viernes, 22 de enero de 2016

Cinco temas que explica César Encina

Angel with trumpetCentury xviii,  South of Germany, Kettererkunst


El arte de la interpretación musical

Cinco temas que explica César Encina


Edgar A. G. Encina

Artículo publicado en el suplemento «Crítica. Fondo y forma».



El sonido del clarinete emula al canto de un ave y al de cien más; su hálito rodea al viento y apenas, casi como el chocar de las ramas de los árboles, es posible percibirlo. Sin embargo, cuando él toca solo la sala de conciertos entera parece flotar; liviana por ese sonido de terca libertad elegante, el clarinete y su intérprete le quitan pesadez al sonido. Este año he iniciado los cuestionamientos con César Tomás Encina Arroyo quien, en una extremis sinceridad, se ha puesto a escribir de la experiencia personal de ser concertista y maestro de música, de su eterna e inagotable búsqueda por la perfección, de las modas en los conciertos y en los oídos del que camina con los audífonos por las calles, y sobre todo ha acentuado el carácter formativo de la música que sensibiliza, humaniza.
Cesar Encina (Zacatecas; 1973), además de ser docente-investigador en la Unidad Académica de Música desde 1992, es el Clarinetista Principal de la Camerata del Estado de Coahuila a la que ingresó en 2000 y, en la ciudad, le hemos podido escuchar Orquesta Filarmónicade Zacatecas (ofilzacque dirige el maestro Alfonso Vázquez Sosa. Estudió la licenciatura en la Universidad Autónoma de Zacatecas, aunque ya había iniciado su aprendizaje con la Banda Sinfónica del Estado, y tomó cursos de especialización en la Escuela Nacional de Música de México.
César, que en abril de 2013 causó un gran revuelo con la entrevista que le hizo Janea Estrada para el suplemento cultural «La gualdra» de la Jornada Zacatecas, tiene una vida trajinada entre dos ciudades y plácida por estar siempre entre conciertos y sonidos para los oídos educados. y en una batalla que parece nunca verá el final. Lector, en las siguientes líneas encontrarás las palabras de un hombre que con tiento opina sobre música y cultura y, al momento, descubrirás reflexiones que denotan asertividad, sosiego, equilibrio.


·       Creatividad musical y creación en la interpretación
Una de las cuestiones que más mencionan, por lo menos desde hace dos siglos, es acerca de la creatividad o el alma de hacer música. Si partimos de las dos corrientes estéticas, donde una afirma que el músico, interprete o ejecutante, debe sujetarse a lo que “diga” la partitura, sin darse ningún tipo de libertades emocionales ni viscerales, y sólo debe basarse en las indicaciones del compositor, así como del estilo, siguiendo una línea en el formalismo musical y no en el idealismo romántico; en este caso la creatividad pasa a segundo plano, pero creo que no se debe encasillar al intérprete y mucho menos a la música (arte del tiempo). La creatividad va mas allá de un alfabeto musical, pues al combinarse ella el lirismo y la intuición, el ejecutante debe estar consciente de muchos aspectos al momento de hacer música. Desde que entra a una sala se piensa en la temperatura, la calidez de las luces, la silla misma, la altura del atril, la humedad o sequedad y, sobre todo, la acústica. Todo esto es un reto para el ejecutante; dominar y saber manejar lo anterior es clave para un mejor desarrollo del concierto y la fluidez creativa en ese único momento.
La preparación intelectual es de años, no basta cursar las materias institucionales; es escuchar y escuchar más música, diferentes versiones y conocer las diferentes épocas, compositores, directores, orquestas, solistas, etc. El estudio de la historia permite saber y conocer el por qué de las diferentes etapas de la música, de sus intérpretes, de las obras, ya que todo es un tejido social con fondo histórico. Todo esto respalda la creatividad y, más que ser un instrumento, el ejecutante se convierte en parte de ella, pues -me atrevo a decir- la interpretación se transmuta en una nueva forma de arte. Todas las artes temporales, como la música, requieren de la interpretación para vivir más allá del instante de su creación. La obra temporal debe ser confiada a un tipo de grafía que sea capaz de preservar su imagen, por eso lo que en un principio es una necesidad se convierte en una forma adicional de arte: el intérprete.
El intérprete necesita y tiene que leer la partitura, lo que se difumina son los límites prescritos y los personales, pues como parte de este sutil arte del tiempo, el intérprete siempre está influenciado por su personalidad, creando y dando vida a la obra. Filósofos y musicólogos de nuestro siglo refieren a que en la interpretación se encuentra la verdadera naturaleza de la música y que esta es esencialmente improvisación. La interpretación-ejecución es un acto creativo de improvisación; ese contacto de orden casi físico, instintivo con la obra musical, sus pausas, sus flexiones, el flujo melódico y sus vibraciones, no pueden ser escritas ni expresadas en la partitura, son hechos por el interprete que los vive física, mental y anímicamente. La partitura es solo un esquema a seguir para encontrar el equilibrio musical de la obra que difícilmente se podrían plasmar de manera gráfica, por eso es tan difícil hablar de creatividad musical.

