martes, 16 de marzo de 2010

en la radio sobre la web

Esta charla inició una semana atrás. No fue convencional o, en un mejor sentido, no estuvo apegada a los parámetros tradicionales de comunicación interpersonal. Para llegar aquí no hubo que concertar una cita en tal o cual lugar; no hubo que marcar al teléfono del otro o utilizar los mensajes por celular; no hubo que conectarse al mensajero en línea. Para llegar aquí la necesidad de vernos los rostros o de escucharnos las voces fue eliminada con apenas dos o tres líneas e imágenes propias que ahora son del uso global. Marco concertó con Salvador y su servidor el estar aquí por el facebock. Y más aún, si la tecnología a nuestro alcance nos lo hubiese permitido, es altamente probable que tampoco estuviésemos acá, hablando a este micrófono que hace las veces de oídos multiformes… Estoy seguro de que hubiésemos hecho una especie de cyber charla, dejado el trabajo de edición al profesional; así nunca más vernos los rostros. Ahí hay una posibilidad infinita que la tecnología o, por este sentido, la red nos lo apremia. @ Sin embargo, la web está por pagar sus deudas. Aun cuando ya es posible portar grandes cantidades de información o enromes bibliotecas en apenas un espacio físico de 15 por 20 centímetros y media pulgada de ancho, los avances tecnológicos siguen teniendo enormes deudas, por lo menos en cuanto al expresión artística se refiere. Por ejemplo: en el siglo XIX, con la aparición de la fotografía, la pintura y la escultura se enfrentaron al reto de diversificarse. El resultado fue una propuesta interesantísima en la utilización de incontables materiales que provocó enormes obras de arte. Así, el nacimiento y expansión de la fotografía, que ahora es cliché, devino en revoluciones pictóricas, sobre todo, pariendo artistas aún intraducibles: enormes seres bajados del Olimpo sólo para pintar, llenar de colores una base y volver a su lugar. Es similar el espectro con la internet o cualquier sentido digital o tecnológico. Puedo ir a los mejores museos del orbe; visitar las propuestas más novedosas de las galerías más renombradas; pasearme entre los mundos novedosos del arte, todo con mi cámara de incontables megapitzeles y sin embargo nada está cerca ni al 0.05 por ciento. Sólo será una fotografía. La perfección de los colores, el borde de las tallas, el espectro de la obra se queda halla, quizá robe algo, minucias, pero en el recuerdo: la imagen no lo carga. Esa limitante, del tamaño del universo que se expande, es lo que separa a la fotografía del gravado, por ejemplo. Ese ejemplo se traslada a casi cualquier forma expresiva: los lectores lo dicen contundentemente. Leer en luz multicolor no significa leer en papel; la tangibilidad del acto es un espectro indeleble. En lo personal, en la tercia de blog’s que administro, cada uno con sus diseños individuales veo esa enorme necesidad de ofrecer la realidad espiritual de… La tecnología, la era digital, pues, va más allá reconocer el mundo en una pantalla con medidas estándar, de la velocidad del servidor, de la imaginación del navegante; va, también, por otros rubros, unos mágicos a los que sus creadores o modeladores han dejado para acicalar la fría bebida en el bar.

lunes, 8 de marzo de 2010

Emulado Prometeo [2 de 2]

