
Blog académico que mira en la literatura, la historia y la cultura principalmente mexicana, a través de ensayos, reseñas y archivos, al tiempo que explora temas como la memoria, las bibliotecas, los lectores y la investigación crítica editorial.
viernes, 15 de julio de 2011
Metástasis al trazo solitario

viernes, 10 de junio de 2011
Apuntes cercados: la dolorosa humanización del arte
http://www.red.enfocarte.com/articulo_detalle.php?idarticulo=951&idcategoria=15
La línea del origen y los destinos en la crítica
[1]Gus Van Sant, director, Mike Rich, guionista, Finding Forrester, EUA, 2000. [2]Cfr. Alberto Caeiro [Fernando Pesoa], «XIII» en El guardador de rebaños. [3]José Ortega y Gasset, Madrid; 1833-1955. [4]José Ortega y Gasset, «Impopularidad del arte nuevo» en La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, México, editorial Porrúa, colección «Sepan cuántos…», núm. 497, 2007, p.10. [5]Francis George Steiner, París; 1929. [6]Cfr. George Steiner, Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento, traducción de María Cóndor, México, editorial FCE-Centzontle-Siruela, 2007. [7]Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, Alemania; 1775-1854. [8]Friedrich Schelling, Sobre la esencia de la libertad humana (1809) citado como epígrafe las Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento de George Steiner. [9]Cfr. Sonia Viramontes Cabrera, «Prólogo» en Sofía Gamboa duarte, Travesía del arte contemporáneo en Zacatecas (2006-2010), México, editorial Conaculta-IZCRLV-Gob., del Edo., de Zac, 2010, p.9. [10]José Ortega y Gasset, «Sigue la deshumanización del arte» en La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, México, editorial Austral, 2008, p.68.
miércoles, 20 de abril de 2011
[los] Juegos de artificio
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los juegos de artificio?
martes, 12 de abril de 2011
Carmen Alarcón, los mundos que se disputan
lunes, 7 de febrero de 2011
Con un mal prólogo...

Escribir-Leer un prólogo es trazar, apenas, 90 o a lo más 180 grados de un círculo que, eventualmente, nunca será. Su redacción-lectura suele estancarse en la indeterminación, como palabras salvadas o eufemismos evadiendo las potencias reales de la intención. O, por el contrario, son consejos necesarísimos de un mapa que guían por senderos, ríos y montañas, llevando a la búsqueda de tesoros reconocibles en cada indicio prescrito. Paradigmático. Bicéfalo. Yuxtapuesto. Escindido. Su estudio o pasada-de-largo se basa, en lo fundamental, en las pretensiones lectorales; los tiempos, las formas, los individuos, el contexto, las necesidades. Escribir-hojear un prólogo exige complicidad; es participar en la inmolación de un «buen hombre de dios» formando una hermética triada. Uno, el que prologa: ata la dinamita al cuerpo de otro al momento que dispone los efectos detonantes. Dos, el que escribe la obra: sacrifica su cuerpo -que no su alma-, expiándose. Tres, el que lee: verifica que uno y dos ejecuten su labor para luego, en voz de quién sabe qué dios, ande predicando la palabra y los porvenires a impíos. Sin embargo, el círculo o la tríada quizá no consigan trazarse por completo porque en el tercero se impone el capricho de/en cerrar la rueda o verificar la oblación. Ahí uno de los misterios de los libros, prologados o no.
Quien lee un prólogo espera las recetas, los comentarios médicos, las ilustradas admoniciones, que llevarán por una lectura suave, con los menores riesgos, sin raspaduras, salvándole de los mayores daños, de las graves caídas. Quien redacta un prólogo codicia llenar tales expectativas y, al tiempo, pasear las manos, igual que un mago, para tapizar los resquicios aguardando al infortunado caer en las trampas de las que no puede/debe ser prevenido. Quien escribe la obra sólo desea la presa con avidez. Sigiloso. Ansia ver caer a sus lectores, hincharles los ojos con imágenes, ahogarlos en situaciones inesperadas, desahuciarlos en momentos transitorios, sacudirlos con fórmulas retóricas hasta arrancarles la cabeza, exprimirles como naranja el espíritu y luego soltarlos, para, en su divertimento, verles caminar, sin rumbo, trastabillando por la paliza de sus palabras. Nadie gana. Nadie pierde. Todos esperan. La simbiosis es contranatura, de lo contrario al nacer lo haríamos con un libro, no una torta, bajo el brazo –primer principio-.