·       Enseñanza musical, los retos de crear.
Se pueden tener estudios en pedagogía, pero lo que reafirma la manera de cómo enseñar música es la experiencia. Las generaciones no son las mismas, atraviesan por diversos cambios que determinan su proximidad con la música. El alumno no puede catalogarse sólo por querer estudiar música, lo determinan varios aspectos como la edad, los motivos, las formas de contacto, nivel socio-cultural y, sobre todo, las aptitudes. No basta con desear con toda fuerza ser músico sin las aptitudes para la disciplina. ¿O sí? Aquí entramos en otro dilema de años “¿el músico nace o se hace?” A mi consideración, el músico “nace” con aptitudes especiales que le permiten llegar a tener cierto nivel como ejecutante, con lo cual llegara a tener una vida activa y profesional; “se hace” cuando cuenta con aptitudes y actitudes suficientes que, mediante el estudio y la práctica, podrá llegar a ser ejecutante profesional. Pero, estamos hablando de música, una disciplina que combina tanto líneas metafísicas como matemáticas a las que el ejecutante debe sumar la propia singularidad en la expresividad de su intrínseca musicalidad, tema que no todos poseen, que no todos nacen con ella.
Como docente, busco en primer lugar motivar, pero no sólo a tener calidad como ejecutantes, también a que tengan los conocimientos humanos para crecer. Siempre insisto en la lectura, en escuchar música de manera consciente, a saber y conocer todos los aspectos de este oficio, siempre buscando calidad y no cantidad. Que sean ellos mismos los jueces de su desempeño, y que lo hagan consientes de sus habilidades, educación, familia y más. En la música hay que ser muy riguroso. Las necesidades y exigencias son diferentes en cada alumno, pues en todos hay variaciones en las metas y logros, con las que se va bosquejando lo que será su vida musical. Las bases son las mismas y del dominio individual del instrumento se decide la historia de su vida.

·       Crisis creativa.
Desde que se tienen reseñas de las primeras manifestaciones y producciones musicales, estamos hablando de la época griega, siempre han existido expresiones populares o no cultas. Dudo que la producción musical pase por una crisis. La música es reflejo del contexto histórico, siempre ha respondido a híbridos por qué y para qué, a diferentes necesidades en disparejas etapas históricas cambiantes. El compositor del siglo xvii obedecía a un oficio casi de manera servil, en cambio el compositor del siglo xix vivía la música de otra manera, donde el compositor y ejecutante no eran parte de la servidumbre. Sí hay producción musical, sin embargo la música contemporánea no es tan popular en las salas de conciertos que llenan cuando programan a los grandes compositores: Mozart, Bach, Beethoven, Hayden, Mendelsson, ect., de los que, recordemos, muchos de ellos no gozaron de reconocimiento en su época, como pasa con la música de nuestro tiempo. Recalco, el contexto social e histórico determina el acercamiento y producción musical de las diferentes sociedades.

·       Creatividad o des-creatividad desde la academia.
Un tema controversial en el enmarcado de los planes de estudio de nuestro país, es el lugar que debe de ocupar la enseñanza de la música. Primero, el plan de estudios que se implementa es una copia o varias copias de planes de estudios que no corresponden a la idiosincrasia del mexicano, esto ya determina el valor de las artes y de la música. Las clases de música en las instituciones públicas y privadas (en su gran mayoría) apenas cumplen con la responsabilidad de rellenar un horario y como no se tienen planes de estudio a seguir (sólo con que se cumpla al final de año se pueda interpretar “La oda a la alegría”) los conocimientos básicos son nulos. Es allí donde se enfatiza el perfil docente basado en la experiencia y capacidad para identificar posibles aspirantes a continuar su formación musical en una institución profesional, ya que los primeros años son determinantes en la consolidación como ejecutante. La música forma el carácter en el niño, le da un sentido nuevo a la disciplina y desarrolla sus habilidades intelectuales. Es decir, la educación musical en nuestro en etapas básicas no sirve de nada si se les entiende como tercer plano de la educación, por eso no existe un equilibrio en la música popular y de concierto, por eso no existe educación musical para asistir a la sala de conciertos, acentuando la premisa de que “la buena música no se hizo para las masas”, sobre la que se elaboran los planes de estudio en nuestro país.

·       Qué música en México
La música popular nunca dejará de existir, ni en México ni en ninguna parte del mundo. Siempre a existido y seguirá sonando, ahora que las maneras son distintas si se contrasta con otros países occidentales donde los niveles educativos y de formación permite un acercamiento más “equilibrado” entre estas las manifestaciones musicales. En México, el que escucha no tiene la suficiente capacidad de distinguir cuando existe calidad por la falta de educación, y no sólo hablo de música. Recordemos que la música es el reflejo de las sociedades, no basta con tener una orquesta con sede en cada capital estatal sin contexto sociocultural donde la población pueda aprender y valorar la música de concierto. Todo, hasta siempre, se resume a una sola premisa fundamental: educación.