Δúo
Mario Martín del Campo (1947; Guadalajara, Jalisco) es uno de esos prófugos. Viaja al Olimpo para, en total sigilo, asir algunos objetos. Sin embargo, en su categoría de hombre desconoce los secretos, las palabras mágicas, los toques de vara, que le permitan conducirlos intactos. En/por esa limitante lo que nos muestra son los bosquejos, las ideas, las imágenes de lo que allá para que acá imaginemos cómo, para qué… En esa transición de viajero de mundos se convierte en artista. Es un pasaporte sellado con algunas garantías; así como Dante volvió de los «otros lares» para narrarnos con tinta solipsisma lo que su incrédula vista sobrevoló, de la misma forma Del Campo lo hace; lo que nos trae no son noticias catastróficas o laderas goteantes de sangre sino los juguetes y las visiones divinas de nuestra inspiración. [/¨\] Sus figuras son representaciones del mito central: la ley que guía la rueda eterna del flujo de las cosas –alguna vez escribió Heráclito-. Los dioses no juegan a los dados, es verdad; sus entretenimientos son complejos, animados, estridentes… Alcanzar la imagen, penetrar en la retina del espectador, hacer ver al mortal de esto requiere que Del Campo se ocupe en madera, aluminio, policromadas y óleo; en tela, lino, plata o vidrio; sobre acero, laca y tinta litográfica; con gouache, latón, plata ébano; sobre tallas en caoba, papel en loso, relieve, dibujo y papel de cuatro caras; en bronce, mixta, sobre huevos de avestruz o fósiles de caracol y cochinilla y en encáustica con óleo. [/¨\] «Los poetas [y los artistas] nos han transmitido sus mitos, pero, ¿qué interpretación le daban ellos? Una incógnita» Las creaciones Del Campo lo evidencian: es un ladrón del Olimpo, un hombre que ha robado los juguetes, efigies apócrifas eternales. Una segunda cuestión, no menor, es saber si no ha sido descubierto o goza del albedrío de Zeuz, que quizá divertido ve en nuestras miradas el estruendoso asombro que nos tiene en el cuerpo. Sus imágenes fantásticas, en escultura, grabado y pintura, fueron diseñadas ex profeso. En nuestra moral humana objetos sin sentido que se desdoblan en su universo propio; a la vista pasan ociosas de función definitiva para los dioses. Algunos parecen retratos de insectos, animales fantásticos, de tamaño medio que parecen jugar, observar, meditar por este mundo aún confuso. [/¨\] El Prometeo que encarna Mario Martín del Campo trajo imágenes oníricas cargadas de teatralidad, en una propuesta varia que va de la pintura al dibujo; por la escultura a el arte objeto. Es probable que pueda ser parte de la construcción de este incompleto mundo; un artista-niño que hace figuras afanosas de espíritu o elementos animados que recobran del sueño en las tinieblas de la noche para jugar, vivir. Son en los museos, en las galerías, en los hogares, el re-ánimo de nuestros espacios agotados de hastiada sempiterna vida cíclica. Sus dibujos y pinturas son lugares limpios, divertidos y libres. Limpios, porque la pureza de sus colores no destella mancha alguna. Divertidos, porque juegan sin estar quietos, en su eterno andar trazan informes iconografías hablantes; primero en su interior luego entre nosotros, con nosotros, a nosotros. Libres o no; viajes inconclusos, juguetes robados que sin mecanismo son inanimados e intermediarios ahí-acá.

martes, 2 de marzo de 2010

Emulado Prometeo [1 de 2]

Hablo de un quieto recuerdo que sostiene al mundo.
Hablo de ábsides y naves, de estructuras demudadas
que sostienen el hilo del aliento.

Patria es un lugar tan lejano –exacto- construido por los ojos.

Hablo de la voracidad del viento y pregunto por la historia de mi rostro.

Hablo de un espacio:
Baño de espuma donde lilas asoman su amor a lo largo de la espalda. Abrigo de agua, ejercicio de materna estancia con que cubro el cuerpo: suave palabra que guarece al ángel de Betania.

