lunes, 28 de septiembre de 2009

Sep/24: encerrón

Ritual iniciático
En 1964 Rosario Castellanos, en una conferencia en Bellas Artes, anunció la escritura de su nueva novela Rito de iniciación. Cuatro años después, en una charla con Luis Adolfo Domínguez, divulgaba su destrucción definitiva. Sin embargo, casi treinta años después, Eduardo Mejía se encontraró con esta novela, pues «Era cierto: todas las copias fueron destinadas al fuego, menos el original, que había conservado amorosamente». [RI] 368 páginas en la que la vida de, por lo menos, seis mujeres: Cecilia, Beatriz, Aminta, Susana, Matilde, Josefa, se entrelazan, confusa-nítidamente. Nombres a los que Castellanos escribió para robustecer, dialogar y hacer vivir, más o menos, una historia propia que luego marcaría, en ciertos grados, los ritmos de la literatura mexicana en las pasadas tres décadas. La redacción del texto remite un viaje en el que, desde el sillón, se camina del amor carnal al escalofrío solitario, pasando entre los sueños anhelados al tiempo castigador. [RI] El momento que hierra la vida, el instante que secciona el tiempo: antes-después, se recalca en la individualidad. El primer beso, vivir solo, viajar a aquella ciudad mágica, escuchar ese concierto en vivo, descubrir el amor del momento…, se vive una vez, irrepetible, nadie lo puede trastocar. El recuerdo es la esencia que vibra interiormente: me pertenece sólo a mí. Todo lo demás es mundo. [RI] Presenciar el primer momento, cuando se ingresa a otro lugar o se abre la puerta nueva no es gratis ni furtivo. «A las seis… A puerta cerrada» nos es; somos los rostros y las voces y los cuerpos del rito de iniciación de Romero, Jiménez Delgado, Torres, Sánchez Vargas, Flores, Garay, Pinedo. No somos. El dueño de mí no soy yo sino es el otro: ellas, ahora, esa otredad que persigue a doquiera. [RI] Escribe Herman Broch:
[..]el espacio intermedio entre el primero / y el segundo nacimiento; / el reino que permite / la sabiduría y la imaginación / pero no la decisión; / la esfera intermedia que es la de las palabras / y la de los versos, la del sueño más allá del / sueño y, por eso mismo, la meta de nuestra fuga / al país de la poesía [al país del arte]
Participar del mundo que se descubre ante ellas no es el mismo ante mí. Sin embargo, vivimos conexiones sensibles que se interponen, dialogan, sufragan. Nos hallamos en lo público de esa pequeña vida privada, devoramos el festín que han servido, intuimos que su vida fue y será…

lunes, 14 de septiembre de 2009

«Casi con certeza, dios no existe» en «God is not Great»

«La única posición que me deja sin disonancias cognitivas es el ateísmo. No es un credo. La muerte es inevitable y remplaza a la vez a las sirenas del paraíso y a las amenazas del infierno. La vida en esta Tierra, con todo su misterio y su belleza y su dolor, debe ser vivida intensamente: caemos y nos levantamos, estamos tristes, confiados, inseguros, sentimos soledad y alegría y amor. No hay nada más; pero yo no quiero nada más».

[Christopher Hitchens en The Portable Atheist]

martes, 8 de septiembre de 2009

Maleducar?

Me escribe Napoleón:
«El Colegio es muy grande,
nos levantamos muy temprano,
hablamos únicamente en inglés,
te mando un retrato del edificio…»

Ya no robaremos juntos dulces
de las alacenas, ni escaparemos
hacia el río para ahogarnos a medias
y pescar sandías sangrientas.