·       Cinco conciertos que ver en Youtube para iniciar el año
Dances from Galanta de Zoltán Kodály con la Orquesta Filarmónica de Berlín y el solo de clarinete de Karl Heinz Steffens.
«Elpajarillo» por Jordi Savall en el álbum Hesperion xxi.
El llibre vermel de Montserrat dirigido por Jordi Savall
 «Quintetopara clarinete Op. 115, 1. Allegro», de Brahams.
«Concierto para piano no.2: Il Andante» de Dimitri Shostakovich.

sábado, 2 de enero de 2016

Lecturas que dejó el 2015

[Labyrinthe ii de Erik Desmaziéres (Rabat, Marruecos; 1948), 2003]

5 lecturas top del 2015 y otras que movieron


Afín a una tradición- ponderable o no-, este es el recuento personal de los mejores 5 lecturas del 2015.
  1. Petra Hartlieb, Mi maravillosa librería, España, Editorial Periférica, Traducción de Manolo Laguillo, 2015, 233pp.
  2. Octave Uzanne, El fin de los libros y otros cuentos para bibliófilos, Madrid, Trama Editorial, Traducción de Sonia Berger Bengoa, 2015, 181pp.
  3. Umberto Ecco, Número cero, España, Lumen, 2015, 224pp.
  4. Ewan Clayton, La historia de la escritura, España, Siruela, 2015, 400pp.
  5. Sergio Chejfec, Últimas noticias de la escritura, Jekyll & Jil, 124pp.

 Estas 3 también son top, aunque no todas editadas en castellano en el 2015,  aparecieron para renovar mi vigor imaginativo y amor por las letras.
  1. Arnold Bennet, Enterrado en vidaEspaña, Impedimenta, 2013, 292pp.
  2. Vicente Cervera Salinas, Panóptica¸ España, Ediciones Vicio Perfecto, 2015, 101pp.
  3. Jorge Carrión, Librerías, Barcelona, Anagrama, 2013, 342pp.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Ensoñaciones asaltadas por «Mi maravillosa librería» de Petra Hartlieb

Flowers and Christmas Tree, Bruce Yardley (British; 1962)
 


La novela y la vida que hubiera…

Edgar A. G. Encina

Artículo  reblogeado en La Jornada Zacatecas 
Articulo publicado en el Suplemento Cultural La Gualdra



Petra Hartlieb (Munich; 1967) ha escrito la novela que me hubiera encantado escribir. Sin misterios, el título atrae; me seduce Mi maravillosa librería. Sin misterios, el primer párrafo desvela el secreto que recorren sus 233 páginas:

Hemos comprado una librería. En Viena. Escribimos un email con unas cifras, ofreciendo una cantidad que no teníamos, y al cabo de unas semanas llego la respuesta: acaba usted de comprar una librería. Algo así sólo te pasa en eBay, cuando te dejas arrastrar y pujas más allá de lo que en realidad querías, como cuando a la niña se le antoja muchísimo el Lego de Harry Potter, y entonces vas y escribes esa cantidad y no aparece nadie, maldita sea, que ofrezca más. Y ahora hemos pujado, con un dinero que no tenemos, por una librería que está en una ciudad donde no vivimos. Y la hemos conseguido. ¿Y ahora qué? Pues ahora tenemos que apechugar con el asunto.[1]

Sin misterios. Ha escrito la novela con que me hubiere gustado presentarme como autor novel de ficción; con una narrativa suave y cautivadora, de relato ligero pero arrebatador, de tonos armoniosos y con una trama simple pero inteligente que me permitiera los juegos y las posibilidades de alguien que aspira a ser leído por un público de mediano a exigente que encuentre interesantes mis ideas y los juegos. Hartlieb lo ha hecho, se ha puesto por delante y, en sueños, me veo rebuscando en viejas libretas y antiguos apuntes, rearmando otra anécdota, repensando aquel posible cuento, imaginando una nueva historia.
¿Pero, se preguntarán, qué tiene de maravilloso que alguien escriba sobre una librería, a la que ha comprado –por cierto- siguiendo un impulso y no la razón? O, quizá, se cuestionan ¿cuál es la maravilla, si de librerías estamos fritos en referencias por cuanto autor estudiamos? No mucho. Bien poco, probablemente. Sólo es asunto de afinidad, de placer; de pasión. No mucho, pero en lo personal cuando este o aquel autor anota que en su biblioteca la luz del sol entra por poniente y sus libreros son de madera pintada en azul que ya destiñe, o cuando este o aquel autor dice que en aquella librería encontró el rostro del que quería que alguno de sus personajes se enamorara cuando la chica que le atendió le entregaba tal libro con unos enormes ojos verdes y grandes pestañas de las que parecían soplar fuertes huracanes, o cuando este o aquel autor recuerda que en el mercadillo su librero de toda la vida le sorprendió con aquella primera edición que sólo él sabe reconocer y valorar, o cuando este o aquel autor no sólo dicen las obras favoritas o que más le han influido, también dicen cuáles libros son; los recuerdan como si continuaran en sus manos, frente la vista y señalan la edición, el año, la portadilla y uno que otro detalle más; entonces, ahí es que ese no mucho, que ese bien poco, puede comprenderse.
Tal vez, quizá no mucho. Tal vez, bien poco puede ser. Pero, es la re-creación del goce, el placer solaz. Es una partida en la que todos los lectores alineamos; ya para defender, ya para atacar. Es una fiesta o pasatiempo o retozo o juerga, que produce este placer que nos agita y que nos detiene, que nos sacia o se nos posterga, descubierto, hace ya mucho tiempo, en los libros. Y, en esa librería maravillosa de Hartlieb late una aventura, a la Indiana Jones, de los libros que me hubiese encantado vivir y contarla «[…] pues nosotros amamos los libros (por no decir que somos unos locos de los libros), aunque no vaya absolutamente nada con nuestro tiempo, marcado por la obsesión de crecer y la borrachera del beneficio».[2]
Hartlieb no sólo ha escrito la novela que me hubiera encantado escribir, también ha llevado una vida que me embriagaría vivir. No es que se trate de un cuento de hadas, esos sólo los chicos majos los añoran; pero, se trata de un sueño, un ideal, un proyecto de vida. Si no escribir una novela que más de diez hayan leído y criticado, sí, al jubilarme de profesor universitario, poner mi librería, atendida a sol y sombra por mí y, aunque con una página web bien decente que juegue con las maneras de las revistas electrónicas, que mantenga el toque tradicional, donde los libreros sepan de libros, lean libros y les encante hablar de libros. Si no escribir una novela que es contar historias, sí ser librero de los buenos, de esos que saben de los libros que venden y cuentan historias; de esos que venden libros porque al leerlos quieren que lo lean sus cercanos y todos los demás. Si no escribir una novela, sí tener una librería; no un bar, no una cabaña en la sierra, ni una casa en la playa; porque mi vida sin libros no la veo, no la acaricio como se acaricia el cabello de la mujer que adoras o pasas los dedos sobre las páginas de esta novela que no he escrito, que me hubiera encantado escribir y que he disfrutado leer hasta la saciedad.