Buan en «V», Imperio

έѵα
Luego de que Prometeo robara el fuego sagrado; a pesar de su tortuoso final inacabado, los emuladores proliferaron. Cientos de seres, semidioses, héroes u originales entes desearon o intentaron un acto símil: robarle a los dioses sus pequeños secretos para donarlos a la humanidad. En el simple trance lograrían trasponer su nombre en la enorme constelación de hechos valerosos, logrando la presencia en ambos mundos. En el Olimpo: un ladrón, un traidor, un desarraigado que violó sus propios designios creadores. En Gea: la muestra grata del libre albedrío y la nostalgia por la valentía sacrificante. Poco les detuvo conocer la dolorosa, implacable, venganza de Zeus y los suyos; fue insuficiente la importa dada a la estaticidad del encarcelamiento; pobre fue la atañiduría por deambular dolorosamente con las vísceras expuestas. [><] A diferencia de Prometeo muchos ladrones no han sido castigados con el mismo vigor o ni siquiera solventado pena alguna. Quizá viajar a los mundos de Hades; quizá revelar las traiciones o asesinatos entre Titanes, Dioses, semidioses y humanos; quizá explicar el funcionamiento mágico de la ciencia; quizá descubrir los secretos intrínsecos del arte, quizá desenmascarar los efectos desvelados de los sueños, no tengan el mismo peso delictivo como el hecho primero… Acaso nada más grave e inquietante; acaso la altitud exegética que la luz en la obscuridad; acaso nada más temerario que la posibilidad de ver las sombras a la espalda en la entrada cavernaria, acaso ahí la fuerza del rayo, de los mares, del universo, de las posibilidades infinitas

viernes, 26 de febrero de 2010

domingo, 17 de enero de 2010

La IMAGEN DE la memoria o LOS RETRATOS de la guerra [2 de 3]

La fascinación por lo exótico o Carl Nebel, las guerras y la sociedad

Carl (o Karl, según referencia) Nebel forma parte de un grupo de europeos que fascinados con la idea de «las Américas» promovida, en el siglo XIX, por el barón Alejandro de Humboldt llegaron para crear, contribuir y/o establecerse por ciertos periodos de tiempo en algunos países del novo continente. De esa atracción los avenidos viajeros produjeron sin fin de obras, en casi todos los planos culturales y humanísticos. _____ Prueba de ello son las cincuenta litografías, dibujadas no todas a color, del «Viaje pintoresco y arqueológico [que hiciera] sobre la parte más importante de la República Mexicana, en los años transcurridos desde 1829 hasta 1834» éste alemán. Sin embargo, el terminado fino de las impresiones, se afirma en el número 15 de los meses de octubre-noviembre de 1996 de la revista México en el Tiempo, se realizaron en los talleres parisinos de Lemercier, Bernard y Compañía, y de Federico Mialhe y hermanos. Cabe el apunte de que estos no sólo son los nombres de los –quizá- mejores grabadores franceses del siglo XIX, también estamos hablando de los epígrafes de los talleres litógrafos mejor equipados y avanzados del tiempo. _____ Aunado a todo lo anterior, varias láminas las trabajaron Arnould y Emile Lasalle, trabajadores del taller de Bernard y Frey. En otras intervinieron Cuvillier, para la arquitectura, y Lehnert, para las figuras. También, debe anotarse que no es un caso único; artistas de ambos continentes recurrieron a tecnología y conocimiento no habido en el continente. Otro de los litógrafos a los que el autor recurrió –excepto este caso- fue A. Jolly, en Viaje pintoresco sobre la parte más interesante de la República mejicana, en los años transcurridos desde 1829 hasta 1834, París-México, 1840. _____ En un primer acercamiento a estas litografías hallamos una mirada interesada por los colores y la convivencia social. Para el caso de estas líneas la docena de trabajos debe traducirse, en ese básico atisbo, como un viaje lúdico por el cerco nacional que el autor construye o un leve movimiento cadencioso para/por enamorar a la vista que se ahoga en las aguas decimonónicas del mito nacional.

viernes, 15 de enero de 2010

La IMAGEN DE la memoria o LOS RETRATOS de la guerra [1 de 3]

