mediados del siglo XV que se estandarizaron los libros con portadas. La historia del libro situó al calígrafo alemán Peter Schoeffer (1425-1503) como el primer diseñador de portadas. Schoeffer trabajó junto a Gutenberg en aquel mítico taller de usos móviles. Después se popularizó la utilización de grabados de madera para decorar los bordes e interiores de las portadas. Quizá las grandes transformaciones ocurrirán en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando las portadas comienzan a presentarse de forma austera, y con el siglo XIX, que enfocó gran parte de sus energías en la creación de tipografías. México no es la excepción, la Historia crítica de la tipografía en la Ciudad de México (Palacio de Bellas Artes, 1934-35) de Enrique Fernández Ledesma prueba la tesis. El siglo XX se caracteriza por la incursión de artistas en la conformación de portadas; una revolución visual se dio en toda la centuria. Basta ojear los distintos estudios en materia de cultura gráfica que se producen en las universidades para descubrir esa pluralidad de estrellas en el universo

 


 

investigación doctoral: «Las mujeres zacatecanas a través de sus fotografías, 1900-1940. La historia detrás de la imagen»

  Este  jueves 17 de septiembre la maestra Nancy Lorena Torres López defendió su investigación Las mujeres zacatecanas a través de sus fotog...