[1]      Petra Hartlieb, Mi maravillosa librería, Traducción de Manolo Laguillo, España, Editorial Periférica, 2015, p. 11.
[2]     Op. Cit. Mi maravillosa librería, p. 169.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Notas a "Los territorios del libro".

Mundillos insignificantes, los libros y afines
Notas a Los territorios del libro. Paradojos, aporías y desvelos  de Manuel Dávila

 
 (Dictionary Art Print, Vintage posters, Drawing, digital Ilustration, ideas, 
wall Office decro, home & Living, more, "Admiration for Bansky")

Artículo reblogeado por  Trama editorial
Artículo publicado en el semanario cultural La Gualdra, 225



  Edgar A. G. Encina



El límite no está marcado por la imaginación o por nuestra capacidad de discutir el tema, tampoco es visible desde la montaña más alta, ni ha sido posible dibujarla en obra cualquiera; Los territorios del libro [Trama editorial, 2015] por los que se pregunta Manuel Dávila Galindo Olivares (Ciudad de México; 1980) parecen ser engañosos. Próximos. Distantes. Similar al juego ondulante que crea una piedra al caer en el agua, la onda se aleja de la roca pero se acerca al sitio desde el que fue arrojada. Distante. La oscilación se aleja creando círculos cada vez más grandes, cada vez más tenues, cada vez más allá. Próximo. El curvilíneo arco se aproxima rápido, feroz, acortando las posibilidades hasta su arribo y -¡pum!- desvanecimiento, dejando un último rastro espumoso.
La obra tiene su propuesta. De entrada no ha caído en el acento académico-monacal de la mayoría de textos que abordan el tema del libro; sus actualidades y devenires, la era digital y las novedosas maneras físico-portables, los lectores antiguos y nuevos y porvenires. Es, a su manera, un giro. ¿Provocadora? Es posible, depende de los anteojos del lector. ¿Propositiva? Obviamente, aunque su lenguaje puede alejar al abrumado que juzgue ver en la informalidad los peligros del opinismo, como en los tertulianos de la tv.
Entonces, ¿cuáles son Los territorios del libro? ¿Si su marca no está diferenciada por nuestra imaginación o capacidad retórico-narrativa, dónde se trazan sus límites? ¿Qué está dentro? ¿Qué queda fuera? Preguntas esenciales que brincan aun sin tener en cuenta lo que ha escrito Dávila Galindo que en todo momento abraza la imposibilidad acechar lo que abarca. Ya porque «la red de bibliotecas públicas [al menos en Latinoamérica] es tan útil como un par de mocasines en un partido de hockey sobre hielo». Ya porque se suma lo sabido por todos, y es « que hace mucho tiempo que los lectores y las librerías andan [andamos] caminos distintos».
Decir que la mejor descripción que se me ocurre de Los territorios del libro es que es divertida y, a veces, desafiante, es algo pero no todo. Divertida por el acento de la redacción. Desafiante por las formas de plantear temas que de otra manera sólo interesan a los insignificantes mundillos del libro, y afines. Prefiero que una breve selección anote –sugerentemente- lo que no alcanzo a decir:
  •  «El futuro no está en Internet, eso seguro, pero la herramienta que moldeará el futuro sí es Internet».
  • «El verdadero trabajo del librero, y lo único que garantizará su existencia en el futuro, es la posibilidad de la venta sugerida, personalizada, arriesgada y con un alto índice de satisfacción».
  • «El conocimiento se ha vuelto cotidiano; me corrijo: el acceso a la información se ha vuelto cotidiano».
  • «Aprender a comprar es probablemente lo más arriesgado en la transformación de las librerías al futuro. Una librería que no tiene los libros que necesita tener es una librería condenada. O tal vez no».
  • «Si pudiéramos convertir al 10% de los usuarios de estas redes en potenciales lectores de libros, estaríamos hablando de florecimiento del libro como medio de comunicación masivo».
  • «Dejaremos el negocio de los libros y entraremos al negocio de los lectores».
  • «La librería del futuro no tendrá quizá libros, pero siempre será quien mejor los conoce, los entiende, los promociona. Extraño pensarlo, ¿no? Las librerías del futuro serán la traslación del pasado a través de la experiencia de un usuario que mutuará y nos marcará el paso para seguirlo a través de estos cambios».
  • «En pocas palabras, el gran problema de vender libros son los libros» (27)
  • «En realidad Amazon no está interesado en ser el asesino del libro físico: su verdadero negocio reside en darles las armas a las personas indicadas y esperar pacientemente a que éstas sean las encargadas de pegarle el tiro de gracia» (30)
  • «El libro no está destinado a la muerte, está viviendo la transformación, y la posibilidad de que esta transformación no permee cada centímetro del continente del libro es absurdo».
  • El contenido es la piedra angular del entretenimiento.
  • «El lector está harto de las librerías, está harto de los editores, está harto de ser el único que no se beneficia comercialmente de esta relación con el libro. El viejo argumento de «el libro vale lo que vale» los ha cansado, los ha enojado y ahora encuentran en los eTailers el arma ideal para cambias las reglas del juego».
  • «Al final, lo que tenemos que aclarar es que, en la dictadura del lector, todos somos una especie en peligro de extinción».