Carl Nebel y el retrato litógrafo en el México decimonónico
La guerra entre los Estados Unidos y México es una extraordinaria obra publicada cuatro años atrás por el museo «Soumaya», con «motivo de ciento sesenta años de la batalla de Buena Vista (22 de febrero de 1847)», escribe el curador Héctor Palhares Meza. La elegante edición, comentada por d. José E. Iturriaga Sauco (México, abril de 1912) e ilustrada por Carl Nebel (Alemania, marzo de 1805-París, junio de 1855), es un selecto adelanto a los festejos de bicentenario independentista. _____ Doce litografías con gouache y acuarela que enmarcan las batallas «de Palo Alto en Tamaulipas» (Batle of Palo Alto), «de Buena Vista en Monterrey, Nuevo León» (Battle of Buena Vista), «del Cerro Gordo» (Battle of Cerro Gordo), «de Contreras» (Battle of Contreras, «Assault of Contreras», inscripción manuscrita), «de Churubusco» (Battle of Churubusco), «del Molino del Rey» (Battle of El Molino del Rey) con los ataques «al Molino del Rey» (Attack upon The Molino) y «a la Casa Mata» (Attack upon the Casa Mata), «El asalto de Chapultepec» (The Storming of Chapultepec) con los ataques «de Pillow» (Pillow’s Attack) y «de Quitman» (Quitman’s Attack), las tomas «de Monterrey» (The Capture of Monterrey) y «de Veracruz» (The Capture of Veracruz y/o «Bombardment of Vera=Cruz», inscripción manuscrita) y «La entrada del general Scott a México» (General Scott’s Entrance into Mexico). _____ Los años de elaboración de las piezas oscilan entre 1847 a 1855 y 1847 a 1851, en tamaños que van de obra, o como dice el trabajo «mancha», de los 28 x 35cm., de 27.3 x 42.7cm., y de 27.3 x 43cm., y en el papel de 45 x 60cm. Impresos por Lemercier, en París, Francia. La docena llevan las inscripciones «Boyot lith», al centro, y «Entered according to act of Congress» («Dado de alta de acuerdo al acto del Congreso») a la derecha o izquierda indistintamente. Firmados, así, por «C. Nebel fecit».