Ya voy a presentar sexto año;
después, según las probabilidades,
aprenderé todo lo que se deba,
seré médico,
tendré ambiciones, barba, pantalón largo…

Pero si
tengo un hijo
haré que nadie nunca le enseñe nada.
Quiero que sea tan perezoso y feliz
como a mí no me dejaron mis padres
ni a mis padres mis abuelos
ni a mis abuelos Dios.
[«El amigo ido» de Salvador Novo]

jueves, 20 de agosto de 2009

Del catálogo a la entrevista

Pintura recién cocinada y horneada en la muestra
«Una historia reciente»
  • Obra inédita del maestro Emilio Carrasco, interpretada por Edgar Adolfo García Encina
  • Soy el mismo creador, aunque invertí más años en un cuadro que en otro
  • La imaginación suelta mucho, pero me gusta más lo que transpira, señala

Bajo la idea de la mujer como concepto de fertilidad y, por ende, de vida, además de su implícito erotismo, el artista plástico Emilio Carrasco muestra en la Galería Irma Valerio de esta ciudad capital Una historia reciente, obra inédita en una de sus dos partes, en esta ocasión interpretada por el escritor Edgar Adolfo García Encina. [■] Compuesta por pintura “recién cocinada y horneada”, en palabras de Emilio, preparada exclusivamente para esta exposición, así como por piezas en grabado, esta muestra advierte, al igual que el resto de la obra de Carrasco, una semejanza a lo hecho por Adán respecto a Eva, según señaló en entrevista García Encina. [■] “Es seguir a la figura femenina. En toda su obra, Emilio persigue a su Eva o a su Lilith tratando de encontrar a la mujer perfecta, de ahí que en sus piezas plasme varios cuerpos femeninos”, consideró Edgar. [■] A eso último, este escritor lo comparó con la idea de la enseñanza del viejo maestro, pues “Carrasco no se complica y su discurso es fundamental; consiste en la figura, el amor por el cuerpo y el deseo por la mujer”. [■] Como apuntó Carrasco en la entrevista conjunta, el proceso en su trabajo sólo ha sido pintar constantemente mujeres desnudas; cuerpo-mujer: “deseo más que buscar”. [■] Dentro de ello, señaló imaginarse a la mujer real, y el resultado en la pieza de arte es una transfiguración de un objeto real, por lo que no pierde composición ni naturaleza reales o naturaleza esencia, aunque sí naturaleza visible.

Lucidez y dolor físico
Y agregó Edgar: “cuando se ve a la obra de Emilio se ve a un pintor en distintas etapas. Sigue trabajando con lucidez y muchas de sus obras reflejan el dolor físico o las preocupaciones por medio de los colores; distintos tonos revelan al espectador las circunstancias de este autor. Y sólo con la experiencia logra Emilio las curvas que pinta”. [■] Al respecto de la realidad en sus obras, opinó: “antes de ser visibles, sus obras son música y bailan, de modo que poco falta para que sus colores desprendan melodías. Los tonos hablan de lo que él cantaba cuando pintó; son cantos de noche, de día, enamorados o tristes”. [■] Añadió que al ver este tipo de trabajos no se requiere de intelectualizarlos; sólo se trata de ver cómo bailan y musicalizan. [■] En ese sentido, consideró que precisamente una de las diferencias entre esta obra reciente –de pintura- y las anteriores de Carrasco son los colores, los cuales “cantan distintas melodías”. Asimismo, en lo que respecta a sus grabados, logró en ellos perfecta nitidez, libre de errores. [■] En ese tenor, Emilio advirtió: “toda obra es hermana en un 98 por ciento de sus genes. La única diferencia son dos, que son los monos, como ocurre en el caso de los seres humanos. Sin embargo, somos personas”. En ese sentido, apuntó: “somos los mismos, soy el mismo creador, aunque invertí más años en una obra que en otra; en una fueron 32 años, los que tengo como pintor. Así, son 98 por ciento de los genes más 32 años de experiencia”. [■] Y prosiguió: “esencialmente son lo mismo; la única diferencia entre una y otra es que una se pinta con el cuero más arrugado”, y sonrió. [■] Siguiendo con esta comparación entre obra y ser humano, indicó, no obstante, que la obra no es un objeto vivo: “prefiero a la mujer de carne y hueso. La imaginación suelta mucho, pero me gusta más lo que transpira. Siempre he reconocido la diferencia entre un cuadro y algo que está vivo; jamás me jugaría la vida por el arte. Siempre he sabido diferenciar muy bien entre el arte y la vida. Nunca pondría en riesgo mis circunstancias. No soy mártir; estoy harto de Van Gogh o Frida Kahlo; los mártires son sólo un discurso”. [■] En ese contexto, planteó: “mi obra es un tributo a la vida. Son los frutos de la vida”.