jueves, 26 de noviembre de 2015

Entrevista a distancia a Maritza M. Buendía

dEl encanto de la contemplación y el Movimiento
Entrevista a distancia a Maritza M. Buendía



The Painter’s Family, Henri  Matisse (Francia; 1864-1954), 1911


Edgar A. G. Encina

Artículo publicado en el semanario cultural Crítica. Fondo y forma.

No es la primera ocasión que me atrevo hacer públicas algunas líneas motivadas por el trabajo de Maritza M. Buendía (Ojocaliente; 1974). Sino mal recuerdo, esta es la segunda vez. La primera, años ha, fue a propósito de las masomenos 128 páginas de aquella Isla de sombras. Una aproximación a la vida y a la obra de Roberto Cabral del Hoyo, editada en el cada vez más lejano 1998. Este segundo momento es más bien oportunista. Le he pedido que responda a un breve cuestionario y me aprovecho para hacer la introducción.
Resistiéndose, Maritza se piensa las palabras, las lleva apenas; cada una puesta en su lugar, pensada un par de veces. Planeadas. Entablan un diálogo que huele a soliloquio interno. La imagino escribiendo como al viajero que prepara la maleta; ya pone un abrigo, ya quita las zapatillas para la lluvia, ya descarta un par de camisetas azules, ya se piensa si llevar un eléctrico como la secadora o hacer espacio para los souvenirs del retorno. No quiere demorar; es de ida y vuelta, es porque le han invitado, es porque ha dicho que sí, es porque se trata de cumplir. Planeadas. Aún, es un compromiso y se ha dispuesta seria a fraguar su narrativa; dispuesta la maleta de viaje, sabe a dónde va, a qué va y porque va.
Por otro lado, yo he esperado su arribo. Le leo subrayando algunas palabras; intento tejer a mi manera la urdimbre que ella aquí ha tramado. Deseo. Imposibilidad. Presencia de algo terrible. Algo que no se puede decir. Anhelo de ver el cuerpo desnudo. Dolor Abrazo amoroso. Cachetada: contundente. Expresar y sostener. Todas, elementos de viaje, llegan, se asientan, plantean una semántica que, lo menos, provoca.
Lector, dejo apenas estas líneas que no remarcan ni la inmolación del escritor ni el decir acallado del autor, pero que –muy a mi manera- presentan a M. Buendía, que sin escribir de política lo ha hecho contundentemente.

La imposibilidad de escribir poesía.
No sé si exista esa imposibilidad. Existe y no, ahí la trampa. Como el amor o el erotismo, o la llama doble de Paz, escribir poesía se relaciona a ese deseo, impulso o fascinación de querer tocar la llama a pesar del riesgo y la quemadura. La esencia de lo humano se representa justamente ahí: en el encanto de contemplar esa llama, en la tentación y la reserva. Luego, el deseo de escribir poesía existe siempre como imposibilidad, no hay alternativas. Como humanos, como seres imperfectos, el terreno de la poesía nos está vedado, es un espacio consagrado a los dioses. Por eso, de fondo, las palabras evidencian la presencia de algo terrible: aquello que no se puede decir, no porque no tengamos palabras para decirlo, sino porque no existen palabras para ello. Para una escritora como Inés Arredondo esa es la apuesta de sus cuentos: lograr que sus personajes ahonden en el misterio de “las sensaciones totales”, para Borges es “El Aleph”. Dentro de los mitos, es la sentencia que emite la diosa Diana cuando Acteón la descubre en el baño: “Ahora ve a decir que me has visto sin velo, si puedes hacerlo, yo consiente”. Y claro está, Acteón, voyeur, presencia lo sagrado pero es un simple mortal, y esa mirada tiene sus consecuencias, su castigo: Diana convierte a Acteón en un ciervo y los perros con los que él solía cazar terminan por devorarlo. A la hora de su muerte, convertido en bestia, de la garganta de Acteón no brota ningún sonido.
Toda verdadera escritura (independiente de la forma que la contiene: llámese cuento, novela, ensayo o poema) pone a prueba esa imposibilidad, esa falla implícita que tienen las palabras y que Acteón representa en el momento de su muerte. No obstante, eso no elimina la belleza del intento: el deseo de tocar la llama, el anhelo de ver el cuerpo desnudo de la diosa.