martes, 5 de enero de 2010

Searched Playa Salamanca
En la vida conocí mujer igual a la flaca
[...]
Por un beso de la flaca daría lo que fuera,
Por un beso de ella, aunque uno solo fuera
Jarabe de Palo en La flaca
De pronto apareció una escena que me tenía en un camino bicéfalo: por un lado el analítico o frío, por el otro el carnal, por ende morboso. Decidir la postura no me fue fácil y continúa no siendo sencillo, aún cuando redacto estas líneas. La sinopsis advertía: «Al ganar un viaje para dos personas a un paradisíaco lugar llamado Playa Salamandra, Marina (Cecilia Suárez) descubre que no tiene con quién compartir su premio, por lo que decide invitar a Víctor (Enrique Orreola), un completo desconocido. Juntos descubrirán que para enamorarse no importan los escenarios idílicos ni las situaciones perfectas; si no existe la complicidad necesaria para amar, no habrá forma de mirarse a los ojos con amor». __________ Es obvio que no tendría por qué sentirme ofendido: el estilo en la redacción de este género jamás alerta de las imágenes trascendentales de filme alguno. Sentarse en la sala del cine después de leer esa pequeña anécdota de predicciones vagas no resguarda de nada en lo absoluto: pueden aparecer actos infantiles desgarradores, cruentos disparos que hagan volar partes humanas o sinuosas olas en un mar tan apacible que harían ver el paraíso bíblico como una vieja cantina maloliente. Estar en las butacas del salón con esas mínimas admoniciones no indican que se verán cafeterías u hoteles, viajes a un planeta en una galaxia conflictiva o hayan cortos que me recomienden tal o cual producto. __________ ¿Para qué diablos anotar eso de que para ser amantes es necesario la previa complicidad? Con una frase así, Saramago pudo escribir otra de sus dulces novelas o Pérez Reverte proferir una serie de insultos a la inteligencia lectora con el tradicional «me cago en la cabeza de cristo». Y, sin embargo, ver encuerada [que no desnuda] a Cecilia Suárez, en su papel de Marina, presta al coito en un estado semi frígido, devastador para una mujer entrada en años, que debe abrir las piernas para dejarse penetrar por un casi desconocido Víctor, actuado por Enrique Arreola, no tenía caso de espera. Sabía que ese par tendría que hacer algo carnal. Esperaba una escena en otro motivo, con distinto sentido; quizá más rosada, con leves temblores o miedos reflejados en los movimientos de las manos al recorrer el cuerpo ajeno. Pero no. No fue así. __________ Respeto el trabajo de los demás. Aún cuando sea malo, a pesar de que deje a desear, no lo critico. Guardo el comentario y listo: secreto a la tumba. Pero entre Ernesto –director- y Carlos Contreras –guionista- lograron que el cuadro fuera a otro filme: leer la imagen propone otra obra –tema para otro texto-. En fin. Me detuve en otra cosa. Preferí los detalles en el cuerpo de ella. Decidí conscientemente rentar la película para volver a ese momento; quería ver los pormenores de la textura corpórea de la señora: la piel, los huesos, la carne. Como carnicero, ver los cortes, devastar cada lugar y seccionar, seccionar, seccionar... __________ Luego, la busqué en el mundo real. Sigo buscándola. No porque quiera penetrarle como Víctor o busque la muñeca sin alma: cero colores, cero aromas, cero ánimos de llevarlo al éxtasis. La busco por un capricho de tocar las costillas. La busco por un capricho de rosar la piel perfecta. La busco por un capricho de saborear todos los rincones. La busco por un capricho de encontrar la diVa que me pierda el corazón.
- ¡Corte! No queda, seguimos mañana. Estoy hasta la madre –agotado.

viernes, 1 de enero de 2010

Hugo-Sheldon


Los idus de agosto

[…]tu, eva, además de sufrir todas las incomodidades del embarazo, incluyendo las náuseas, también parirás con dolor, y, pese a todo, sentirás atracción por tu hombre, y él mandará en ti, Pobre eva, comienzas mal, triste destino va a ser el tuyo[…]
Estaba sorprendida consigo misma por la libertad con la que le había respondido al marido, sin temor, sin tener que elegir las palabras, diciendo simplemente lo que, en su opinión, el caso requería. Era como si dentro de sí habitase otra mujer, con nula dependencia del señor o de un esposo por él designado, una hembra que decidía finalmente, hacer uso total de la lengua y del lenguaje que el dicho señor, por decirlo así, le había metido boca adentro.
José Saramago en Caín