Vida y muerte
Por su parte, Edgar indicó: “Francis Bacon –pintor anglo irlandés dedicado a la figuración expresionista- era un pésimo pintor, porque cuando terminaba una obra borraba todo lo que había alrededor de lo que había pintado. Su discurso está relacionado con lo que dice Emilio, acerca de que normalmente el artista expresa que el arte es la vida o que el arte es la muerte”. [■] La reflexión de Emilio es clara, es decir, el arte es algo que está entre la vida y la muerte, pero no lo es todo, sino sólo una forma de vida que le da plenitud, como sucede con una buena comida, añadió. [■] Así –dijo-, Emilio es un artista, pero no de 24 horas; es más humano. Es artista cuando se trata de su obra y en otro momento es padre de familia. Emilio es más humano que artista; es un gran hombre. [■] Al término de esa declaración, intervino Carrasco: “siempre he dicho que para ser un gran artista primero se debe de ser una gran persona. El gran sentido de la ciencia y de las humanidades se dirige al hecho de servir al ser humano”. [■] Así es como su creador y un escritor sintetizan y valoran a Una historia reciente, exposición que incluye óleos sobre tela de la serie titulada Estudios de Figura –más un número distinto en cada pieza-, así como grabados en técnica de xilografía denominados Tejedor de Recuerdos. [■] Dichas creaciones permanecerán en la galería citada hasta finales del mes en curso. [■] Cabe señalar que como parte de la exhibición, fue editado un catálogo, publicación que en este caso desnuda la historia de Carrasco y recomienda, mediante él, a sus colegas que den a conocer su obra con este tipo de impresión. [■] En este catálogo conviven dos formas de pensamiento, la de Carrasco y la de García. Se trata de un único texto y de dos creadores, de un artista plástico y un crítico; dos visiones que concilian pero, como señaló Carrasco, no son las mismas. La tercera parte está representada por la galería donde esta obra se exhibe. Así, todos tienen una responsabilidad, lo cual le complace a Emilio, quien afirmó finalmente: “no me gustan los textos anónimos porque denotan irresponsabilidad”

Fuente: http://www.lajornadazacatecas.com.mx/?_f_=getIndiv&id=22674

Texto de Araceli Rodarte.

lunes, 27 de julio de 2009

Words are not the word

[les mots ne sont pas la parole]

Es como si yo, al haberme dedicado a la literatura, hubiera utilizado todos los símbolos sin comprender en realidad su significación. Ya para mí no tiene una importancia vital. Las palabras han dado muerte a las imágnens o las han escondido. Una civilización de palabras es una civilización malsana. Las palabras crean la confusión. Las palabras no son la palabra... El hecho es que las palabras no dicen nada, si se me permite expresarme así... No hay palabras para las experiencias profundas. Cuanto más trato de explicarme, menos me comprendo. Naturalmente que no todo es imposible de decir con palabras: únicamente la verdad desnuda. [Ionesco en su Diario]

jueves, 23 de julio de 2009

El último día: los tiburones

Pues bien, el último día aparecieron los tiburones. / Aparecen unas aletas negras, inocentes / como para precavernos. El mar se vuelve / siniestro, ¿están en todas partes? / Créeme, dejan una estela de seis pies. / ¿No es éste el mismo mar, y ya no jugaremos / en él como antes? / Me gustaba claro y no / demasiado tranquilo, con suficientes olas / para levantarme. Por primera vez / me había atrevido a nadar en lo hondo. / Vinieron al atardecer, la hora / del mar calmo con un brillo de cobre, aún no muy oscuro / para que hubiera luna, aún / bastante claro para verlos fácilmente. Negra / la afilada punta de las aletas.
[Este poema se debate la paternidad-maternidad entre Ted Hughes y Denise Levertov]

jueves, 16 de julio de 2009

Pregunta escencia-L

Yo, que soy profesor y para quien la literatura, la filosofía, la música y las artes son la materia misma de la vida, ¿cómo voy a traducir esta necesidad a conciencia moral concreta de la necesidad humana, de la injusticia que contribuye en tan gran medida a hacer posible la alta cultura? Las torres que nos aíslan son mucho más que coriáceas que el marfil. No conozco ninguna respuesta convincente.
[George Steiner en «Los disidentes del libro», Los logócratas]

martes, 7 de julio de 2009

Prolegómeno lectural a Gabriela Suárez del Real (2de2)