Narrativa poética o prosa poética.
Escritura. Los géneros se tocan, se mezclan, se confunden. Cuando se escribe, los géneros se nublan. No desaparecen, sólo se nublan. Entonces pesa más la libertad, el sentimiento gozoso de estar sumergido en la escritura. Sentimiento gozoso, placentero, más no por eso ausente de dolor, de conmoción. La escritura con-mueve porque el escritor se mueve con aquello que escribe. Es una invitación de brazos abiertos para que el lector se deje conducir por esa danza en una especie de abrazo amoroso. Como resultado, en la escritura pesa más la coherencia, la verosimilitud, el ritmo, el tono, es decir, la respiración del texto. La pregunta es la misma: ¿con qué aliento se escribe? La escritura y el deseo se asemejan, obedecen a una misma fuerza: movimiento, acción, riesgo, a pesar de su imposibilidad, de su fracaso. Ya lo dijo Eloísa: “Sólo se desea lo que no se puede poseer”. Y la literatura es generosa, sí, pero como nuestra mejor amante (como la única amante), es celosa y escurridiza, inatrapable. Acaso tan sólo regala la ilusión del cortejo. Y el escritor se rinde, claro que se rinde, el escritor se entrega de lleno a ese cortejo.

Temas tabú, temas de imposible trato.
La política.

Los favores del cuento. Las libertadas narrativas.
Un cuento debe ser como una cachetada: contundente, con toda la mano abierta, bien plantada. El artificio consiste en la suavidad con la que se percibe ese golpe, suavidad entendida también como asombro, pasmo, desconcierto. Sí, un cuento es un golpe que se recibe como caricia. Ahí su magia.

Escribir ensayo.
Creo que la narrativa y el ensayo parten de un anhelo, pero se diferencian por la manera como abordan ese anhelo. Surge una idea, un algo que se quiere decir a través de las palabras. La narrativa buscaría describir esa idea, crea personajes, escenarios, tiempos, ambientes, y todo ello se dispone al servicio de esa idea. De igual manera, el ensayo surge también de una idea, de algo que se quiere decir, pero, a diferencia de la narrativa, busca argumentar esa idea para ponerla a prueba, para sopesarla, para ver si se modifica o se mantiene. El ensayo busca la re-flexión, es un volver a para producir otra cosa, por eso se ampara de estrategias que lo ayuden a expresar y a sostener su pensamiento.

Cuentos y novelas, mitos. Y no precisamente en una tina.
·        El amante y El hombre sentado en el pasillo, de MargueriteDurás
·        Historia de O, de PaulineRéage
·        El baño de Diana, de Pierre Klossowski

·        Las Metamorfosis, de Ovidio.

Las tesis sobre la salud de Sigifredo Esquivel Marín


Tesis sobre la salud
15 temas dispuestos por Sigifredo Esquivel Marìn
 
(Monhegan’s Schoolteacher, Jamie Wyeth (EUA; 1946) 2000-04)
Edgar A. G. Encina

Artículo publicado en el semanario Crítica. Fondo y forma.

En la mesa de novedades el título despuntaba: El yoga como filosofía. Rodeado por otros más, éste era el único ejemplar que, además, llevaba un una nota agarrada con un clip que ponía «ejemplares agotados». De inmediato, llevado por el incrédulo morbo, pregunté al chico que atiende si era verdad la sentencia allí o era una estrategia de mercadotecnia. Le causo gracia. «No -aseveró como con burlona autoridad-. Ya no quedan más ejemplares. Los que han llegado se han ido. ¿Por qué todos dudáis?» Tenía razón y todos los que habíamos preguntado también teníamos cierto motivo razonado; era no dar crédito o no comprender cómo era que ese título era el único agotado en la librería de la Facultad de Filología. Junto a los Savater, los Eco y cientos otros; al lado de estudios del lenguaje, de la poética de tal o cual, de la historia medieval de aquel país o de las relecturas de ese personaje fundamental; ese era el único título agotado y ya es qué decir.
         Esta semana Sigifredo Esquivel Marín ha redactado sus «15 tesis sobre la salud» motivado por un breve cuestionario que le enviara días atrás. Creo que ha sido de los encuestados al que más sui generis -por ponerlo así- tema le ha tocado abordar y, a su vez, ha sido el primero que decidió tomar en cuenta lo que le cuestionaba pero irse por su propia avenida. ¡Bien aventurado! En sus palabras responde de mi intriga por aquel título agotado y exhibe como todo está a la venta, en grandes vidrieras luminosas. Si al inicio, lector, notas el tono psicoanalítico no desfallezcas; que al avanzar Esquivel Marín nos pone delante del cine como una ventana dolorosa de la dolorida realidad y nos lleva a sitios que nunca están de más dialogar.

         Aquí las «15 tesis sobre la salud»:

1.       La salud es un proceso integral autopoético que conecta individuo y entorno, y en tanto proceso integra la enfermedad, la vida y la muerte. Hoy que el mundo humano está enfermo, el individuo está enfermo; las enfermedades del cuerpo por más graves que sean no son sino síntomas que aluden a las enfermedades de alma. El alma de nuestro tiempo está gravemente enferma. Y esto no es ningún alarmismo pesimista, es la constatación del mundo en el que estamos inmersos.