La vista que tuve de la escena fue espléndida. Cerca de H, a unos sesenta o setenta centímetros, y alejado para ver lo que sucedía a su alrededor. Las miradas se posaban todas, completamente, sobre él. Ninguno de los presentes dudaban en quitarle de encima momento de atención; de hacerlo perderían un instante de esos que ya casi no existen. Un par de compañeros de la universidad lo acompañaron; un ritual que los hacía cómplices obligados a toda lealtad. Casi místico, el tiempo se le detuvo en los dedos, entre las manos. Ahora que lo recreo pienso que en su ensimismado momento no escuchaba ni el viento, ni el ruido, ni los leves balbuceos ni nada, nada. Todo consistía en abrir ese paquete. Lo hacía con temor, prudencia, esmero, con cualquiera de esas palabras que se designan para abrir algo que debe-requiere ser abierto con el mejor y el mayor de los cuidados. Sacó despacio su nueva, «de paquetito», notebook: negra, con ese olor que tienen las cosas nuevas, le fue quitando toda envoltura y poniendo y ubicando los implementos sueltos que debería llevar incrustados. Querido lector, deberá pensar que esta lectura es ociosa y/o cansada, pero es de vital importancia reproducir en la imaginación de cada uno de nosotros este hecho porque ahí se encuentra la clave de estas letras. El hecho de abrir ese paquete intimó con rompimientos y enfrentamientos de maneras casi milagrosas para él y su madre, para el y su historia generacional, para el y nadie másLa golpiza recibida fue tremenda. El médico recomendó una medicina que era, por el lugar donde se encontraban, inconseguible: no habían formas «civilizadas» de llegar a la capital y eran costosas, además. Así que con ungüentos y algunos trucos de medicina tradicional la mujer pudo recuperarse al tiempo. Sin embargo, la paliza había valido la pena. Ahora su señor, ese del que el cura habla y en las pláticas de la parroquia dicen se debe obedecer porque es palabra divina, tuvo que aguantar: ella había decidido y, a pesar de los golpes, había ganado. Sus palabras fueron más fuertes y contundentes que los puñetazos de su esposo en el rostro. -No, dijo ella. No puede ser. Él tiene que irse. Para eso es la vida. No, dijo alzando la voz. No puede quedarse. No puede conocer sólo esto: tierra, resequedad, vacas; un campo que siempre está triste y el sol parece encaprichado en quemarnos. No, tratando de calmarse. No dejaré que se quede: debe irse, intentarlo. Quizá nunca, después de un tiempo, vuelva. Ese será el mejor pago.- Su señor no respondió. Los puños se alzaron para castigar primero la boca, luego cualquier parte del cuerpo. Cuando H trató de controlar la situación la tormenta se desató: también fue paleado, con puños hechos mazos y duros puntapiés. No se defendió. Su objetivo era quitarle ese monstruo de encima. Él era quien se iba, el debía pagar la cuota, H tendría que soportar ese calvario, porque así es, así debería ser… Ese pequeño objeto sintetizaba una o mil luchas llevadas ahí. H había decidido irse a la capital, a estudiar, con un sinfín de precariedades y retos por cumplir. Así que la notebook era abrir no un premio obtenido por una beca secreta… Ojos que brillaban, como cuando la espera ha sido tan larga que ese premio, ahí, es casi increíble, imposible de saber que fue así… Digo antes que fue un ritual cómplice porque sus compañeros universitarios lo habían incitado a violar otra regla: la de enviar el dinero de la beca al pueblo, donde su padre la recibía para embriagarse. Esta ocasión los meses de ahorros se fructificaron con la adquisición. H no ignoraba que esa transgresión tendría nuevos altos costos: estaba dispuesto a pagarlos. Así que mirar la computadora reproducía un leve, apenas leve, movimiento de los dedos, nervioso y eufórico y tenso… Yo, desde aquí no tendría que tomar acto del hecho: cómplice espero su vuelta con los ojos morados.

martes, 1 de diciembre de 2009

El mundo [a los 6 años]

Dios todavía no ha creado el mundo: sólo está imaginándolo, entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.
«El mundo» de Augusto Monterroso

martes, 24 de noviembre de 2009

Era 1925 cuando...

[«The gold rush» (1925)]
Aquí otra vez, los labios memorables, único y semejante a vosotros. / He persistido en la aproximación de la dicha y en la intimidad de la pena. / He atravesado el mar. / He conocido muchas tierras; he visto una mujer y dos o tres hombres. / He querido a una niña altiva y blanca y de una hispánica quietud. / He visto un arrabal infinito donde se cumple una insaciada inmortalidad de ponientes. / He paladeado numerosas palabras. / Creo profundamente que eso es todo y que ni veré ni ejecutaré cosas nuevas. / Creo que mis jornadas y mis noches se igualan en pobreza y en riqueza a las de Dios y a la de todos los hombres.
[Jorge Luis Borges,«Mi vida entera» en Luna de enfrente (1925)]

domingo, 8 de noviembre de 2009

Correspondencia respondida

Estimado Edgar:

Gracias por tomarte la molestia de reflexionar sobre mis palabras. Me interesó mucho la forma en que planteas la cuestión. En el salón, con tus alumnos, sentía que de muchas maneras estabamos de acuerdo. También sé que igualmente, en varios puntos estamos en desacuerdo. Lo podríamos plantear así, con Schopenhauer, al que también citas en tu ciberepístola, la obra tiene varias dimensiones, algunas de ellas se corresponden al ámbito del sentido --podrían ser aquellas que se refieren al aspecto objetivo de la experiencia, para citar ahora la Crítica del Juicio, de K.--, se pueden desplegar ahí varios sentidos, comentarios, pueden ahí arrancar las interpretaciones ---esta dimensión podría ser llamada, de acuerdo con el mismo Schopenhauer, exotérica. A partir de ahí, o de golpe, podría suceder la reconducción hacia el grado esotérico de la obra. Empleo aquí esotérico no en un sentido sobrenatural, sino schopenhaueriano --y está bien, adorniano--: el fondo de la obra es su no-hablar, más allá, su inhumanidad: la compasión del arte para con el hombre reside precisamente en eso, en su ser in-humano, no-humano, en el sentido de Lyotard y en cierto modo también en el de Ortega y Gasset: el sentido del arte es interrumpir el sentido, si dicha experiencia, la estética, es conducida al sentido, entonces la experiencia queda extinta. Iba a decir algo ahí, en la sesión, un poco todavía más provocador y polémico, el sentido de la experiencia de la obra de arte es tautológico (lo ha dicho Kosuth, pero yo no lo digo como Kosuth): el sentido de la obra de arte... eso está mal planteado! (claro eso pienso yo), el sentido de la experiencia estética es la experiencia estética, el sentido del análisis es el sentido del análisis de la experiencia estética, pero no la experiencia estética. Los conceptualistas (por eso digo que no lo digo en el sentido de Kosuth) querían un arte que girarara lingüísticamente, como la filosofía, un arte que se pudiera reducir a la idea de la obra de arte. Kant opina que lo bello artístico place sin concepto, creo que acierta: silencio sapiente, o hiato del sentido, este es el hiato: lo que interrumpe el discurso, aunque, estoy de acuerdo contigo, lo interrumpe con un canto, o con un ruido, o un aullido. La refracción al sentido, la experiencia de separación del principio de razón, de la explicación, del Conocimiento, el detener el mundo (y nuestro mundo está hecho de palabras --Paz-- esa casa del ser --Heidegger--) es la tarea del arte, según el mismo Schopenhauer. El otro decir, lo otro del decir, lo que no es reducible a la palabra: incluyo las artes literarias como receptáculo de ese silencio. No quería entonces decir que la interpretación, el análisis, etc., pertenciera a il dolce far niente, al contrario. He aquí la paradoja, a ese silencio se llega --en el arte-- a partir del sentido, ese silencio no es anodino, es un punto de resistencia de frente al mundo articulable. Ese silencio no tiene una sola temperatura, no tiene un sólo valor. Podríamos decir que es insípido, pero no anodido. Podríamos decir que es abúlico (según el propio Schop.), pero no cómodo. No a modo del sentido. Es la actividad más peligrosa de todas. La escucha. Una quote de Ch. Simic: la poesía es un orfanatorio del silencio. Finalidad sin fin, dice Kant, exageremos: significación sin sentido; pero lo sin-concepto incesantemente indecido. Palabras no domesticadas por el sentido. Entonces el trabajo del crítico es árduo, no más fácil, no más sencillo, no consistiría en decir: "amigos, dense cuenta de que esto no quiere decir nada"; al contrario, eso quiere, y eso quiere indecir el más indeterminado de los algos. cuando es así, pero no cuando no.
Nuevamente un saludo afectuoso.
PD. Considero mi postura precisamente, una postura. No puede ser por tanto una postura académica, sino una decisión.

Seminario de Literatura Mexicana