[Actos de Fe en los conjuntos sensoriales]
II
Escribió José Juan Tablada:
La luz no parpadea,
el tiempo se vacía de minutos,
se ha detenido un pájaro en el aire.
Es una lectura lenta, para la voz alta, que debe hacerse en soledad y recordarse en los momentos de hastío. Los ritmos internos de cada palabra tiene una melodía lenta, casi eterna; como un largo, estruendoso trombón en un solo que alarga la nota haciéndonos sentir la agraciada vida en el auditorio. Luego, en su línea está el concierto total: el principio, el fin, los descansos, las tomas de aire, las vueltas de la hoja, la vestimenta, la batuta. El final es un momento lúdico, similar al de las orquestas cuando preparan la sonata y todos practican en su soliloquio y nosotros, desde nuestro tibio lugar, divertidos con los «do», «fa sostenido» o «re menor» que pasan ante nuestros oídos poseyéndose una a la otra. GSR Así «Un instante de silencio», «Sanando el alma», «Remedio para mi pena». Igual son conciertos lentos con inmarcesibles solos de chelo, de oboe y trompeta: sencillos, sutiles, austeros, simétricos, libres… El conjunto sensorial nos habla del detallado proceso de elaboración, una provocadora deleitosa para la contemplación. GSR «Vetagrande» es el canto Pazciano:
Somos fantasmas.
Aquí nadie es real.
¡Nadie ni nada!.
La desnudez adánica de la artista porque no oculta su procedencia, su amor al cielo que la baña de noche: si buscáramos una obra que dijera de dónde proviene la creadora, ésta sería la respuesta. Es su estado paradisiaco, un mundo de revés, irrepetible, milagroso. GSR Los actos de fe con los que Gabriela Suárez del Real pinta son estadías, momentos de respiro. Sí, pintora chick y zen. Una provocación al dilettanti y un ceño al colega.

lunes, 6 de julio de 2009

Prolegómeno lectural a Gabriela Suárez del Real (1de2)

[Actos de Fe en los conjuntos sensoriales]
I
Existen cosas en la vida que no pueden ser menos que actos de fe. La imposición a la pérdida o huir de lo sin nombre, el deseo indeclinable o la búsqueda en el olvido, el reflejo en la mirada ajena o la ambigüedad de todo pensamiento, por ejemplo. La experiencia se conforma, en muchas ocasiones, sólo por recuerdos; deslices fugitivos en la memoria descifrables únicamente por el sentir que se retroproyecta sinnúmero de veces sobre nuestro cuerpo: morfología tutelar de las musas. Esa lección, vuelta en pericia por el dolor y el llanto o por el placer y los orgasmos, es nuestra, a pesar de encontrarse limitada por el lenguaje que nos llama está ahí, innegable: eso es un acto de fe. GSR Los actos de fe tienen el valor de forjar aleaciones que se ligan al cuerpo. A Odiseo el anhelo de abrazar a Telémaco, su hijo, y hacerle el amor a Penélope, su esposa, lo llevaron al encuentro con reyes, dioses, seres mitológicos; a resistirse de Circe, la hechicera, o sobrevivir del viaje al mundo de Hades para consultar al ciego Tiresias. Su acto de fe no era razonable; era [es] sensible. En «Laguna de rocío» Gabriela Suárez del Real pinta al oleo una pequeña barcaza que se tambalea entre el azul profundo y el negro mar de la superficie. Barcaza roja que parece izar las velas caídas en la tormenta nocturna, anuncio del grisáceo día velado por el sol. La obra es la suma de la Odisea. En el detalle está la narración, la odiosa partida, la anhelada espera, el dolor de furtivo, la paz anhelada. En el espacio está quien la cuenta y cómo la cuenta, el verbo hablando, respirando. GSR La obra de Gabriela Suárez del Real tiene una categoría especial. Su discurso parece sintetizarse en sucinto lapso para dar tiempo al hábitat limítrofe. Su lectura parece sencilla porque, al estilo de la filosofía zen en la estética de los haikú o haikai, contiene una palabra clave que musicaliza la obra en su totalidad. Sin embargo, la complicación de su obra radica en la aceptación de su neutralidad hermética y el acometimiento provocado en sus colores centrados en su «verbo motivante», el centro impulsor de su trabajo. GSR «Pasión al alba» musicaliza el poema de Liria Miyakawa:
Líquida noche,
dulce tamborileo
sobre los sueños.
Tres elementos en cada verso que Suárez del Real traduce de la armonía para su elemento pictórico, con fijada esencia e individual finca. Es una infrecuente creación para Suárez del Real porque acumula y desprende: el centro es un epicentro, el ciclón fundador.