2.      Hoy que no se cree en el espíritu ni tampoco en el alma, las enfermedades espirituales son las más graves, vivimos en un mundo desalmado. La banalización, la barbarie, la violencia, la estupidez son algunas de las manifestaciones de las patologías superiores de nuestro tiempo. La obesidad, la desnutrición, la anorexia y la bulimia, el estrés, las adicciones, representan algunos síntomas corporales de la devastación social creciente.

3.      La cultura New Age (y sus pócimas y placebos) ofrece un repertorio amplio de remedios para la infelicidad y carencia espiritual, pero los remedios no son sino vulgares remedos, convertidos en mercancías lucrativas; la espiritualidad como marca registrada. Las religiones portátiles y a la carta radicalizan el narcisismo posmoderno infantilizado.

4.     El sistema-mundo-capitalista se constituye como el horizonte de realización de la utopía más apocalíptica; la ciencia ficción es cosa de niños comparada con la hecatombe social y ecocida que se aproxima.

5.      Yoga y Meditación pueden ser dos herramientas de subjetivación existencial que permitan religar ser humano y mundo desde un equilibrio dinámico y orgánico, empero en sus prácticas modernas occidentalizadas enfrentan los peligros y desafíos de la cultura New Age y de la creación de burbujas higiénicas de cristal. No obstante ninguna propuesta con sentido de salud o armonía humana puede darse al margen de la re-conexión del individuo, la sociedad y el mundo de vida.

6.     El deporte en una sociedad sedentaria se convierte en un verdadero lujo, tener tiempo libre es la cosa más preciada por una sociedad hacendosa y competitiva que no hace sino matar literalmente el tiempo. El tempo de los antiguos nos está vedado a los hombres que tenemos un frenesí absurdo. La prisa de la hiper-modernidad va a tono con el hiper-consumo. Todo se vuelve hiper, incluyendo la vida misma que ahora es supervivencia. Somos sobrevivientes de nosotros mismos –al menos eso intentamos.

7.     El cine –según Deleuze, el arte de pensar radicalmente el mundo– describe mejor que nada el estado de devastación de la salud, la vida y la supervivencia humana contemporánea. El cine representa hoy las patologías humanas en su caldo de cultivo en crudo y al rojo vivo.

8.     Encuentro tres películas que dan cuenta de forma paradigmática de la condición humana en su coyuntura liminal extrema: Niwemang (Media luna) y Lâkpošthâ ham parvâz mikonand (Las tortugas pueden volar) de Bahman Ghobadi, y Saghâ-ye velgard «Perros vagabundos», titulada en español como «Los niños del fin del mundo», de Marzieh Meshkini son tres obras maestras donde el ser humano se confronta con situaciones limítrofes bajo un horizonte poético trascendente. A diferencia del cine occidental, el cine oriental que en la actualidad no deja de tener una fuerte influencia e intertextualidad occidental, aún tiene la potencia de mostrar detalles singulares únicos, discretos e intransferibles.

9.     Por lo demás la creación artística y literaria no ofrece respuestas de fondo a la crisis de sentido de nuestro tiempo; sus fórmulas soteriológicas de una religión laica son gestos bellos, trágicos, desesperados, retóricos e impotentes ante la devastación de sentido. Aunque la tragicidad de su belleza no deja de ser fuente discreta de sentido.

10.  La ausencia radical de sentido instaura la experiencia del ser contemporáneo. El mundo contemporáneo radicaliza la ambivalencia, aporía, contradicción, opacidad, fractura y quiebra indesmontables e infranqueables.

11.    Una sociedad narcótica es la otra cara de una sociedad neurótica que sufre pero es incapaz de aceptar el sufrimiento. La cultura del confort y la comodidad está en todos los ámbitos; el confort y la comodidad actuales alargan la agonía del sufrimiento.

12.   Si algo perjudica el lugar de ayudarnos, son los libros de autoayuda, que literalmente son libros de hetero-ayuda, pues nos dicen qué y cómo hacer las cosas, evitan la molestia de pensar por cuenta propia, empero sin malestar no hay pensamiento crítico. Prótesis físicas y mentales que nos convierten en inválidos intelectuales, autómatas consumistas consumidos.

13.   El arte de la sobrevivencia constituye una de las formas fundamentales de la existencia humana actual.

14.  La esperanza –como la utopía, como el horizonte– se presenta como alma en pena que se ausenta inmisericordemente. Darse el tiempo libre para soñar otro mundo compartido más justo forma parte de un proyecto de vida singular-plural que hoy da risa o bien da miedo, porque el superviviente no se reconoce en el rostro del otro.

15.   La vida humana aparece hoy como el gran tema y problema de nuestro tiempo. Pensar la vida es pensar la fragilidad esencial.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Breves notas a propósito de Los caciques de Carlos Arniches