Otra de las impiedades de redactar un prólogo es escribir el prólogo de una obra literaria. Ya en las catástrofes mundanas está que leer-escribir es formar parte de un gueto, peor aún es hacerlo de/para la literatura. En la historia de la lectura, en las publicaciones censuradas la literatura es la reina, una creación demoniaca vista a los ojos de todos los sistemas. Ergo, redactar un prólogo de un arte censurado, formado por Shaitán mismo, conlleva una gris tragedia de la que nadie se atreve hablar. Son líneas que habitan una especie de limbo entre-el-bien-y-el-mal, sin ser Caronte. Es tinta, que en la búsqueda por redimirse, alienta a no leer la obra maldita a punto de leerse o envía las almas, sin remedio, al sufrible infierno donde todo es indescriptible -como la pasión, los orgasmos y el vino- pues ahí están las vidas que nunca nos fueron, pero deliciosas les cobijaron nuestras miradas. Así, el prologuista literario vive un purgatorio per se, servidumbre en el limbo que gustoso decora con ideas entintadas.
Maldito autor. Maldita, doblemente, la obra. Maldito el prólogo. Maldito su lector. Excomulgadas sus palabras. Condenadas sus ideas. Castigados sus personajes. Rechazadas cada una de sus líneas. Miserables sus mundos ficticios. Son la vista frente a un espejo que sólo refleja la pared a nuestra espalda, estigmatizando su proterva invitación. Inculpados todos. Y, en la lista de los castigos el mayor será para el prólogo y/o prologuista. Hay de él si no está a la altura de la obra y/o del autor. Menesteroso su espíritu de no poseer la eficiencia de/en los trucos del creador que presenta o desdichada su alma cuando su anunciamiento no rellene la grandilocuente esfera del arte. Seducir. Desnudar. El merolico que a la entrada del burdel augura el mejor sexo, las pieles más suaves, los labios más prístinos-carnosos, las manos más delicadas… Choro mareador, que deje sin habla sin aliento, sin oportunidad a cerrar las páginas.
jueves, 2 de diciembre de 2010
De los maestros del cine mexicano (2)

Si quieres mirar mis cartas
tienes que pagar por ver
Martín contesta sereno
te apostaré mi mujer
tenía una mano segura
sabía que no iba a perder.
Los tigres del norte en «El tahúr»
martes, 16 de noviembre de 2010
De los maestros del cine mexicano (1)

Sin lectura misógina/feminista
Debí tener no más de ocho años cuando me enfrente a una de las realidades más frías y exactas de la vida. No fue por un discurso de mi padre, los abuelos o el tío sabelotodo. Tampoco mi madre tuvo que ver, ni lo hallé en alguna lectura, menos pude escucharlo de alguna plática de adultos en la calle. Fue en el cine; en una de esas funciones matutinas a las que los padres nos llevaban los domingos; pagaban el ticket, en la entrada daban algunas monedas para caramelos o palomitas de maíz y proporcionaban instrucciones para el comportamiento dentro y fuera. No recuerdo bien a bien la fecha, pero tengo claro que fue antes de cursar el sexto grado de la primaria porque para entonces ya me hacía un experto en el tema. ¶ En 1972, Rodolfo Guzmán Huerta (1917-1984), «Santo, el enmascarado de plata» se enfrentó a las mujeres lobas. Esa épica batalla la llevó al cine con la dirección de Jaime Jiménez Pons y las actuaciones de Rodolfo de Anda, Gloria Mayo, Jorge Rusek [sic], Federico Falcón, Eika Carlson, Nubia Marti y no sé cuántos más. Como en toda la filmoteca del ídolo; apareció con un auto descapotado de dos plazas en colores vivos andando por la ciudad o carreteras a velocidades considerables. No redactaré un abtract; el objetivo dista -además que es parte de la noción popular la anécdota-. Tampoco hablaré de la calidad de los diálogos, del trabajo de imagen, de los efectos visuales, de la moda del tiempo o de la intriga. ¶ Esa película, afirmo en las primeras líneas, me enfrentó a la fría realidad proporcionándome verdades innegables:
- que toda mujer, bonita o no, lleva un monstruo-bestia dentro, el cual es incontrolable e irracional,
- que para «enfrentárteles» es necesario ser de «plata»: ergo tener dinero, evidenciable en el poder adquisitivo (máscara de plata -no de barro-, autos de lujo –jamás un bocho-, casas suntuosas –nunca el depa en Gabilanes-) y otros detalles (poder pagar gimnasio para tener un cuerpo «descentre» en la batalla –nunca un flaco pelea y los gordos traen playeras que los ocultan),
- que «verbo mata carita», pues importa poco ser guapo («Santo» era tan feo que ocultaba su rostro) sino tener sus propias mañas. Una de ellas: demostrar seguridad en todo momento a pesar de que se vengan los chingadazos contra un montón de fieras y sea casi imposible salir librado. Otra de ellas: tener algo de excéntrico, en este caso la capa o pantalones ajustados o trajes de seda brillante. Una más: contar con el «toque impredecible», Santo «volaba» encima de ellas y tenía una voz ronca, bien perra –varonil aciertan los cánones de conducta-.
Aclaro, el film debí verlo en esas infinitas repeticiones, que fueron más de tres veces entre la matiné escolar y las tenaces duplicaciones en televisión. Aclaro, aumentando la lista, que, en 2012, de ser el primer Senador independiente en la República –electo no por sufragio sino por aclamación popular- llevaré como propuesta de ley que «Santo contra las mujeres lobas» deberá obligarse su reproducción por lo contundente de su enseñanza en las secundarias en la cátedra «Netas, amarguras y arte, a la que Samuel «el perro» Rodríguez propondrá un proyecto nacional –a su tiempo, claro está-.
jueves, 11 de noviembre de 2010
StanciaStarbuksSacatecas
viernes, 29 de octubre de 2010
Hollow Talk
Tomado, muy probablemente, con un celular, el video presenta más de trescientos mil pájaros reunidos en una hora indeterminada del día. El original dura apenas un minuto, con un cielo de fondo que bien puede ser el amanecer o el atardecer. De fondo se escucha el viento y en ocasiones algunas voces ilegibles. La imagen es una y mil; un baile entre las aves que a nuestra mirada crean formas para incitar la imaginación. Van, suben, parecen olas debajo las nubes; se esparcen, vuelven, bajan; se concentran, se poseen, el arrastre; son monstruos, se dejan, animal marítimo que se presenta multiforme. Hermosa maravilla a nuestros citadinos ojos, es la presencia innata del creador único de mitos que, a la distancia, nos muestra un río, algunos árboles lejanos y lo que puede ser una cabaña… Luego, en otro video se le ve reproducido cinco veces en «T.R.», con la música de Young Believer en «Hollow talk». La sinfonía es un todo diálogo; fusión sincrónica de/entre imagen y sonido.
sábado, 9 de octubre de 2010
Amargadeces de la limpieza bucal
martes, 28 de septiembre de 2010
Re-Neo-Costumbrismos
Max Hartshorne photoAmargedeces del celular
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De libros brujos Edgar A. G. Encina Este artículo fue publicado en la revista Crítica. Fondo y forma Susan en el quehacer ...
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Cynthia García Bañuelos y Edgar A. G: Encina. 2025. «Una geografía del espacio femenino. El mapa del cuerpo en “ ¿Dónde estás, corazón?” ...