miércoles, 24 de junio de 2009

Memoria Universitaria o el Quehacer del Recuerdo [3de3]

[Mesa Revuelta]
En una de las salas altas del teatro «Fernando Calderón», a la que hay que llegar por medio de escaleras destartaladas y abriendo viejas puertas chillonas, se encuentra una de las dos mesas revueltas de Fidencio Díaz de la Vega: uno de los objetos artísticos más representativos del primer cuarto del siglo XX en Zacatecas. A un costado de otra escalera, esta de madera, se haya cubierta por un plástico y papel que hace las veces de protector contra el polvo, la resequedad, el calor: tiempo. [MR] Tallada con sobriedad y embarnizada en rojo nocturno, aunado a la delgadez de sus cuatro piernas, sorprende por su resistencia. El cuerpo total sobrepasa, quizá, los ochenta centímetros de largo y el metro de alto, pero cuando las puertas que custodian la vidriera se abren, quizá alcance los ciento cincuenta centímetros de extendido. En su interior, la vidriera que hace las veces de escaparate resguarda las papeletas delartista, en la que se descubren desde hojas sueltas que dan fe de la historia nacional, a ejercicios para la buena letra, ensayos de dibujo u otros elementos particulares. [MR] La mesa revuelta de Fidencio Díaz de la Vega, más que una propuesta artística que bien podría verse como un ejercicio vanguardista, es una práctica lúdica. El objeto representa por sí mismo una especie de «cápsula del tiempo» que encuentra las herramientas básicas de trabajo del creador o el itinerario fundamental para el ejercicio docente. Mesa revuelta que da fe de la labor e idea solaz del que fuera uno de los primeros maestros de pintura en Zacatecas. [MR] Alguna vez escribió Jorge Luis Borges que «uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que lee». Esta frase bien la pudo acuñar Edmundo O’Gorman con algunos cambios sutiles: «Uno no es lo que es en el presente, sino por lo que está consciente que fue por su pasado». Para la mesa revuelta, uno no es el hoy sin reconocerse en el ayer. En el cuidado del arte, como en el de las palabras.

martes, 23 de junio de 2009

Memoria Universitaria o el Quehacer del Recuerdo [2de3]

[Tiempos velados/develados]

Hay palabras que existen de siempre; que fueron concebidas en los momentos sin tiempo haciéndose grandes, poderosas o temerarias; que viven a costa de las manecillas del reloj o esperan el embrujo que las reviva del olvido. Prevalecen, también, palabras que nos son propias, de feudo significativo individual dado ya por la cultura, ya por la tradición, ya por la familia, ya por experiencia vivencial. De la misma forma que poseemos el lenguaje gozamos la vida; lo que el destino dio, provee y devendrá… Al recorrer ese puente el ayer es tan propio y ajeno como el hoy o el mañana. Somos, ergo, por la tradición y la novedad. [v/d] Así como existen palabras que deben cuidarse, también hay tiempos que deben velarse/develarse. Recuerdos, acciones, individuos que custodiarse, violando la ignorancia, el polvo o la estulticia. Guerras perdidas, lecturas somnolientas, amores conquistados que no presenciamos, no obstante nos conforman. Parafraseando a Octavio Paz, los ojos, los sentidos, la memoria al ver, al sentir, al recordar esto o aquello, confirman la realidad de lo que ven, de lo que sienten, de lo que recuerdan, tanto como su propia realidad. Reconocimiento mutuo: me reconozco en lo que reconozco, en lo que digo, en lo que veo, en lo que recuerdo. [v/d] En ese auto reconocimiento la memoria hace su trabajo. Por ejemplo, digamos «Fidencio Díaz de la Vega». Un hombre que ignoramos lugar, fecha de nacimiento y muerte; sin embargo sabemos fue un extraordinario maestro de pintura y director en lo que fuera entonces el Colegio San Luis Gonzaga, luego Instituto Literario de Zacatecas. Estamos, por así decirlo, al corriente de su formación en las ciudades de Veracruz y México y su llegada a esta entidad, además de su labor en la serigrafía, publicidad y más. Intuimos que sus alumnos le tuvieron gran aprecio y murió en la capital de nuestro estado, no sin dejar escuela y muestra de su purista trabajo.