De la rabiosa actualidad
a la Incolora campiña

Edgar A. G. Encina
Texto publicado el suplemento cultural La Gualdra, 222


 Hoy, en el metro, mientras me dirigía de la Universidad Complutense a Biblioteca Nacional, un par de chicos ataviados como los caballeros del dieciséis tomaron por asalto el vagón. No fue violento. No hubo armas de detonación, aunque sí muchas palabrotas. Uno detrás del otro, el par subió con talante mayoral; seguros de sí empezaron a dirigirse a uno u otro de nosotros provocando la atención, un poco temeraria y dubitativa, de los viajantes. Hicieron comentarios fortuitos, ya con una chica que llevaba una planta, ya con un joven que se escondía detrás de sus audífonos, ya con una mujer entrada en edad que iba de pie y mostraba su desenfado por ello. ¡Lástima! Esta historia hasta aquí llega. Mi parada llegó en el momento cuando uno de ellos, imperioso, gritó; ¿quién de vosotros ha votado al PP [pp.es]? Nadie levantó la mano. Éste volvió a piquetear; ¿cómo?, ¿de verdad nadie?, ¿cómo es esto posible, si es el partido más votado en las últimas elecciones? ¡Lástima!, de verdad que lo siento; apenas alcancé a ver las miradas burlonas de todos e intuía que el diálogo seguía más no pude adivinar si en contra o a favor de tal partido. ¡Lástima!, en un noviembre que recuerda la proximidad de las elecciones para renovar el Congreso Nacional Español y, con ello, la Presidencia, me hubiera gustado saber de qué iba esa rebatiña en esta ciudad que nadie pega cartelones de partidos políticos, ni nadie ofrece televisiones, despensas, cemento y dinero en efectivo a los pobres para que vendan su voto.
·o·o·
La estrategia es el humor; del abusivo que saca ventaja, del gobernante sin escrúpulos, del gandalla que fastidia al endeble, del terrorista en el poder que no deja escapar oportunidad para hacer sentir temor, del dictador venido a menos en ideales y a más en ambición desmedida. La estrategia es el humor; aun en novedad a pesar de que la historia relate infinidad de nombres que lo hicieron y sus múltiples maneras de llevarlo a cabo, desde que la Poética aristotélica (s. iv a.C) sugería que cada expresión en lo individual termina por valerse de una misma base emocional o la Francia de (Francia; 1544-1590), Molière (París; 1622-1673) y Racine (La Ferté-Milon; 1639-1699) que le explotó hasta instaurarle como estilo y moda, siempre recapitulando en las reglas clásicas. La estrategia es el humor, en la España desde que Lope de Vega (Madrid; 1562-1635), «el fénix de los ingenios», empleara el drama y la sátira en una literatura que ha terminado por genetizarse en el adn popular y que sólo hace un retrato elocuente, no esperpéntico, de una realidad que parece atemporal, siempre vigente.
Los caciques (1920), que abrió la temporada otoñal en el Teatro María Guerrero, se inscriben en todo lo anterior. Los Caciques, junto a La Señorita de Trévelez (1916), es la mayor obra de denuncia social del costumbrista, afirma el director Ángel Fernández Montesinos (Murcia; 1930) en una entrevista con Isabel Valdés de El Pais. La versión de este año es una adaptación del premio Ceres 2012 Juanjo Seoane y Montesinos que, afirman los lectores más avisados del dramaturgo Carlo Arniches (Alicante; 1866-1943), va en toda la línea del guion original, del cual es posible ver la versión cinematográfica que Tve produjo con la actuación de Pablo Sanz (Segovia; 1932-2012), Maria Luisa Ponte (Valladolid; 1918-1996) y otros -versión disponible en Youtube.
La obra transcurre en noventa minutos, sin receso qué ni falta hace. Es una estupenda crítica de enredo que emplea cambios básicos en el escenario, utilizando mecanismos para aparecer o desaparecer objetos y actores, y adornada con recursos mediáticos y tecnológicos para revitalizar la narrativa. La línea es sencilla: un viejo alcalde que lleva en la silla tanto tiempo como para jubilarse al que, en medio de ese placentero ambiente, le avisan de una amenaza próxima: Madrid, el centro, ha de enviar un auditor. Temeroso, el alcalde, revestido por Juan Calot (España; 1964), reúne a su equipo próximo para armar una estrategia que evite la auditoria o, en su caso, corrompa al auditor. En el camino para lograr sus planes se corre el tiempo con relatos humorísticos y disertaciones leves que siempre van con un tono próximo.
         Los caciques, que combina las actuaciones de actores de disímiles generaciones, cobra vigencia día a día; falta ver el titular de cualquier diario. Esos actores, que en los de mayor experiencia encontramos las mejores representaciones, contagian de una «rabiosa actualidad», según anota el programa que lleva de careta el almidonado cuello negro de una camisa y una corbata a rayas. El humor es la trama de fondo que soporta toda la historia, mezcla de francos relatos que se cruzan y confunden sin perdida. El humor es la trama de fondo que presenta la vileza, la estulticia y la corrupción, como características humanas que desde el asiento toman gracia. El humor es la trama de fondo, sin risotadas, a veces elegante que parece estar aplicado a este o aquel personaje de la vida pública.
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¡Lo había dejado pasar! Aquellos chicos que asaltaran el vagón del metro con su comedia política que ignoro sus fines, continúan paseando en los subterráneos del metro. Les he visto en otras vías. ¡Lástima! De verdad que lo siento, quizá a partir del 9 de noviembre, día de «La Almudena», hayan integrado a su guion el grito soberanista catalán dado desde la cámara barcelonesa. ¡Lástima!, porque acá las campañas políticas son aburridísimas e incoloras, a pesar de que sus personajes bien pueden llevar roja la nariz.

«Humorada de bibliófilos» en Blog de l'Escola de Llibreria de la UB

Esta semana el profesor Amadeu Pons i Serra , del Departamet de Biblioteconomía de la Universitat de Barcelona, nos comunica que en el Blog...