[Por espacio, no subo toda la argumentación, sin embargo dejo la referencia del Catálogo. Pinacoteca del Poder Judicial del Estado de Zacatecas de José Enciso Contreras]
Uno de los retratos de Santos Degollado y el de Ignacio Zaragoza, fueron ejecutados por don Fidencio Díaz de la Vega. Aunque su obra alcanza una excelente calidad, sólo existen actualmente en Zacatecas algunos de sus cuadros, precisamente en la universidad donde se conserva su memoria. [CP] Tras haber permanecido cerrado durante dos años, el 1868 reabrió sus puertas el Instituto Literario de Zacatecas, intitulado ya como Instituto Literario de García. Fue en ese año cuando probablemente Díaz de la Vega llegó a Zacatecas a hacerse cargo de la cátedra de dibujo. Se distinguió por su notable trayectoria educativa, pues fue prefecto del Instituto, vice-director en 1873 y posteriormente su [bis] director en 1874. La tradición universitaria le recuerda por su bonhomía y actitud paternal con los estudiantes; sabemos que fue autor de una considerable obra pictórica que sin embargo ha sido poco conocida. Un retrato de este personaje se conserva en la pinacoteca de la Universidad Autónoma de Zacatecas, al igual que una de sus dos mesas revueltas. [CP] Hasta ahora no se había consignado que Fidencio fue durante muchos años alumno de la Academia de San Carlos y trabajó directamente bajo la dirección de Pelegrín Clavé. No hemos averiguado la fecha ni el lugar de su nacimiento, pero es muy probable que haya muerto en esta ciudad de Zacatecas. [CP] Su obra fue prolífica y todavía a principios de la década de los 60 del siglo XX, se conservaban varias de sus piezas en las colecciones de la Escuela Nacional de Bellas Artes, heredera de la Academia de San Carlos, que fueron catalogadas por don Manuel Romero de Terreros. Las obras son de varios tipos, como correspondía a la que producían los estudiantes en el proceso de su formación. [CP] Por ejemplo se han enumerado sus óleos, copias de otras obras: una Virgen de Belén, copia de P. de Cortona; Piernas de un ángel, copia de Podesti; El divino Salvador, copia de Flores; [bis] [CP] Óleos originales del autor: El apóstol Santiago, el Menor; Santiago Apóstol; Media figura de Abraham; San Sebastián; Juan Guttenberg; Juan Sancio enseñando a pintar a su hijo Rafael –siendo éste quizá el más reconocido de sus trabajos-; San Miguel venciendo a Luzbel y, finalmente, Las tres Marías en el sepulcro del Salvador.
De cualquier manera, su presencia en la vieja escuela de San Carlos debe ser anterior, pues en la fecha que hemos anotado, sus destrezas no eran precisamente las de un novicio. En pintura y dibujo del natural obtuvo don Fidencio dos menciones honoríficas en 1854, y al año siguiente consiguió, por un par de cuadros premiados, la pensión de la academia y un tercer lugar en la clase de desnudo tomado del modelo vivo. Fueron varios los reconocimientos similares que recibió el pintor durante su estancia en la academia, la cual se extendió, por lo menos, hasta 1857.

Seminario de Literatura Mexicana